Aunque seas intolerante a la lactosa, no tienes por qué evitar los lácteos. Puedes introducir pequeños cambios que te permitirán comer tus productos preferidos sin sufrir los molestos síntomas de la intolerancia.

¿Qué es la lactosa?

La lactosa es un azúcar (un hidrato de carbono simple o disacárido) que está presente en la leche de vaca, en la de otros mamíferos y en la materna. Además de encontrarse en la leche que tomamos y sus derivados, otros alimentos -como la bollería industrial, las salsas o los precocinados- también pueden contenerla.

¿Por qué tengo intolerancia?

La lactosa necesita la enzima lactasa, que se encuentra en el intestino delgado, para ser digerida. Cuando tomamos un producto que contiene lactosa, esta enzima se encarga de descomponerla en glucosa y galactosa para que llegue al torrente sanguíneo y dar energía a tu organismo.

Al nacer, la intolerancia a la lactosa es muy rara. Dado que el único alimento del bebé va a ser la leche, su intestino produce grandes cantidades de lactasa para poder digerir este disacárido. Sin embargo, su actividad cae drásticamente entre la infancia y la adolescencia (hasta un 10% menos). A partir de los 20 años, la actividad de esta enzima se reduce aún más y nos cuesta tolerar bien los lácteos. De hecho, aproximadamente el 70% de la población puede tener problemas para absorber correctamente la lactosa.

La intolerancia también puede ser pasajera y aparecer cuando las vellosidades intestinales están dañadas por enfermedades gastrointestinales, ciertos medicamentos como los antibióticos, diarrea prolongada o malnutrición. Asimismo, un atracón de productos que contentan lactosa puede saturar la actividad de la enzima lactasa. Por otro lado, las personas celíacas que siguen una dieta con gluten también pueden ser intolerantes a la lactosa puesto que su sistema digestivo está dañado.

¿Qué síntomas produce?

Cuando la lactosa no puede ser digerida, fermenta en el intestino y produce síntomas como digestión pesada, flatulencias, hinchazón abdominal, dolor y, en algunos casos, diarrea. Estas molestias se manifiestan a los 30 minutos de haber tomado el alimento y suelen desaparecer unas seis horas después. Su severidad dependerá del nivel de deficiencia de lactasa en el intestino.

¿Tengo que cambiar mi dieta?

No, a no ser que haya una ausencia total de enzima lactasa, algo que ocurre en pocas ocasiones. La mayoría, podemos tomar hasta 6 gramos de lactosa al día (media taza de leche) sin que suframos los síntomas de la intolerancia. Para asimilarla mejor, no te atiborres si te sienta mal, aumenta gradualmente el consumo de lácteos, tómalos junto a otros alimentos y repártelos a lo largo del día. También puedes optar por productos a los que se les ha extraído la lactosa o yogures, ya que en ellos, debido a su fermentación, ha desaparecido la mayor parte de la lactosa.

Si finalmente te decides por eliminar los lácteos, asegúrate de equilibrar muy bien tu dieta para que no se produzcan deficiencias, por ejemplo, de nutrientes tan esenciales como el calcio, la vitamina D o la vitamina B2 (riboflavina).

¿Es lo mismo intolerancia que alergia?

No. Las responsables de las alergias alimentarias son las proteínas y, en este caso, la alergia a la leche se produce por una respuesta autoinmune anormal de nuestro organismo ante la presencia de algunas proteínas de la leche. Las más alergénicas son la caseína, betalactoglobulina, alfalactoabúmina y seroalbúmina.