El chocolate, las chucherías o las patatas fritas han cedido el relevo a una nueva cartera de snacks mucho más nutritivos y comprometidos con la salud del consumidor. Este mercado mueve cada año más de 16.000 millones de dólares solo en Estados Unidos y podría verse ensuciado por una industria empeñada en añadir toda clase de grasas saturadas, conservantes y aditivos a sus mejores productos. Para disfrutar de todas las propiedades de los chips vegetales, lo más recomendable es elaborarlos en la comodidad de tu propia cocina. Si no, mejor regresa a las patatas fritas de bolsa, tu organismo te lo agradecerá.

No dejarse engañar

Al oír la palabra ‘verdura’, son muchas las personas que corren raudas y veloces a adquirir dicho producto, confiando en la buena voluntad de la marca y deseando añadir un nuevo ingrediente a su dieta diaria. Sin embargo, algunos 'desalmados' se aprovechan de esta confianza para ofrecer alimentos que nada tienen que ver con su principal fuente de inspiración. Abre los ojos, la mayoría de chips vegetales que lucen lustrosos en el supermercado son iguales que las patatas fritas de bolsa convencionales.

La mejor opción es elaborar los chips en tu propia casa.
La mejor opción es elaborar los chips en tu propia casa.

“Qué inteligentes son los vendedores de alimentos que supieron darle la vuelta al concepto de patatas fritas: ‘Si la gente piensa que las chips son malas para la salud… vamos a empezar a freír otros vegetales y ¡seguro que no se dan cuenta de que son lo mismo!’”, ironizan desde el blog de nutrición Eat This, Not That!. Ante esta situación, resulta imprescindible saber identificar los productos auténticos de los que simplemente intentan imitarlos para hacer caja.

  • Más allá del envoltorio. Obviamente, las bolsas de chips de verduras mostrarán este alimento en el envase como si formara parte de la receta. Sin embargo, su auténtica composición aparece en letra pequeña en la parte trasera de la bolsa; esta es la mejor manera de comprobarlo. Si la verdura se encuentra al final de la etiqueta o, en su lugar, incluye polvos de origen no vegetal, devuélvela de inmediato al lugar al que pertenece. “Ignorar todo lo que aparece en la parte frontal del paquete, ahí solo nos dirán lo que exactamente queremos oír. Por eso debemos darle la vuelta para mirar los ingredientes”, aconseja la experta en nutrición Ashley Koff a través del blog norteamericano 'Well and Good'.

  • Confía siempre en los valores nutricionales. Es importante conocer el nivel de proteínas de las verduras que forman parte del producto, pues si este es natural se mantendrá intacto. En cambio, si los valores no concuerdan, significa que el fabricante ha añadido numerosos aditivos durante el refinado, lo que afecta considerablemente al valor nutritivo de los chips resultantes.

  • Cuidado también con la sal. Como bien es sabido por todos, el exceso de sal puede arruinar hasta la más saludable de las comidas. Y los chips vegetales no son una excepción. Si estos son realmente naturales, al añadir sal en el proceso eliminamos los nutrientes de los que gozan. Por este motivo, también es fundamental comprobar la cantidad de sal que contiene el producto.

Si la verdura se encuentra al final de la etiqueta o incluye polvos de origen no vegetal, mejor no elegirla

A veces, estas pesquisas llevarán a marcas que realmente cumplen los criterios necesarios para ser un ingrediente 'healthy'. Nada de calorías ni grasas, que pueden llegar a superar los 10 gramos en cada porción. El consumidor se merece un tentempié rico en vitamina A y C, calcio y hierro, capaz de mantener a raya el hambre y proporcionar la energía necesaria para aguantar hasta la próxima comida. Y no solo eso, también comparte los nutrientes de la verdura con la que están elaborados, siendo la berenjena, la remolacha o la zanahoria las opciones más populares.

Mejor en casa, pero sin estas verduras

Si se preparan correctamente, los chips vegetales son un aperitivo de muy bajo contenido calórico, aunque este siempre depende del tipo de verdura que se incluya en la receta y la sal añadida durante la preparación. Si el objetivo es saciar el apetito con el menor número de calorías posibles, lo mejor es el pepino, el calabacín, los rábanos, la zanahoria, el brócoli o la alcachofa. Ninguna de ellas supera las 30 calorías y aportan infinidad de vitaminas, minerales y ácido fólico.

Snacks vegetales. (iStock)
Snacks vegetales. (iStock)

También es importante tener en cuenta la consistencia del producto y el modo de cocinado. El horno es el único instrumento admitido en el proceso, a pesar de que las verduras pierdan parte de su valor nutritivo. Recordemos que al deshidratarse, estas reducen su contenido en agua y, por tanto, la concentración de nutrientes. Sin embargo, también salen a flote otras sustancias beneficiosas para la salud.

Lamentablemente, no todos los frutos de la tierra forman parte de este exclusivo grupo, ya que un consumo excesivo de las mismas puede resultar contraproducente para mantener la línea. Hablamos de las patatas, reina indiscutible del mercado del snack; las lentejas, cuya porción puede alcanzar las 300 calorías; los guisantes, el maíz, el betabel, las habas secas, las alubias o los garbanzos. Eso sí, es importante recalcar que este aperitivo es solo de consumo esporádico y en ningún caso puede actuar como sustitutivo del ingrediente original.