La endivia, esa amarga hortaliza con propiedades antiinflamatorias
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La endivia, esa amarga hortaliza con propiedades antiinflamatorias

Comenzó a consumirse tal y como la conocemos a mediados del siglo XIX en Bélgica, cuando un avispado trabajador del Jardín Botánico se percató de algo que sucedía con las raíces de la achicoria

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La endivia es esa hortaliza amarga que hace torcer el gesto a muchos con su sola mención, mientras que otros las añoran cuando llevan demasiado tiempo sin probarlas pues su particular sabor tiene muchos seguidores. Razones para comerla, además de su característico amargor, no nos faltan, dado que la endivia es todo un dechado de virtudes. El primer mordisco nos revelará ipso facto cuál es el principal componente de este vegetal. Sí, el agua, ya que la contiene en un 95%.

Por cierto, no te líes más con la 'v' y con la 'b'. La endibia o endivia admite estas dos ortografías. Así que elige cuál de las dos formas te gusta más y adelante.

Un amargor con propiedades antiinflamatorias

¿Y ese amargor? ¿De dónde procede? Pues la respuesta la encontramos en la lactucina y la cumarina. Estas dos sustancias tienen fama de ofrecernos un gran poder antiinflamatorio y, al parecer, excelentes para incluir en la dieta de las personas aquejadas de artritis o gota.

Otro argumento nutricional para que esta verdura característica del otoño se gane su hueco en nuestra mesa es su abundante presencia de fibra. No olvidemos que la fibra es magia para nuestro intestino, pero también para nuestra salud cardiovascular que puede resentirse por un deficiente consumo.

Por supuesto, las endivias aportan muy pocas calorías (solo 17 por cada 100 gramos). Por lo tanto, hartarse a esta verdura no causará estragos en nuestra cintura, pero sí que mejorará nuestra nutrición pues presenta abundantes vitaminas como la E, B1, B2, B3, B6, B9 (ácido fólico), además de provitamina A y una pequeña cantidad de vitamina C. También proporciona minerales como el potasio, el zinc, el cobre y el manganeso.

¿Desde cuándo comemos endivias?

En realidad, el consumo de endivias viene de antiguo. No en vano, culturas como la egipcia, la romana o la griega eran muy dadas a su consumo, aunque es cierto que ellas se decantaban por la variedad silvestre que difiere de la que centra nuestras explicaciones.

Sí, porque no fue hasta el siglo XIX cuando empezó a cultivarse la endivia de hojas blancas que hoy vemos desfilar por nuestros mercados, casi siempre metidas en una bandeja plastificada. Una vez más, la casualidad estuvo detrás de su creación. Así, en un pueblo cercano a Bruselas llamado Evere, un trabajador del Jardín Botánico se percató de que las raíces de la achicoria que permanecían enterradas desarrollaban unos cogollos de un color blanquecino con unas hojas tiernas. Por supuesto, no tardó en probarla y su sabor le gustó bastante.

De esta manera, la ciudad de Bruselas se convirtió en el epicentro del cultivo de una nueva variedad de endivia que se ganó el favor de la clientela. Hasta el punto de que su cultivo ha traspasado fronteras y se ha afincado en Francia, Holanda, Portugal y, por supuesto, España, donde también esta verdura ha encontrado devotos consumidores.

No fue hasta el siglo XIX cuando se descubrió la endivia de hojas blancas que hoy consumimos

Pero ¿cómo comer unas ricas endivias? Recetas para sacar partido a esta verdura no nos faltan. Aquí van unas breves pinceladas de todo lo que se puede componer con unas endivias en el elenco.

Endivias con roquefort y nueces

Ingredientes:

  • 4 endivias
  • 100 gramos de roquefort
  • Nata líquida al gusto (aunque también podemos reducir con aceite de oliva)
  • Sal
  • Pimienta
  • Nueces

Esta receta de endivias permite atenuar un poco el amargor y, por lo tanto, resulta perfecta para los escépticos de esta verdura que no acaban de comerse con demasiado gusto sus hojas. En cualquier caso, sumergirlas en agua puede ayudar a rebajar la intensidad.

Preparación:

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Dividimos el cogollo de la endivia en varios trozos longitudinales. Los disponemos en una fuente. A continuación, en un plato aparte vamos mezclando el queso roquefort con nata o aceite con el objeto de obtener una especie de salsa o crema que luego untaremos sobre la endivia que previamente hemos cortado. Una vez que obtenemos una pasta homogénea y untable, la diseminamos sobre la endivia. Después añadimos sal y pimienta. Rematamos con unos pequeños trozos de nueces decorando nuestras endivias.

Endivias con jamón

Otra manera de disfrutar de las endivias la encontramos en este plato que es tradicional de la cocina belga. Vamos allá.

Ingredientes:

  • 4 endivias grandes (8 endivias pequeñas)
  • 4 lonchas de jamón cocido
  • 30 gramos de mantequilla
  • 30 gramos de harina
  • 1 cucharadita de sal
  • 50 gramos de queso rallado
  • 500 cc de leche evaporada

Preparación:

Empezamos nuestra receta introduciendo las endivias en un cazo con agua salada. Dejaremos que hierva durante unos 25 o 30 minutos puesto que necesitamos que queden bien tiernas. A continuación, untamos una bandeja refractaria con mantequilla. Después envolvemos cada endivia con una loncha de jamón y las disponemos sobre la fuente.

Ponemos un cazo al fuego y en su interior derretimos mantequilla a fuego medio. Agregamos la harina, removemos e incorporamos paulatinamente la leche. Es crucial que no dejemos de remover. Pronto observaremos cómo se forma una salsa espesa pero con cierta suavidad.

Vertemos esta salsa sobre las endivias. Espolvoreamos el queso y horneamos a unos 220ºC durante cerca de 15 o 20 minutos. La superficie adquirirá un color dorado. Cuando lo haga, será el aviso de que ya están listas. Las sacamos y a servir como guarnición para un pescado o una carne.

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