Ya sea para perder unos cuantos kilos acumulados, recuperar la línea o invertir en nuestra salud futura, el cambio a una estación más cálida trae consigo el clásico propósito de mejorar nuestra dieta. Como es habitual en estos casos, una cosa es la voluntad y otra muy distinta su realización. Eliminar del régimen productos calóricos, procesados o ricos en azúcares y grasas es una apuesta acertada, pero ante los placeres sensoriales que nos regalan, escapar a la tentación no resulta a veces sencillo.

Para que los devotos y los nuevos seguidores de lo ‘healthy’ persistan en su determinación, las alternativas en alimentación saludable no paran de evolucionar a través de propuestas originales, variaciones sobre lo ya conocido o recuperando costumbres pretéritas que habían quedado olvidadas. Teniendo en cuenta lo que ya está sucediendo en los restaurantes y supermercados, te presentamos siete tendencias que van a tener mucho calado en la próxima primavera.

1. Prebióticos

Las sorprendentes conexiones que se han hallado en los últimos años entre nuestra microbiota y ciertas enfermedades metabólicas, neurológicas y oncológicas han provocado que el intestino sea hoy en día uno de los órganos que más interés despierta dentro de la comunidad médica. La curiosidad ha llegado también a los consumidores y por ese motivo los alimentos probióticos, es decir, aquellos ricos en microorganismos que benefician la actividad del sistema digestivo, como el kéfir, el chucrut o el kimchi, han visto incrementada su demanda.

Tanto por marketing como por normativa, la trazabilidad de los alimentos es una cuestión cada vez más presente

Aunque se habla menos de ellos, tan importantes como los probióticos son los productos prebióticos. Se trata de una clase de hidratos de carbono, como la inulina, que el intestino delgado no digiere, pero que estimulan el crecimiento de las bacterias "buenas", refuerzan su actividad y, por consiguiente, equilibran la flora intestinal. Las alcachofas, la achicoria, el ajo, la cebolla, el puerro, la harina de trigo o el plátano son algunos ejemplos que pertenecen a este grupo.

2. Sabores florales

Si piensas en flores, probablemente te venga a la cabeza un elemento decorativo que, a pesar de su agradable olor, no resulta demasiado apetecible gastronómicamente. Las flores comestibles se emplean, sin embargo, en la cocina ya desde la Edad Antigua. No es necesario trasladarse tampoco a Oriente o a un restaurante de vanguardia para encontrarlas en propuestas culinarias corrientes. Elaboraciones tradicionales de la cocina mediterránea como las romanas 'fiori di zucca' tienen precisamente como base las flores, en este caso las de la calabaza.

Un ramo de floridos calabacines. (iStock)
Un ramo de floridos calabacines. (iStock)

Los pétalos van a empezar a aparecer por doquier en nuevos platos, infusiones, bebidas y snacks. ¿Cuáles son comestibles? Algunas provenientes de las verduras y las hortalizas como los puerros, las cebolletas, el ajo, los ajetes, la borraja o la achicoria. También las de ciertas hierbas, como el orégano, el romero, la salvia, el cilantro, el eneldo o la menta. Las más llamativas son, lógicamente, las que pertenecen al mundo de la decoración como la capuchina, la lila, la violeta, el gladiolo, la rosa, el jazmín o el clavel. Entre las propiedades nutricionales más extendidas de las flores hay que señalar que contienen vitaminas A y B, betacarotenos, polifenoles y fitoquímicos.

3. Vinagres para beber

Ante el recuerdo que evoca el sabor ácido de este común condimento, el concepto de 'vinagre para beber' puede resultar poco atractivo. No obstante, el producto ha calado entre la comunidad de 'celebrities', y actrices como Hillary Duff presumen en sus cuentas de recurrir a ellos como sustancia detox.

Pequeñas y grandes empresas de bebidas han empezado a ofrecer mezclas de vinagres con otros ingredientes que les dotan de un sabor más agradable. Los consumidores y fabricantes defienden sus beneficios para la digestión (contra el reflujo), la circulación sanguínea, para limpiar las vías respiratorias o como complemento vitamínico natural. El más popular, es el vinagre de manzana, aunque se pueden encontrar muchos otros sabores como limón, fresa o melocotón.

4. Mayor trazabilidad

Vivimos en un mundo paradójico donde queremos saber más sobre lo que ponemos en nuestra mesa al tiempo que nuestro estilo de vida, y ciertas prácticas de la industria alimentaria, impiden conocer el verdadero origen de lo que comemos o el modo real en el que se fabrican nuestros alimentos.

Se espera toda una segunda revolución culinaria árabe gracias a sus condimentos

El código impreso en las cáscaras de los huevos o la información que figura en la etiqueta de la carne de vacuno (país de nacimiento, crianza, sacrifico y despiece) son dos ejemplos en vigor de la preocupación por la trazabilidad. Ya sea por cuestiones de legislación, o por la estrategia de marketing de las propias empresas alimentarias, poco a poco nos iremos acostumbrando a que todos estos datos se conviertan en una información habitual a disposición del consumidor.

5. Nuevas delicias del mundo árabe

Por las propiedades de sus ingredientes, muchas tendencias ‘healthy’ se han fijado en ciertas propuestas de la cocina árabe. De este modo, los diferentes tipos de humus, el falafel o el cuscús han dejado de ser platos exóticos y se han convertido en preparaciones habituales, tanto en restaurantes como en los hogares de los maestros cocinillas.

Bol con Zaatar. Alamy
Bol con Zaatar. Alamy

Se espera, sin embargo, que este año vivamos una “segunda revolución culinaria árabe”. La causa está en sus condimentos. La mezcla de especias zaatar -compuesta por tomillo, zumaque, semillas de ajonjoli, sésamo, sal y hierbas aromáticas- se presenta como exquisito añadido, tanto para las carnes como para las verduras. Otros aderezos que podemos tener en consideración son la salsa picante harissa, cuya base son los pimientos rojos, o la pasta de sésamo tahini.

6. Trampantojos veganos

El sueño de cualquier 'foodie' es llevarse a la boca un alimento saludable sin prescindir de las agradables sensaciones que transmiten los productos ricos en grasas y carbohidratos.

Los pétalos van a empezar a aparecer por doquier en nuevos platos, infusiones, bebidas y snacks

No es difícil encontrar hoy en día hamburguesas 100% veganas que simulan el sangrado de la carne de vacuno, costillas hechas a partir de seitán, imitaciones de atún a base de tomates o queso elaborado con nueces de macadamia o coco.

7. Aceite de CBD

El cannabidiol, también conocido como CBD, es una sustancia que conforma el 40% de los extractos de la planta de la marihuana. A diferencia de otros agentes como el tetrahidrocannabinol no es psicoactivo ni adictivo y tiene aplicaciones terapeúticas, entre otras, como ansiolítico, o para frenar procesos inflamatorios. El consumo de CBD está permitido en Europa y una de las formas en que se está introduciendo en las dietas es a través de aceites para aliñar ensaladas.

Un ejemplo de estos nuevos aceites.
Un ejemplo de estos nuevos aceites.