Hubo un tiempo en el que España era un destino que únicamente atraía al turismo de sol y playa, y mientras nuestras costas se llenaban de visitantes en verano, las joyas del interior apenas despertaban interés y seguían siendo desconocidas para el gran público. Pero las tendencias de los viajeros han cambiado y el siglo XXI ha traído un auge de otro tipo de destinos; así, se han ido asentando el turismo rural, el turismo verde, el turismo cultural… y, con especial fuerza en los últimos años, también el gastronómico y el enológico. De hecho, según el último informe sobre la Industria del Turismo Gastronómico 2020 de la World Food Travel Association (WFTA), el 53% de los turistas de todo el mundo elige su destino motivado por la cultura culinaria del país.

Sí, la cocina con raíces es un valor al alza, al igual que también lo es la cultura del vino. En este sentido, uno de los destinos que más interés está suscitando es el de Castilla-La Mancha. A sus pueblos con encanto, paisajes naturales con los más diversos hábitats o su gran oferta cultural, la comunidad castellanomanchega suma también una variadísima propuesta gastronómica y vinícola.

El Mirador de Alcalá del Júcar. (Turismo Castilla-La Mancha/David Blázquez)
El Mirador de Alcalá del Júcar. (Turismo Castilla-La Mancha/David Blázquez)

Una cocina con esencia y con sustancia

Uno de los primeros adjetivos que se nos vendrían a la mente para describir la cocina castellanomanchega es el de ‘contundente’. Sí, se trata de una cocina de sólidos cimientos, con arraigo, gracias a la cual podemos descubrir infinidad de matices de la historia y la cultura de la región.

  • El Quijote en cada quiebro. Una lectura de las peripecias del ingenioso hidalgo nos mostrará la tradición culinaria ancestral de Castilla-La Mancha. La Ruta de Don Quijote, declarada Itinerario Cultural Europeo, recorre las cinco provincias y ofrece más de 2.000 elementos de interés cultural. Vayamos tras los molinos, sigamos los pasos del caballero y de su escudero y disfrutaremos a lo largo del camino de una cocina de origen rural y pastoril. Así, en cualquiera de sus 148 municipios podremos reencontrarnos con los sabores de siempre en platos tan sustanciosos como las carcamusas de Toledo (guiso de carne magra con tomate, guisantes y salsa con un toque de picor); los duelos y quebrantos (un revuelto de huevo, chistorra y tocino de cerda o panceta, que don Quijote comía los sábados); las gachas y gazpachos manchegos; el morteruelo (guiso típico de Cuenca elaborado con carne de caza); el pisto, la olla podrida (similar al cocido); los zarajos (tapa de intestinos de cordero a la plancha o fritos con un chorrito de limón); el atascaburras (bacalao con patatas) o el ‘tojunto’ (guiso de carne y verduras).

Mojete de tomate. (Turismo Castilla-La Mancha/David Blázquez)
Mojete de tomate. (Turismo Castilla-La Mancha/David Blázquez)

  • Las mejores materias primas. Todos estos platos no serían lo mismo sin la deliciosa despensa ‘íntima’ de Castilla-La Mancha. Viajar por la región es la excusa perfecta para proveernos de sus especialidades: es el momento de comprar azafrán, el oro rojo de La Mancha, de surtirnos de los afamados ajos de Las Pedroñeras, las berenjenas de Almagro, la miel de La Alcarria, el mazapán de Toledo, el arroz de Calasparra o el aceite de los olivos que salpican toda la geografía de la región y que disputan el espacio a los viñedos.

De las raíces a las estrellas

Esta cocina de raigambre y tradición también se ha renovado. Castilla-La Mancha no es ajena a las tendencias gastronómicas actuales y grandes cocineros de la tierra han revisado las recetas de siempre para, respetando su esencia, actualizarlas y pasarlas por el barniz de la alta cocina. En este sentido, a principios de año se presentó una nueva marca, Raíz Culinaria, que, a través de la diversidad gastronómica, está potenciando el interés de los visitantes.

El Doncel. (Turismo Castilla-La Mancha/David Blázquez)
El Doncel. (Turismo Castilla-La Mancha/David Blázquez)

Son siete los embajadores de este nuevo sello, precisamente los siete chefs que han conseguido que sus restaurantes sean galardonados con una estrella Michelin.

  • Maralba, en Almansa (Albacete), con el chef Fran Martínez, el único dos estrellas de la región.
  • El Bohío en Illescas (Toledo), con Pepe Rodríguez.
  • Trivio, en Cuenca, con Jesús Segura.
  • El Doncel, en Sigüenza (Guadalajara), con Enrique Pérez.
  • El Molino de Alcuneza, en Sigüenza (Guadalajara), con Samuel Moreno.
  • Iván Cerdeño, en El Cigarral del Ángel (Toledo), con Iván Cerdeño.
  • Retama, en Torrenueva (Ciudad Real), con Javier Aranda.

Morteruelo. (Turismo Castilla-La Mancha/David Blázquez)
Morteruelo. (Turismo Castilla-La Mancha/David Blázquez)

Las creaciones de estos chefs son el mejor ejemplo de cómo una cocina puede al mismo tiempo mirar a las raíces y ser vanguardia. Son, así, el escaparate de una cultura gastronómica que respira tradición y modernidad y le da a la región el lugar que culinariamente merece. Y todo ello culmina con el perfecto maridaje que ofrecen los vinos de la región.

El mayor viñedo del mundo

A su recetario único, Castilla-La Mancha une también la sabiduría ancestral del vino. Entre sus cinco provincias están catalogadas más de una veintena de denominaciones de origen y pagos o de indicación Geográfica Protegida. Así, pocas experiencias gastronómicas son tan potentes como la aventura de recorrer Castilla-La Mancha tomando como eje sus viñedos y bodegas. No en vano, el cultivo de la vid y la elaboración del vino es una de las principales señas de identidad de esta comunidad: posiblemente no sepas que, entre sus cinco provincias, se elabora aproximadamente el 50% en volumen de la producción total española, y casi un 8% de la superficie vinícola mundial se encuentra en sus llanuras. Por eso, se conoce a la región como ‘el mayor viñedo del mundo’.

Un paisaje infinito. (Turismo Castilla-La Mancha/David Blázquez)
Un paisaje infinito. (Turismo Castilla-La Mancha/David Blázquez)

La propuesta de enoturismo castellanomanchega es, por tanto, prácticamente inabarcable. Para ayudarte a centrar tu destino, te proponemos tres grandes rutas vitivinícolas: La Mancha, La Manchuela y, por supuesto, Valdepeñas.

  • Ruta del Vino de La Mancha. Alcázar de San Juan, Tomelloso, Campo de Criptana, Socuéllamos, El Toboso, Villarrobledo… Nombres que nos evocan las aventuras cervantinas y quijotescas y por cuyos parajes discurre la zona vitivinícola más extensa del mundo. Para dar a conocer esta tradición tan arraigada, se organizan visitas guiadas por los principales lugares que son Patrimonio Enológico, donde se explica el proceso de elaboración vinícola.
  • Ruta del Vino de La Manchuela. Son 23 los municipios de las provincias de Albacete y Cuenca por los que discurre este otro tesoro de la cultura vinícola española, La Manchuela. Alarcón, Villanueva de la Jara, Iniesta, El Herrumblar, Villamalea, Villatoya, Cenizate, Navas de Jorquera, Casas Ibáñez, Alborea, Fuentealbilla, Balsa de Ves, Casas de Ves, Mahora, Villa de Ves, Alcalá del Júcar, Motilleja, Jorquera, La Recueja, Valdeganga, Carcelén, Alatoz y Pozo Lorente. Flanqueada por los ríos Júcar y Cabriel, la llanura manchega encierra este terruño con características únicas para la elaboración del vino y que en los últimos años está despuntando gracias al auge del enoturismo.
  • Ruta del Vino de Valdepeñas.Temperaturas extremas y suelos pobres. Esta combinación, idónea para el cultivo de la uva y la elaboración de vinos, ha marcado la historia y la cultura de la localidad de Valdepeñas y sus aledaños. En su Museo del Vino podremos conocer el modo en que la tradición milenaria ha ido abriéndose paso a la modernidad. Pero es en sus pueblos, en sus bodegas, en el contacto con su gente, donde el visitante captará la esencia de una ruta única por su carácter y personalidad. En ella, también, nos acercaremos a Moral de Calatrava, San Carlos del Valle y Torrenueva.