Tomate, azúcar, sal, vinagre de alcohol, extractos de especias. Son los ingredientes del kétchup, una de las salsas más exitosas y probablemente la favorita de los niños. Los españoles cada vez somos más amigos de las salsas. Como indican los últimos datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el año pasado cada uno de nosotros consumimos 2,60 kilos de este producto, casi un 4% más que en 2016. Y de ellas, ocupa el segundo lugar entre nuestras favoritas (después de la mayonesa, siempre imbatible); el tercero si incluimos el tomate frito.

Un producto tan demandado requiere que se le preste atención. ¿De dónde viene el kétchup? ¿Por qué nos gusta tanto? Y, lo más importante, ¿es saludable?

La salsa original no tenía tomate y se usaba como conservante de carnes y pescados, no de acompañamiento

El origen de esta salsa tan particular se encuentra en China; su nombre era ke-tsiap y consistía en una mezcla de vinagre y azúcar que ayudaba a conservar carnes y pescados. No era por tanto un acompañamiento ni tampoco tenía el que hoy día es uno de sus ingredientes principales, el tomate. Los marineros europeos que desembarcaban en Oriente quedaron fascinados con ella y empezaron a utilizarla y a darla a conocer en el viejo continente, donde el empresario conservero Henry John Heinz le dio el espaldarazo definitivo en el último tercio del siglo XIX, al incorporar a la receta el tomate y convertirla, ya sí, en una señora salsa.

Ojo con el exceso de azúcar

La respuesta a la segunda pregunta que nos planteábamos al principio va unida a la tercera. El kétchup nos encanta por su particular sabor... a azúcar. Consultando una de las marcas con más proporción de concentrado de tomate y menos de azúcar, esto es, una de las de mejor calidad, encontramos 24 gramos de azúcar por cada 100 gramos de producto, lo que supone casi un tercio del mismo. Según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), el azúcar que contiene una ración de kétchup es equivalente a la de un terrón.

Foto: iStock.
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En los últimos años la 'guerra al azúcar' está servida. Su alto consumo está directamente relacionado, además de con la consabida aparición de caries, con la obesidad y otras enfermedades metabólicas, como la diabetes tipo 2. Y la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que la cantidad que tomemos no supere el 5% de las calorías totales del día.

Si bien los datos de obesidad en adultos a nivel mundial son preocupantes (su tasa se ha triplicado desde 1970 y ya hay más de 650 millones de obesos) aún lo son más los que se refieren a los niños. El 19% de los niños y el 17% de las niñas en España tienen obesidad. Esta enfermedad supone que tengan muchos más riesgos que el resto de sufrir diabetes, problemas cardiovasculares y respiratorios, entre otros, cuando sean adultos. Paradójicamente, los niños de nuestro país se encuentran entre los que tienen más sobrepeso de Europa, cosa que no debería pasar si siguieran habitualmente la dieta mediterránea, en cuya lista de alimentos no se incluye el kétchup.

El consumo de kétchup va ligado a la comida rápida de baja calidad, lo cual no ayuda a seguir una dieta sana


El segundo punto débil de este producto es su también alto contenido en sal, si bien no tan elevado como de azúcar. Y con ella pasa algo parecido, es fácil que consumamos más de la que necesitamos; y un exceso aumenta el riesgo de sufrir problemas de salud como la hipertensión (que afecta a más del 40% de los adultos en nuestro país, según un estudio publicado en la 'Revista Española de Cardiología'), la osteoporosis o los accidentes cerebrovasculares.

En cada ración de kétchup (un sobre de 15 gramos) tenemos, según indica la OCU, 0,36 gramos de sal. La recomendación de la OMS es no alcanzar los 5 gramos diarios de sodio.

Foto: iStock.
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La doctora María Amaro, experta en Nutrición, señala a Alimente: "A la pregunta de qué beneficios tiene el kétchup mi respuesta es que ninguno. Contiene mucha azúcar y mucha sal. Pasa de las cien calorías por cien gramos. En general no nos aporta gran cosa".

Uno de los 'problemas' del kétchup es que su consumo se asocia a la comida rápida, ya que va perfecto con perritos, hamburguesas, patatas fritas, nuggets... Con lo que las calorías ahí ya se disparan, al igual que las grasas, que por sí solo el kétchup no tiene. Y otro es que los niños se lo pondrían absolutamente a todos los platos, con lo cual acaban disfrazando los sabores naturales con la potencia del kétchup, y esto les hace flaco favor a la hora de educar el paladar.

Leer y comparar etiquetas, un consejo a seguir

Según la doctora, "como algo puntual, un fin de semana que salimos, no pasa nada por tomarlo. Pero no debemos tener el bote de kétchup en casa, en la mesa como un acompañamiento más de la comida. Abusando de él estaremos consumiendo mucha sal, mucho azúcar, un concentrado de tomate pequeño y un contenido en general nada saludable. No estamos obteniendo proteínas y las vitaminas que encontramos son mínimas. Por ejemplo, las del grupo B, que son las más importantes para el desarrollo intelectual del niño, aquí no están presentes".

¿Cuál es la mejor alternativa al kétchup? Lógicamente, una salsa de tomate casera. Y si el tiempo apremia, la nutricionista aconseja optar por el tomate natural de bote, antes de por el kétchup, que debe quedar para ocasiones puntuales. En todo caso, ¿cuál es el mejor? Aquí el consejo también está claro: "Hay que mirar las etiquetas. Hay muchas diferencias entre unas marcas y otras y si bien las mejores tienen cierto porcentaje interesante de tomate, otras menos tomate tienen de todo. Miremos la cantidad de sal, la de azúcar... y elijamos la opción más saludable".