El gran escándalo del estudio más ambicioso del aceite de oliva
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Polémica científica

El gran escándalo del estudio más ambicioso del aceite de oliva

En 2013 una investigación española fue aclamada internacionalmente. Constataba que la dieta mediterránea prevenía las enfermedades cardiovasculares. En 2017 un médico inglés dijo que podría ser erróneo. La semana pasada lo republicaron

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El estudio científico más ambicioso de toda la historia de la nutrición sobre los efectos de la dieta mediterránea en la reducción de infarto, enfermedades cardiovasculares e ictus, publicado por investigadores españoles en 2013, quedó comprometido cuando en 2017 un médico inglés de la especialidad de anestesia, John Carlisle, soltó una bomba expansiva en la comunidad científica: una investigación en la que reveló que algunos aspectos de los datos de algo más de 5.000 estudios de varias prestigiosas revistas científicas podría habían sido falseados o ser erróneos, entre ellas 'Journal of the American Medical Association' -JAMA- y 'The New England Journal of Medicine' -NEJM-.

El original estudio español de Predimed -'Primary Prevention of Cardiovascular Disease with a Mediterranean Diet'-, publicado en abril de 2013 en el prestigioso 'The New England Journal of Medicine', era uno de ellos y quedó en entredicho, tal y como sacó a la luz el 'Washington Post', después de que fuera alabado en el propio EEUU como uno de los hallazgos más relevantes de la década pasada en términos de nutrición y prevención de enfermedades coronarias. Según el hallazgo, las personas que seguían la dieta mediterránea con aceite de oliva virgen extra o con frutos secos tenían en torno a un 30% menos de complicaciones cardiovasculares.

"Es como si la policía te para porque te saltaste un semáforo en rojo, aunque estuviera en verde, y luego ven una pequeñísima avería"

La semana pasada, el equipo de la Universidad de Navarra liderado por Miguel Ángel Martínez-González lo publicó de nuevo en e NEJM -Ne Wngland Journal of Medicine- con el nombre 'Prevención primaria de enfermedades cardiovasculares con una dieta mediterránea enriquecida con aceite de oliva virgen y frutos secos', después de una serie de correcciones, pasando otra vez, cinco años después, por todo el laborioso proceso de verificación de estas publicaciones científicas.

En varios medios internacionales se habló de que los españoles se habían retractado y modificado el estudio, pero su director, Miguel Ángel Martínez-González, lo desmiente categóricamente a Alimente durante una conversación telefónica: “Es como si la policía te para por saltarte teóricamente un semáforo en rojo cuando en realidad estaba en verde, y una vez que te han parado se investiga hasta el más mínimo detalle del coche y se descubre que hay un manguito del motor que tiene una pequeñísima avería”.

Es decir que, según el español, no hubo “infracción” y el estudio y sus resultados no quedaban comprometidos. Un año antes de entregar la revisión, poco después de publicarse los resultados de John Carlisle, enviaron una carta al 'New England Journal of Medicine' en la que expresaban que revisarían los datos. Lo hicieron con la nueva publicación y la ayuda esta vez del catedrático de Harvard Miguel A. Hernán, que ahora es coautor. Miguel A. Hernán y James M. Robins, publicaron en 2017 en NEJM un artículo metodológico proponiendo nuevos métodos estadísticos más avanzados para analizar este tipo de ensayos. Estos métodos se han aplicado ahora a Predimed y, según sus hallazgos, publicados en un documento que facilita a Alimente Miguel Ángel, verifican el estudio original.

placeholder Miguel Ángel Martínez-González.
Miguel Ángel Martínez-González.

En definitiva, el equipo científico formado por más de 20 especialistas no quería echar por tierra los diez años que emplearon entre 2003 y 2013 monitorizando a 7.447 individuos, divididos en tres grupos, dos con dieta mediterránea y uno de control, para poder comprobar comparativamente, y no solo con una mera observación, la incidencia de la dieta en las enfermedades cardiovasculares. Decidieron, “por su propia cuenta y riesgo y no por petición de la revista inglesa”, según explica a Alimente Miguel Ángel, "revisar todos los datos y volver a enviar el estudio, que arrojó las mismas conclusiones después de una serie de ajustes".

Trampas o errores en más de 5.000 estudios

“Carlisle, que tiene un mérito excepcional por ser capaz de meterse entre pecho y espalda más de 5.000 estudios para comprobar y analizar todos los datos y tratar de observar si ha habido errores o directamente falsificaciones, comete sin embargo tres errores básicos con el nuestro", comenta con vehemencia. “Para empezar, hizo un 'screening', que consiste en una aproximación, no una conclusión y con una serie de criterios sobre las variables empleadas y la elección aleatoria de los individuos. El primer caso se puede aplicar a estudios farmacológicos pero no en los de nutrición, ya que las variables no solo son independientes sino que están relacionadas”.

Para los profanos puede ser difícil de comprender: son detalles muy técnicos. Una forma de explicarlo es la siguiente: Carlisle entendió que las variables biomédicas tales como peso, tamaño de cintura y otras mediciones debían tomarse de forma independiente, mientras que Miguel Ángel explica que es un error en términos nutricionales. Además, el inglés incidió en que se habían utilizado para el estudio personas que viven en pareja, lo que podía comprometer el que estos fueran elegidos aleatoriamente. “Unos detalles insignificantes según la estadística", explica el experto español.

Pero si John Carlisle estaba equivocado, ¿por qué retiraron el estudio de la revista 'NEJM', volvieron a analizar los datos y lo enviaron hace unas semanas de nuevo con las correcciones?

Según Miguel Ángel, los errores de Carlisle les permitió detectar algunas variaciones relevantes en uno de los centros

Según el jefe de la investigación, Carlisle se equivocó en lo esencial, pero les permitió "detectar que en uno de los 11 centros utilizados, el que denominamos 'D', hubo una intervención en una parte pequeña de ese centro, en el que comprobamos que se habían alterado un poco los valores. Para expresarlo más claro: con el objetivo de conseguir que los participantes quisieran seguir en el estudio, y sin comunicárselo a los jefes de investigación, uno de los miembros proporcionó aceite de oliva virgen a uno de los grupos que no debía tomarlo. Este fue el principal problema, aunque dada la magnitud del estudio -7.447 individuos- y al tratarse de un centro pequeño, la desviación era casi inapreciable. Sin embargo, para que no cupieran dudas, decidieron aplicar las correcciones estadísticas necesarias para descartar este defecto.

Pero había otra pequeña complicación, tal y como reconoce a Alimente el jefe del equipo español: para favorecer que participasen los sujetos y dado que es un estudio nutricional, se incluyó a parejas que convivían juntas en un pequeño número de casos, lo que comprometía que fueran elegidos aleatoriamente y que provocó tras la denuncia de Carlisle que se tomaran medidas para corregir esos datos. “Utilizamos a consultores independientes que llevaron a cabo este análisis y corroboraron los datos y los individuos del estudio. Al ser tan pequeña no varió el resultado, pero seguimos las recomendaciones y quedó arreglado”.

Críticas anteriores

Antes de que el anestesista británico señalara entre otros estudios el de Predimed-Universidad de Navarra, hubo algunas críticas. Ya en 2013, un editorial del propio 'The New England Journal of Medicine' afirmaba que los tres grupos que habían establecido los españoles, más que un modelo dietético, había probado los efectos de productos concretos: el aceite de oliva virgen y los frutos secos como nueces, almendras y avellanas. Unos 2.500 individuos obtuvieron aceite de oliva de virgen extra, otros 2.500 frutos secos y el resto, el grupo de control, nada.

De nuevo, Miguel Ángel matiza este aspecto: “Siempre dijimos que no se podía reducir a la ingesta de aceite de oliva virgen o de frutos secos, ya que se trataba de un estudio dietético. En esos dos grupos se incluyeron 14 puntos sobre hábitos de la dieta mediterránea, se les enseñaron recetas, productos que debían utilizar y otras formas de que aprendieran a comer según estos principios. Fue muy intenso y duradero seguir a más de 7.000 personas durante diez años, un gran esfuerzo de mucha gente", concluye.

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