La chlorella está viviendo la que probablemente sea su segunda edad de oro. Comercializada sobre todo bajo la forma de suplemento alimenticio, las empresas que la producen le atribuyen todo tipo de propiedades: ayuda para la pérdida de peso, potenciador del sistema inmunológico o agente quelante (para eliminar los metales pesados del organismo), lo que le ha hecho ganarse, de manera intencionada, la recurrente etiqueta de superalimento.

No es la primera vez que disfruta de una consideración parecida. Eso sí, las razones originales poco tenían que ver con la moda que encuentra en ciertos productos naturales de origen exótico un remedio mágico que permite curar cualquier mal.

La chlorella fue estudiada seriamente como recurso para alimentar a un mundo en riesgo de sobrepoblación

La razón hay que buscarla en su alta eficiencia fotosintética, es decir, en la capacidad que tiene la chlorella para convertir una energía como la luz en nutrientes esenciales. Deshidratadas, estas algas verdes unicelulares son proteína en un 45%, grasas en un 20%, carbohidratos también en un 20%, minerales y vitaminas en un 10% y fibra en un 5%. Valores que en el pasado siglo despertaron un gran interés por parte de la comunidad científica.

La promesa de la posguerra

Tras la Segunda Guerra Mundial, el miedo a una explosión demográfica incontrolada condujo a numerosas instituciones y centros superiores a buscar con urgencia alguna fuente capaz de paliar una hipotética crisis alimentaria, sobre todo ante una posible escasez de proteínas.

Los investigadores empezaron a fijar su atención en recursos inusuales, como aquellos que se ocultaban bajo las aguas. El rendimiento proteínico de la chlorella resultaba superior al de cualquier otra planta y, como el Soylent Green de la popular película de ciencia ficción, el alga tenía todas las papeletas para transformarse en un remedio capaz de erradicar el hambre en todo el planeta.

El alga, en el microscopio. (iStock)
El alga, en el microscopio. (iStock)

La ilusión original se quedó, sin embargo, en nada. Los intentos por parte de universidades como Stanford para reproducir chlorella en masa acabaron fracasando. Para sacarle un óptimo rendimiento, resultaba necesario someterla a un ambiente muy distinto del de su hábitat natural. Su máxima eficiencia fotosintética se consigue cuando se utiliza iluminación artificial, y para convertirla en una fuente viable de alimentación hay que cultivarla en agua carbonatada, solución que encarece mucho la producción final.

Su uso en la actualidad

Con los avances en el sector primario, que llevaron a un mayor rendimiento en las cosechas, el pánico al hambre a escala mundial fue mitigándose y el interés por la chlorella se redujo en consecuencia, restringiéndose su nicho de comercialización al mercado de los suplementos dietéticos.

Ninguna investigación presenta conclusiones sólidas respecto a las propiedades medicinales del alga

Fuera del aporte de nutrientes que ofrece la chlorella, diferentes trabajos han intentado abrir nuevas vías sobre un posible uso farmacológico del alga. Se ha estudiado su efecto en pacientes aquejados de fibromialgia, como ayuda para tolerar mejor los tratamientos de quimioterapia y radioterapia, como herramienta para regular la tensión arterial y el colesterol, como remedio para paliar los efectos del tabaquismo y, en general, como solución para mitigar una larga lista de afecciones, que van desde un resfriado hasta la colitis ulcerosa.

Ninguno de estos estudios arroja resultados concluyentes, lo que revela que los beneficios medicinales que se le han atribuido en los últimos años son, más bien, fruto de las campañas de 'marketing' llevadas a cabo por los propios fabricantes. Ante ciertas creencias que se han alimentado, destacadas instituciones, como la Sociedad Americana contra el Cáncer, alertan de que "los estudios llevados a cabo no avalan su efectividad para prevenir el cáncer ni ninguna otra enfermedad en humanos".

Posibles efectos adversos

Por lo que se refiere a los riesgos derivados de su consumo, estos son igualmente marginales. Los efectos secundarios se suelen manifestar en diarreas, náuseas, dolores de estómago, algunas reacciones alérgicas puntuales y un incremento en la sensibilidad de la piel a los rayos del sol.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Se desaconseja el consumo de chlorella en aquellos individuos que manifiesten alergia al yodo (ya que el alga lo puede contener) y en pacientes que estén tomando fármacos inmunodepresores o medicamentos anticoagulantes. Por la falta de información y estudios al respecto, no se recomienda tampoco su ingesta durante el embarazo y la lactancia.