Ingerir cinco piezas de fruta al día es una de las recomendaciones nutricionales más repetidas por los profesionales de la salud en los últimos años. Las razones son numerosas, pues la fruta constituye un auténtico cóctel de beneficios nutricionales, dado que es rica en vitaminas, en fibra, en antioxidantes, en minerales y en algunos macronutreintes, los cuales ejercen influencia directa en el buen funcionamiento de todas las funciones corporales y estimulan el funcionamiento del sistema digestivo e inmunológico.

Asimismo, las frutas no solo mejoran nuestra calidad de vida, sino que pueden ayudarnos a vivir mucho más. De hecho, la OMS subraya que "una ingesta insuficiente de frutas es uno de los diez factores principales de riesgo de mortalidad a escala mundial" y que un "consumo suficiente de frutas podría salvar hasta 1,7 millones de vidas al año". A lo que añade que "una ingesta insuficiente de frutas causa en todo el mundo aproximadamente el 19% de los cánceres gastrointestinales, el 31% de las cardiopatías isquémicas y el 11% de los accidentes cardiovasculares".

Según la OMS, el consumo suficiente de frutas podría salvar hasta 1,7 millones de vidas al año en el mundo

Por tanto, dentro del amplio espectro de alimentos disponibles, la fruta es una de las que mayor valor nutritivo aportan. Cada pieza contiene sus propios principios activos, los cuales pueden ayudaros a prevenir y mitigar ciertas dolencias. Unos beneficios nutricionales que no está de más conocer para hacer uso de ellas en función de nuestro estado de salud.

Kiwi: tránsito intestinal

Esta fruta oriunda de Nueva Zelanda tiene un alto contenido en fibra soluble, lo que la convierte en una de las mejores aliadas de la regulación del tránsito intestinal. Tiene un alto contenido en vitamina C (casi el doble que la naranja y el limón), la cual ayuda al fortalecimiento del sistema inmunitario y, por tanto, a la prevención de las enfermedades provocadas por los virus. Además, es rica en vitamina E, la cual mejora la circulación de la sangre y la salud cardiovascular y regula la presión arterial. A dichas bondades se añaden su alto contenido en potasio y en cromo, un mineral que ayuda a mantener el colesterol a raya y previene la aparición de la diabetes.

Foto: iStock.
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Fresas: antioxidantes

Son las reinas de la primavera, época en la que muestran su máximo esplendor y, por tanto, mejor saben. Esta fruta roja contiene cantidades generosas de fibra, lo que las convierte en un potente diurético, depurativo y regulador del tránsito intestinal. Sin embargo, dicha fruta sobresale por su alto contenido en antioxidantes, en concreto antocianinas. Estos, además de conferirle su característico color rojo, actúan previniendo el estrés oxidativo, evitan la acumulación de grasas en las arterias, ralentizan el envejecimiento celular y evitan ciertas mutaciones cancerígenas. Las fresas también poseen también fenoles, unas sustancias químicas que actúan previniendo las enfermedades inflamatorias, como el asma o la osteoartritis.

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Cerezas: depurativas

Esta fruta, que la naturaleza tiene el capricho de regalar en pequeñas dosis, puede presumir de ser una de las más depurativas de la carta frutera. Tal propiedad se debe a su alto contenido en agua, superior al 80%, en fibra y en potasio y a su bajo nivel en sodio.

Esta diminuta fruta contiene melatonina, un antioxidante que tiene el poder de regular los ciclos del sueño y el ritmo cardíaco, y antocianinas, que actúan previniendo enfermedades cardiovasculares, la artrosis y algunas enfermedades degenerativas, como el alzheimer.

Sandía: problemas de corazón

Refrescante, ligera y nutritiva, la sandía es una de las frutas por excelencia de la época estival. Contiene pocas calorías y mucha agua, lo que la hace muy diurética y especialmente indicada para las dietas de adelgazamiento o contra la obesidad. Además, aporta una buena cantidad de fibra, la cual es idónea para prevenir el estreñimiento.

La sandía contiene pocas calorías y mucha agua.
La sandía contiene pocas calorías y mucha agua.

Sin embargo, lo realmente interesante de esta fruta veraniega es su contenido de licopeno, un antioxidante que le da su característico color rojo, el cual actúa previniendo las enfermedades de corazón, evitando la aparición de cánceres relacionados con el papiloma y facilitando las funciones de las arterias. También, tiene citrulina, un aminoácido que relaja los vasos sanguíneos y mejora la circulación de la sangre. A tales bondades se suman su acción analgésica y antiinflamatoria. De hecho, se recomienda su ingesta para paliar el cansancio o para prevenir las agujetas.