Los ácidos grasos omega 3 son un componente indispensable de las membranas que rodean cada célula del organismo y están presentes en alimentos como el pescado, las nueces, el aceite de linaza, las semillas de chía o la soja. Además, “proporcionan calorías para dar al organismo energía y tienen muchas funciones en el corazón, los vasos sanguíneos, los pulmones, el sistema inmunitario y el sistema endocrino —la red de glándulas productoras de hormonas—”, explican desde el National Institute of Health.

Tal es su importancia para el funcionamiento adecuado del organismo que el mercado está plagado de un sinfín de suplementos dietéticos de omega 3. Estos incluyen aceite de pescado, aceite de krill, aceite de hígado de bacalao o aceite de alga, entre otros. Eso sí, su consumo siempre debe ser inferior a los dos gramos diarios, según la recomendación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos. Sin embargo, a pesar de la popularidad que esta parte del sector ha experimentado en los últimos años, una sombra de aprensión y sospecha ha acechado siempre a este tipo de productos. ¿Sirven de algo los suplementos de omega 3?

Un producto sin garantías científicas

Son muchos los expertos en el campo que rechazan las supuestas virtudes de los suplementos de omega 3, los mismos que todavía no han obtenido el respaldo de ningún estudio, investigación o comunidad científica. Por ejemplo, un estudio publicado en 2015 por la prestigiosa revista 'JAMA Cardiology' determinó que no había diferencias significativas en la función cognitiva entre los sujetos que consumieron placebo durante el proceso y aquellos que sí incluyeron dichos suplementos en su dieta diaria.

Es importante no sustituir los alimentos por estos complementos.
Es importante no sustituir los alimentos por estos complementos.

Siguiendo con la misma teoría, otro análisis difundido por el mismo medio en marzo de este mismo año dejaba también en evidencia la inexistencia de un vínculo entre la ingesta regular de estos suplementos y los beneficios para la salud cardiovascular que suelen publicitar. “Los resultados de este análisis de estudios mayores no proporcionan apoyo para las recomendaciones actuales de usar suplementos de aceite de pescado para prevenir los ataques cardíacos y los infartos cerebrales”, dijo el investigador principal Robert Clarke, profesor de epidemiología y medicina de la población en la University of Oxford (Reino Unido).

Y es que, a pesar de la falta de apoyo por parte de algunas entidades especializadas, son muchos los organismos que los siguen recomendando, sobre todo para los pacientes que padecen alguna enfermedad de las arterias coronarias, artritis o dolor en las articulaciones. No obstante, recordamos que no existen datos clínicos que apoyen estas afirmaciones.

No hay evidencias científicas que recomienden estos suplementos para prevenir accidentes cardiovasculares

El principal problema de esta tendencia es que al consumir este tipo de suplementos, el individuo suele dejar de lado y comienza a menospreciar aquellos alimentos que realmente incluyen omega 3 en su composición. “Si se toma acompañado de una dieta adecuada y ejercicio físico… Al fin y al cabo darían unos resultados que justificarían su abandono. Aquí el problema es el mensaje inadecuado que se está enviando a la población. Detrás del consumo de un suplemento están la dieta, el ejercicio físico, pero sobre todo el riesgo que entraña dar un complemento es precisamente el de perpetuar los malos hábitos que han provocado el motivo que te empuja a usarlo”, critica el dietista-nutricionista Aitor Sánchez en su blog personal 'Mi dieta cojea'.

La mayoría de suplementos no sirven para nada

Tras el chasco de los suplementos alimenticios de omega 3, es imposible no cuestionar el resto de opciones que colman el mercado y que prometen los mismos resultados que su compañero de batalla. Afortunadamente, el portal interactivo Information is Beautiful ha publicado un enorme gráfico que deja clara la influencia de este tipo de compuestos en la salud del organismo, en función de su evidencia científica. Junto a los ácidos grasos omega 3, los suplementos de té verde pensados para reducir el colesterol o prevenir el cáncer no cuentan con pruebas científicas concluyentes.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Otras opciones que tampoco son demasiado útiles son los complementos alimenticios basados en el ginseng, la lavanda, el té negro, el aloe vera o la espirulina. No obstante, estos al menos resultan inofensivos para el cuerpo humano. Otros suplementos no solo no aportan nada, sino que en algunos casos pueden resultar perjudiciales. Hablamos de los antioxidantes, el ácido fólico, la valeriana o el retinol.

Afortunadamente, no todo está perdido, pues existen algunos suplementos que sí ayudan a los pacientes a suplir esas carencias nutricionales que pueden poner en riesgo su salud. Entre los productos con mayor evidencia científica, destacan la cafeína, el jengibre, la vitamina C, el aceite de coco, el calcio o el hierro. Estos participan activamente en la prevención de riesgo de accidente cardiovascular, el fortalecimiento de la memoria, el desarrollo psicomotor de los niños o la lucha contra la obesidad. Por eso, antes de iniciar un tratamiento paralelo, es importante que te informes de las secuelas de dicho complemento y su relación con la enfermedad que quieres tratar, además de consultarlo con tu médico de cabecera.