La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reconocido a la dieta nórdica como una de las más sanas del mundo. Esto nos obliga a reparar en las bondades de dicho método, que presenta importantes similitudes con la dieta mediterránea y que se ha convertido en la opción gastronómica de países como Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia. La OMS recoge en su informe la coincidencia de varios estudios que aseguran que quienes apuestan por este régimen tienen menos posibilidades de desarrollar enfermedades cardiovasculares o diabetes. Sin embargo, reconocen que no está tan estudiada como la mediterránea, que lleva décadas considerada como la más beneficiosa para el organismo.

Las excelencias de esta dieta han sido puestas en valor por doce chefs visionarios, que aunaron sus talentos para elaborar una suerte de manifiesto en el que ensalzan una cultura alimentaria común, al igual que "los alimentos puros, simples y seguros, producidos con un alto estándar ético". Bajo esta premisa, y tras la correspondiente puesta a punto, la dieta nórdica ha vuelto reforzada y lista para llenar de salud el estómago de los consumidores.

Eso sí, debemos tener presente que esta dieta se ciñe a las características culinarias de dichos países y a los alimentos cercanos que abundan en la región, como es el caso de los frutos rojos. ¿Qué otros factores hacen de la dieta nórdica una alternativa tan especial? La primera y más destacable es que sustituye el aceite de oliva, tan presente en la dieta mediterránea, por el aceite de colza.

Hola, aceite de colza

Foto: iStock.
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Lejos de echarnos las manos a la cabeza -muchos consumidores todavía recuerdan el trágico suceso del aceite de colza adulterado que tuvo lugar en España-, debemos saber que, según el portal web Atención al Consumidor, el aceite de colza es una gran fuente de vitamina A. Sin embargo, su rasgo más apreciado es que, junto al pescado azul, “constituye uno de los alimentos que mayor y mejor aporte realizan de ácido linoleico, más conocido como omega 3”. También proporciona vitamina E y su precio lo hace muy asequible.

Así, este aceite constituye uno de los pilares de la dieta nórdica, pero, por supuesto, hay mucho más que desgranar. Otra de sus peculiaridades es la incorporación de frutos rojos, pues en los países del norte abundan las fresas, los arándanos, las frambuesas, las moras y el escaramujo, entre otros.

La diferencia más evidente entre la dieta nórdica y mediterránea es el uso de aceite de colza en lugar de oliva

Como hemos visto anteriormente, "la dieta nórdica es un patrón de dieta saludable que comparte muchos elementos con la dieta mediterránea", explica el Dr. Frank Hu, profesor de nutrición en la Universidad de Harvard (Estados Unidos). Lo cierto es que, efectivamente, estas semejanzas con la mediterránea saltan a la vista, aunque siempre existen pequeñas discrepancias. En concreto, los comensales de ambas dietas degustan profusamente verduras, legumbres y pescados -en particular pescado azul-, además de mariscos y aceite, en este caso de colza. Por su parte, el consumo de carne roja se reserva únicamente para las grandes ocasiones.

Además, se evita a toda costa los archiconocidos efectos nocivos de los alimentos procesados, la comida rápida e incluso el azúcar añadido. Tampoco faltan las carnes de caza. Sin embargo, es cierto que el pescado azul que encontramos en la pirámide alimentaria báltica difiere de nuestras sardinas y boquerones, pues allí se reemplazan por el salmón, los arenques y las caballas.

Ayuda a perder peso

Foto: iStock.
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Otro de los beneficios de esta dieta es que nos ayuda a deshacernos de esos kilitos de más. En concreto, diversos estudios han demostrado que la dieta nórdica formenta la pérdida peso. La presión arterial también puede mejorar e incluso podría mantenernos a salvo del desarrollo de una enfermedad como el alzhéimer.

Un poder adicional

Según explica Julie Corliss, editora del Harvard Heart Letter, este régimen presenta una ventaja adicional y es que es muy respetuoso con el medio ambiente. “Las dietas a base de plantas usan menos recursos naturales (como el agua y los combustibles fósiles) y generan menos contaminación que las dietas que contienen mucha carne”, resalta. Además, comer alimentos producidos localmente también “reduce el consumo de energía y el desperdicio de alimentos”.

Lamentablemente, Corliss reconoce que todavía no se ha probado que “la dieta nórdica prevenga las enfermedades cardíacas en la misma medida que la dieta mediterránea”. Aunque, como ya comentamos en un párrafo anterior, lo novedoso de este método ha impedido que se pueda estudiar más detalladamente. El tiempo ya se encargará de poner cada dieta en su lugar.