Durante años se ha probado en animales con éxito, pero el salto a los humanos siempre ha sido difícil de demostrar empíricamente. Menos calorías igual a una mayor esperanza de vida. No es tan simple. Este año, un estudio llevado a cabo en Baton Rouge, Luisiana, por Leanne M. Redman, ha demostrado que una reducción en la ingesta de calorías durante dos años reduce el riesgo de enfermedades crónicas y prolonga la esperanza de vida.

Se establecieron dos grupos: los que fueron sometidos a una reducción de calorías de un 15% y los que siguieron una dieta normal

La doctora del Pennington Biomedical Research Center empleó a 53 individuos sanos, hombres y mujeres entre 21 y 50 sin problemas de obesidad. Para evaluar el impacto se establecieron dos grupos: los que fueron sometidos a una reducción de calorías de un 15% y los que siguieron una dieta normal. “La ventaja de este estudio frente a otros -remarca a Alimente el doctor Ángel Durántez, experto en envejecimiento- es que se hizo de forma controlada, no meramente observacional; es decir, que se pueden apreciar las diferencias de ambos grupos de individuos”.

(iStock)
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Según los datos obtenidos por Redman, publicados en la revista científica 'Cell Metabolism', aunque el peso nunca fue objeto del estudio, los individuos que ingirieron menos calorías perdieron de media 9 kg, sin que esto comprometiera en ningún momento su salud. No había ningún interés en este aspecto y sus posibles beneficios para la salud, sino en el efecto en el envejecimiento por medio de un metabolismo más lento, como ya se observó hace años en pequeños roedores y mamíferos. Es menos cantidad, pero incluye proteinas, carbohidratos y grasas y no se trata de una dieta de aldelgazamiento.

El primer estudio de restricción calórica fue obra de Clive McCay, Crowell y Maynards, quienes en 1930 experimentaron con ratas para deducir la relación del ritmo de crecimiento y la duración vital. El protocolo seguido fue el de crear tres grupos de roedores: al primero se le dejó que alcanzara la madurez según lo que los investigadores consideraron una evolución normal; los otros dos grupos fueron sometidos a una menor ingesta energética durante 700 y 900 días respectivamente.

En 1930 se realizó el primer estudio en ratas que demostró un crecimiento más lento pero también una mayor longevidad

Como se esperaba, los dos primeros grupos crecieron de forma más lenta pero vivieron más que el grupo al que no se intervino -Edward J. Masoro, 'Calorie restriction, Aging and Longevity' (2014)-. Según el propio McCay: "Se trató de determinar el efecto de retardar el crecimiento sobre la duración total de la vida y medir los efectos del crecimiento retardado sobre el tamaño final del cuerpo del animal. En el presente estudio, el crecimiento se retrasó al limitar las calorías". En 1935, completaría su trabajo con un estudio sobre malnutrición, que arrojó los previsibles resultados contrarios: una ralentación del crecimiento, pero asociado a una menor esperanza de vida.

Consolidar dos teorías

Ahora Redman ha puesto en práctica dos teorías más modernas ya existentes sobre la relación de calorías y envejecimiento, que tuvieron sus antecedentes en los estudios de McCay, pero que se basan en las del metabolismo lento y el daño de la oxidación. De forma simplificada, significa que una menor ingesta ajusta los niveles del metabolismo reduciéndolo y obteniendo energía de forma más eficiente, mientras que el daño por oxidación en las células se retarda previniendo enfermedades propias del proceso degenerativo.

Aunque la muestra del estudio era pequeña -52 individuos- y de corta duración, apenas dos años, los resultados apoyan las dos. Según la nota de Cell Press, Redmann ha utilizado el método denominado CALERIE para medir el fenómeno -Comprehensive Assesment of the Long Term Effects of Reduction of Energy-; es decir, la evaluación exhaustiva de los efectos a largo plazo de la reducción de energía.

“La prueba CALERIE apoya la teoría del metabolismo lento y la del daño por oxidación. La última de ellas liga la sobreproducción de radicales libres al daño por oxidación de proteínas, ADN y lípidos que conduce a enfermedades crónicas como la aterosclerosis, cáncer, diabetes, y artritis reumatoide”, comunican desde Cell Press.

"Nunca se podrá realizar un experimento en humanos como los de ratones o incluso grandes primates", Dr. Durántez

El doctor Durántez matiza a Alimente que efectivamente "se sabe desde hace años que una menor ingesta de calorías y una ralentización del metabolismo es una buena herramienta para prevenir enfermedades propias de la vejez, lo que acaba por alargar la esperanza de vida, pero aún así es cuestionable. La gran diferencia está en que nunca se podrá llevar a cabo un experimento en humanos como el que se realiza en ratones o incluso grandes primates -aclara Durántez-, ya que es prácticamente imposible que puedas someter toda la vida a un grupo de control para probar el efecto desde que nacen hasta que mueren, como sí se ha hecho con los animales”.

Pocos meses después del estudio de Redman se presentó, de hecho, otro similar sobre el efecto de la esperanza de vida tras una reducción calórica en lemures llevado a cabo por la Universidad de Michigan y publicado en la revista 'Communications Biology', de Nature. Al igual que en el de Redman, los investigadores de Michigan comprobaron una mejora en la expectativa de vida de los pequeños primates, aunque en este caso la restricción calórica fue más drástica ya que alcanzó un 24%.

Disminución de materia gris

También observaron, en este caso, una disminución de la materia gris en el cerebro, "sin que se comprometieran las capacidades neurocognitivas de los animales". Ambos estudios llevan a conclusiones sólidas sobre los beneficios de una menor ingesta calórica, pero no dejan de ser parciales, puesto que existen muchos más factores. Para Ángel Durántez, es una cuestión de equilibrio: “Todo consiste en un balance entre el anabolismo y el catabolismo, el gasto y el ahorro, como si fuera una cuenta corriente. Siguiendo la metáfora, ahorrar mucho es estupendo, pero si no lo gastas puede que te preguntes al cabo de un tiempo para qué lo quieres, mientras que gastar está también muy bien porque vas a disfrutar también de la vida, pero si es demasiado te quedas sin saldo y lo pasas mal”.

Se puede vivir más pero también a un ritmo menos intenso, lo que revierte en un cierto coste: tiempo a cambio de calidad

Es decir, sacrificar una intensidad vital, como puede ser una restricción de calorías, repercute también en un estilo de vida más austero. No hay secretos en este aspecto: cuanto más estrés, actividad física y desgaste se realice, hay más riesgo pero también más emoción.

"Si ralentizas tu consumo, bajas la ingesta calórica, como establece la teoría del 'rate living', es decir, el gasto de la intensidad de la vida. Vas a poder vivir más frente a un elevado consumo vital; por eso, el proceso de envejecimiento es intensísimo en la vida intrauterina, que es cuando va a toda pastilla porque se crece a toda velocidad, sigue siendo elevado en la infancia y cuando se pasa a la adolescencia llega el pico de crecimiento. En la fase adulta el de envejecimiento se ralentiza con respecto a la infancia y a la adolescencia, pero en cambio te acercas ya al final de tu vida”.