A pesar de que la infertilidad es un problema creciente (en la actualidad, el 17% de las parejas españolas con deseo de procrear tiene problemas para conseguirlo) y de que la relación de la alimentación con la fecundidad está ya ampliamente documentada, la industria alimentaria apenas ha actuado en este campo. “Actualmente, existen diferentes suplementos vitamínicos (fármacos), pero solo se pueden adquirir en farmacias”, explica la bióloga Daniela García, una de las científicas al frente del gran proyecto de investigación y desarrollo tecnológico Reprobeb, que trabaja, por primera vez, para lograr alimentos funcionales específicos con el objetivo de mejorar la fertilidad.

Las tres bebidas formuladas hasta el momento (una para hombres, otra preconcepcional femenina y otra destinada a mujeres que hayan comenzado algún tratamiento de reproducción asistida) “poseen componentes comunes como la vitamina D o el triptófano”, explica la investigadora. Sin embargo, continúa, “existen otros micronutrientes más novedosos especialmente indicados para cada caso y extraídos de frutas como la granada, la sandía, el mango o el caqui”.

Se han formulado tres bebidas funcionales: una para hombres y dos para mujeres en proceso de quedarse embarazadas


El estudio, capitaneado por el Instituto Extremeño de Reproducción Asistida (IERA) y en fase observacional en parejas estériles, prevé concluir a finales de 2018. No obstante, y aunque aún es pronto para obtener resultados definitivos, “ya podemos intuir la mejora de parámetros seminales como la movilidad espermática y de algunos valores hormonales en mujeres”, adelanta Daniela García.

Dieta y fertilidad

En la última década, la literatura científica que relaciona los alimentos con la fertilidad se ha disparado. Y aunque es cierto que en la mayoría de los casos la causa de la infertilidad es multifactorial, según la ginecóloga María de la Calle, jefa de la Unidad de Gestaciones Múltiples del Hospital La Paz de Madrid y coautora del libro ‘La dieta de la fertilidad y el embarazo’ (Almuzara), “ambos miembros de la pareja tienen posibilidades de concebir cambiando algunos aspectos de su dieta diaria”.

Frutas y verduras. Lo mejor. (iStock)
Frutas y verduras. Lo mejor. (iStock)

Para esta especialista, una alimentación saludable para la fertilidad sería aquella que es variada en los grupos alimenticios, baja en grasa y de alto valor nutricional, rica en agua, ausente de sustancias tóxicas y que favorezca la ingesta de productos naturales frente a los procesados. Nuestra famosa dieta mediterránea, de la que, por desgracia, nos hemos ido alejando. “Cada vez nos encontramos con más mujeres y hombres con dietas restrictivas”, alerta la doctora. Las consecuencias son claras: un estudio publicado esta semana en 'Human Reproduction' ha encontrado relación directa entre ingesta de comida rápida y mayor tiempo hasta el embarazo.

Para ellas

Según la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), las alteraciones capaces de reducir la probabilidad de gestación espontánea pueden afectar a la producción de gametos masculinos y femeninos, a su interacción eficaz o a la capacidad del embrión ya fecundado para implantarse y desarrollarse.

La causa más frecuente de esterilidad femenina (en la producción de gametos) es el denominado síndrome de ovario poliquístico (a veces asociado a obesidad y resistencia a insulina). En este caso, la doctora De la Calle recomienda una dieta abundante en frutas y verduras, frutos secos y alimentos ricos en fibra. “Cuanta más fibra, más bajo el índice glucémico”, apunta.

Un estudio muestra una relación directa entre la ingesta de comida rápida y un mayor tiempo en lograr un embarazo

Los alimentos ricos en inositol (un derivado de la vitamina B), como cereales integrales, frutas cítricas, semillas y judías, contribuyen a restaurar el desequilibrio hormonal en el ovario poliquístico. Y el resveratrol, presente en la uva roja, frutos rojos, cacahuetes, chocolate amargo y ostras, “mejora la ritmicidad del ciclo menstrual”, continúa la experta.

Se deben evitar alimentos con alto contenido glucémico como dulces, productos elaborados con harinas blancas, bollería industrial, azúcar blanca... También un exceso de patatas (sobre todo fritas), maíz dulce y frutas ricas en azúcares como higos, uvas pasas, plátanos o dátiles. Si existe sobrepeso u obesidad, “es recomendable adelgazar”, aconseja la ginecóloga (una reciente investigación concluyó que las parejas obesas —ambos con un índice de masa corporal por encima de los 35 kg/m2— pueden tardar hasta un 60% más de tiempo en concebir).

Para ellos

Una dieta rica en nutrientes como los ácidos grasos omega 3 (aceite de oliva, pescado azul, frutos secos) es “fundamental para la espermatogénesis”, comenta la autora de ‘La dieta de la fertilidad y el embarazo’. Los antioxidantes que eliminan el exceso de radicales libres, como la vitamina E (aceites vegetales, nueces, semillas y verduras de hoja verde mantienen las membranas celulares), la vitamina C (pimientos, tomates y cítricos mejoran el número y la motilidad de los espermatozoides), betacaroteno (zanahoria, espinacas y calabaza favorecen la motilidad), licopeno (el tomate mejora la morfología espermática), selenio, zinc, criptoxantina… y otras vitaminas como la D (presente en la yema de huevo, salmón y sobre todo en los rayos solares, su déficit se ha relacionado con una disminución en la producción de testosterona y una menor síntesis de espermatozoides) y el folato (casquería, vegetales de hoja verde, legumbres, levadura de cerveza, almendras) se asocian a una mejoría de la calidad espermática.

Alimentos ricos en vitamina D, buenos para la fertilidad masculina. (iStock)
Alimentos ricos en vitamina D, buenos para la fertilidad masculina. (iStock)

Por el contrario, “algunos estudios encuentran la disminución de la calidad seminal asociada al consumo excesivo de carnes rojas y procesadas, alimentos ricos en soja, dulces y bebidas edulcoradas, ciertos lácteos enteros y la ingesta de alcohol y cafeína”, advierte el doctor Ferran García, responsable de la Unidad de Andrología del Institut Marquès y presidente de la Sociedad Española de Andrología, Medicina Sexual y Reproductiva (Asesa).

Disruptores endocrinos en los alimentos

El creciente deterioro de la calidad seminal en los países industrializados es un hecho constatado y que preocupa a las autoridades sanitarias. No existe una causa única, pero se sospecha que uno de los principales motivos podría ser la exposición inadvertida a los disruptores endocrinos presentes en los alimentos. “Se trata de sustancias químicas generadas por el hombre que son persistentes [se necesitan décadas para su biodegradación], lipofílicas [se acumulan en la grasa de los organismos, de forma que su concentración aumenta de forma exponencial a medida que subimos en la cadena trófica] y que están ampliamente dispersas en el medio ambiente contaminando el aire, aguas, plantas, la tierra y los animales”, explica el presidente de Asesa. Entre todos ellos, los estrogénicos adquieren una relevancia especial, ya que “sin ser hormonas en nuestro organismo, funcionan como si lo fueran”, advierte el doctor García.

Todos los alimentos podrían portar disruptores endocrinos, que afectan a los espermatozoides y al ciclo ovárico


Una revolucionaria investigación española publicada en 2011 encontró que la calidad espermática variaba sustancialmente de unas regiones a otras según el grado de industrialización (peor en Cataluña que en Galicia). Pero, además, constató que no solo una exposición directa a estas sustancias podría ser causa del deterioro, sino que una acumulación de contaminantes en la madre también podría influir en el desarrollo testicular del embrión.

La lista de procesos industriales y productos cotidianos en los que se encuentran los disruptores endocrinos es interminable. Pero “absolutamente todos los alimentos podrían ser portadores”, advierte el doctor Ferran García. Aunque, ojo, porque no solo afectan a la producción de espermatozoides, también pueden causar “desajustes en el ciclo ovárico femenino”, apunta la doctora De la Calle.

España, a la cabeza en reproducción asistida

Nuestro país posee el triste privilegio de capitanear el drástico descenso de la natalidad europea. Según los últimos datos de Eurostat, las españolas tenemos 1,34 hijos cada una y nos alejamos a pasos de gigante de la tasa promedio de reemplazo generacional establecida en 2,1 (la población con el índice más bajo de la Unión Europea es el Principado de Asturias, con 1,01 hijos por mujer).

Inseminación artificial. (iStock)
Inseminación artificial. (iStock)

Lamentablemente, los factores socioeconómicos juegan un papel fundamental en esta coyuntura. “La primera causa es el retraso de la maternidad”, aclara la ginecóloga de La Paz. “A partir de los 34 años, empieza a disminuir la reserva ovárica de una mujer y muchas tienen que recurrir a técnicas de reproducción asistida”, continúa la experta.

En efecto, según las cifras del último Registro Nacional de Actividad de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), España es líder en tratamientos de reproducción asistida en Europa y el tercer país del mundo, solo por detrás de Japón y EEUU. Y es que, junto a las italianas, las españolas somos las europeas que más tarde tienen su primer hijo, a los 30,8 años (también tenemos el porcentaje más alto de madres mayores de 40 años, un 6,6%).

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