Las semillas están de moda. Las encontramos en todo tipo de 'snacks' y ensaladas. Y seguro que en los últimos tiempos has oído hablar especialmente de las del lino, también conocidas como linaza. Estas se extraen de la planta del lino (Linum usitatissimum), de donde también salen fibras textiles conocidas por su extraordinaria capacidad para arrugarse en cualquier situación (la arruga, ya lo sabemos, fue bella).

Esta no es una cualidad de sus semillas, de las que existen dos tipos principales, unas marrones y otras, conocidas como lino dorado, de un color beis claro. Son parecidas a las pipas de girasol —aunque más grandes y más anchas—, y se consumen enteras, en forma de harina o extrayendo su aceite mediante prensado en frío (como el aceite de oliva virgen).

La ingesta dietética de ácidos grasos omega 3 mitiga la incidencia de la arteriosclerosis en humanos

A diferencia de los precios disparatados que tienen algunos productos 'trendy', en esta ocasión el humilde lino sigue siendo asequible: el precio de la linaza la convierte en una opción más que económica para añadir color, sabor y salud a nuestra dieta (4,62 euros el kilo). Y esto no está nada mal si nos fijamos en los interesantes valores nutricionales del lino.

  • En el caso del aceite, como es lógico, es un 99,98% grasas (como todos), pero su altísima cantidad de grasas ​poliinsaturadas (67,8 gramos por cada 100 gramos de aceite), de las cuales gran parte son ácidos grasos omega 3 y linoleico (que obtiene su nombre del lino), lo convierten en un aceite muy saludable.

  • En cuanto a las semillas y su harina, hay una mayor cantidad de nutrientes. 100 gramos aportan 534 kcal (sí, es un alimento muy energético), 18 gramos de proteínas, el 100% de la cantidad diaria recomendada de fósforo, la mitad del potasio y zinc necesarios cada día y el 100% de la vitamina B1 que necesitamos.

Es fácil que tu primer acercamiento al mundo de las semillas de lino haya venido por sus propiedades para combatir el estreñimiento: piensa que, de cada 100 gramos, nada menos que 27,3 son de fibra. Esto sí que es útil para regular el tránsito intestinal (y no tantos otros productos milagro).

Foto: iStock.
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Más allá de ese efecto 'transitorio', las propiedades del lino vienen derivadas de sus grasas, por eso tanto el aceite como las propias semillas pueden jugar un papel muy positivo en nuestra salud. Tenemos la suerte de haber crecido con la dieta mediterránea, esa que en todo el mundo es sinónimo de salud, y su componente principal, el aceite de oliva. El lino también cumple todos los requisitos para ser incorporado a esta dieta. Esto se debe a su alto contenido de ácidos grasos omega 3 y linoleico.

Los ácidos grasos omega 3 se relacionan directamente con una menor incidencia de enfermedades cardiovasculares. Por ejemplo, en un estudio del doctor Clemens Von Schaky y su equipo de la Universidad de Múnich, se llegó a la conclusión de que "la ingesta dietética de ácidos grasos omega 3 mitiga la incidencia de la arteriosclerosis en humanos". Esto podría explicar por qué determinadas poblaciones que tradicionalmente han ingerido muchos ácidos grasos omega 3, como los inuits o los japoneses, tienen una baja incidencia en enfermedades cardiovasculares.

El otro ácido graso que hace que el lino sea tan beneficioso para nuestra salud es el ácido linoleico (un ácido graso omega 6). Este obtiene su nombre del propio lino y es un ácido graso esencial (el cuerpo no puede sintetizarlo por sí mismo, tiene que obtenerlo de fuera). Al linoleico se lo relaciona con multitud de efectos beneficiosos en nuestra salud. Entre ellos, podría encontrarse un papel en la prevención del cáncer de mama en mujeres menopáusicas, tal y como sugirió el estudio de los investigadores finlandeses Antti Aro, Satu Männistö, Irma Salminen y su equipo, en el que llegaron a la conclusión de que "un bajo consumo de ácido linoleico se ha asociado a un mayor riesgo de padecer cáncer de mama en mujeres menopáusicas".

Consumir al día entre un 5% y un 10% de calorías procedentes de omega 6 reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares

También la diabetes se perfila como otra posible diana frente a la que actuaría el ácido linoleico. El equipo de investigadores de la estadounidense Purdue University, dirigido por Karen L. Houseknecht, descubrió "la primera evidencia de que el ácido linoleico es capaz de normalizar la intolerancia a la glucosa".

Al igual que los ácidos omega 3, el ácido linoleico también tiene efectos positivos sobre nuestra salud cardiovascular. Un informe publicado por la American Heart Association (Asociación Estadounidense del Corazón) se hacia eco de que "consumir entre un 5% y un 10% de la ingesta calórica diaria de ácidos grasos omega 6 [como el linoleico] reduce el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares". Comer grasa nunca había sido tan sano.