Una niña judía de 11 años nacida en Trípoli ingresa en un hospital de Israel en 1958 con una fiebre reumatoide y es tratada por Zvi Laron, un pediatra israelí de origen rumano. Dos años más tarde publica el estudio de la paciente, no por el origen de su ingreso, sino porque descubre que, al margen de la fiebre reumatoide, padece una mutación genética muy rara, que además es asintomática. Es más, no necesita tratamiento, porque es benigna. Una vez curada la fiebre, no es cuestión de tratarla, sino de estudiar su caso, ya que es una oportunidad de entender cómo procesan la fructosa de forma diferente y sus posibles beneficios. Ahora, Pfizer trabaja en un medicamento apovechando las características de la mutación genética, a pesar de que existen muchas dificultades.

Las personas que sufren el trastorno metabólico de la Fructosuria son inmunes al exceso de azúcar

Zvi Laron, que sería responsable seis años más tarde, en 1966, de la descripción de un nuevo tipo de enanismo al que puso nombre -el Síndrome de Laron- explica que es tan rara, que apenas tiene una incidencia de 1 de cada 120.000 personas. El primer caso conocido fue descrito por Zimmer y Czapek en 1876, tal y como detalla en su estudio de la paciente. A lo largo de los años, gotean en la literatura médica algunos casos más: en 1942 se contabilizan 39 casos detectados, en 1952, 1953 y 1956 otros tantos.

Mutación benigna

Lo relevante no es la dolencia: sufren, o mejor dicho, disfrutan, de la denominada Fructosuria, que podría ser una herramienta futura para prevenir la epidemia de salud más preocupante y con más incidencia ahora mismo en EEUU y los países desarrollados: el sobrepeso, la obesidad y la diabetes tipo 2.

¿Por qué es tan importante la mutación genética que afecta al metabolismo del azúcar? En 2009, un equipo de científicos liderados por Kimber L. Stanhope y Peter J. Havel, publican un estudio: 'Consuming fructose-sweetened, not glucosesweetened, beverages increases visceral adiposity and lipids and decreases insulin sensitivity in overweight/obese humans' que entre otros aspectos, coincide con Laron en las consecuencias más inmediatas de la mutación genética que produce la Fructosuria: un trastorno del metabolismo que resulta en un funcionamiento defectuoso de de la enzima de la fructoquinasa.

La obesidad y la diebtes tipo 2 son la pesadilla médica y el reto nutricional del mundo desarrollado

Lo que ocurre al sufrir esta patología benigna es que el organismo prácticamente se hace inmune a los niveles elevados de azúcar en sangre y a la resistencia insulínica: es decir, el agotamiento del páncreas, que ocurre cuándo es incapaz de segregar la suficiente insulina para regular la glucosa en sangre. Esta circunstancia les protege de los efectos adversos que producirían ambos escenarios: un riesgo elevado de desarrollar obesidad y diabetes tipo 2, además de la causa principal del hígado graso cuando no es producido por exceso de alcohol.

Foto: EFE
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Es importante porque la obesidad y la diabetes tipo 2 son la pesadilla médica y el reto nutricional del mundo desarrollado. Su elevada incidencia es la que ha desatado en gran parte la guerra contra la industria del azúcar liderada por médicos, epidemiólogos dedicados a los estudios clínicos y divulgadores científicos, como es el caso del exitoso libro de Gary Taubes: 'Contra el azúcar'. Ed. Kaidos.

Todos inciden en la relación causa-efecto de la ingesta de azúcares añadidos y las enfermedades citadas. En España están presionando para gravar con un impuesto a las bebidas azucaradas, del mismo modo que ya ocurre con el tabaco o el alcohol. Los estudios sobre la mutación genética llamaron la atención de las farmacéuticas, que dedicaron recursos para investigar todo lo relativo a la Fructosuria: una carrera para lograr un 'antidoto' a partir del trastorno metabólico.

Las farmaceúticas se fijaron en las posibilidades de la mutación para lograr un medicamento muy rentable

El objetivo era desarrollar algún medicamento que pudiera servir a las personas que no sufren la patología, lo que podría haber resultado en un tratamiento anti obesidad o diabetes tipo 2: un auténtico avance científico y sin duda un jugoso negocio, debido a los números del mundo desarrollado y las previsiones de la OMS, que lo calificó ya hace algunos años como epidemia. La compañía Johnson & Johnson invirtió tiempo y dinero hace ya una década en un estudio liderado por el especilaista Bruce Maryanoff, que trató de establecer algún nexo entre los casos clínicos y el funcionamiento de la mutación para desarrollar el deseado medicamento.

Estudios prometedores

Sin embargo, Johnson & Johnson abandonó la investigación ya que Maryanoff, a pesar de desarrollar varias versiones del medicamento, éstas fracasaron antes incluso de llegar a un estudio clínico, tal y como informó Bloomberg. Hay que recalcar que en el caso de la Frutosuria se juntan dos aspectos: el primero, que es una enfermedad rara y el segundo, que es una patología benigna y asintomática que no requiere de tratamiento. Ni siquiera de una dieta especial.

Todo ello la convierte prácticamente en invisible: no se identifican nuevos casos con facilidad, ya que los que la sufren están sanos y sólo puede aparecer en una consulta cuando se produce una enfermedad distinta, como en el caso descrito por Laron: al realizar algunas de las pruebas médicas básicas puede salir a la luz.

La batalla aún continúa. Johnson & Johnson publicó los resultados de sus investigaciones y Pfizer retomó el testigo para intentar de nuevo un medicamento. Algunos científicos, como Richard Johnson, de la Universidad de Denver, han seguido también los pasos de Maryanoff y las averiguaciones de Stanhope y Havel, que ya apuntó en 1960 el medico isarelí Zvi Laron. La companía farmaceútica publicó un estudio pre clínico en 2013 y en 2016 continuó ya con ensayos en pacientes. Aunque son prometedores, aún existen dificultades que sólo se despejarán cuando la farmaceútica o el propio Richard Johnson publiquen nuevos resultados que afiancen la posibilidad o no de que sea efectivo en el tratamiento de la obesidad, la diabetes tipo 2 y el hígado graso.