Tomar azúcar aumenta los niveles de glucosa en sangre y esto puede influir en la aparición de ciertas enfermedades como la diabetes. Entonces... si tomamos menos azúcar, todo solucionado, ¿no? Ojalá todas las respuestas fueran así de simples, pero no.

Un nuevo estudio realizado por los investigadores Robbert Bipat y Jerry R. Toelsie, de la Universidad de Surinam, ha revelado que tomar un vaso de agua y un dónut aumenta mucho más los niveles de glucosa en sangre que comerse solo el dónut, y lo más extraño de todo: los aumenta más que comerse dos dónuts seguidos. ¿Cómo es posible?

Beber un vaso de agua junto con un donut aumenta más el nivel de glucosa en sangre que dos dónuts seguidos

Eso mismo siguen preguntándose los científicos responsables de la investigación. Porque los mecanismos por los que este hecho tiene lugar no están claros todavía. Pero hay hipótesis. Una de ellas es que al tracto intestinal le es mucho más fácil absorber los nutrientes si estos están disueltos en agua, y el azúcar es algo que se disuelve muy bien. Aunque los investigadores no quieren mojarse y por eso aclaran que "es necesaria más investigación al respecto para evaluar las causas y los mecanismos con mayor detalle".

En realidad no es la primera vez que un estudio aporta resultados tan importantes al respecto del consumo de agua con las comidas. Ya en 1989, los investigadores I. Torsdottir y H. Anderson, de la Universidad de Gotemburgo en Suecia, descubrieron que tanto los pacientes de diabetes tipo 2 como los sujetos sanos incrementaban más sus niveles de glucosa si acompañaban sus comidas (para este estudio se utilizó un almuerzo de patatas asadas y carne) con un vaso de 300 ml de agua del grifo. Y de nuevo, en este estudio los investigadores advertían de que "es importante comprender mejor los factores que afectan a las respuestas fisiológicas a la comida". Pero al mundo científico aquella llamada a la investigación no le pareció la máxima prioridad y hasta ahora no se había retomado el asunto.

La parte buena es que el nuevo estudio de los investigadores surinameses añadió ciertas variables que han permitido detallar mejor los efectos de la ingesta de líquido con las comidas. Los sujetos de estudio, hombres y mujeres sanos de entre 18 y 28 años de edad, fueron repartidos en 5 grupos. Cada uno de ellos hizo una ingesta diferente (dónut sin agua, con agua, con agua 30 minutos antes, con agua 30 minutos despues y dos dónuts). Los niveles de glucosa fueron medidos múltiples veces. La ingesta de un dónut con agua aumentó el nivel de glucosa en mayor medida incluso que los dos dónuts (uno 30 minutos antes del otro). El resto de opciones obtuvo resultados muy similares entre ellas, siendo la ingesta de agua 30 minutos antes que la del dulce la opción que menos repercusión tuvo en los niveles de azúcar en sangre de los sujetos de estudio.

Cambiar los refrescos por vasos de agua no le va a ayudar a evitar la diabetes. (iStock)
Cambiar los refrescos por vasos de agua no le va a ayudar a evitar la diabetes. (iStock)

Los autores del estudio comentan que "los niveles de glucosa postpandrial (despúes de comer) juegan un importante rol en el desarrollo de enfermedades crónicas como la diabetes". Que suban demasiado altos estos niveles de azúcar en sangre o muy rápido pone directamente en riesgo nuestra salud, por lo que todos los descubrimientos y avances de la ciencia respecto a este tema serán bien recibidos. Al igual que el estudio publicado por la investigadora Jennie C. Brand-Miller y su equipo de la Universidad de Sidney, en el que se decía que "un consumo moderado de alcohol durante las comidas baja el nivel de glucosa postpandrial".

¿Deberíamos extrapolar de este estudio que lo más saludable para nuestros cuerpos es beber media hora antes de nuestras comidas? Para algunos expertos como los de la Ottawa West Nutrition, está claro que eso es lo que habría que hacer, aunque, curiosamente, por distintas razones. Según su teoría, beber media hora antes de las comidas ayudaría a nuestro cuerpo a preservar los jugos gástricos, que podrían diluirse en el agua y ser menos efectivos si ingerimos esta durante la comida.

Lo que está claro es que llevamos tiempo descubriendo que no solo lo que comemos afecta a nuestra nutrición y bienestar: la hora, la temperatura o las cantidades de los alimentos también repercuten. Aunque quién nos iba a decir que algo tan sano como el agua podía ser, a la vez, tan malo.