Nuestra comida debería ser nuestra medicina y nuestra medicina debería ser nuestra comida. Uno de los médicos más importantes del mundo occidental, el mismísimo Hipócrates, pronunció esta frase allá por el siglo V y su vigencia sigue siendo absoluta.

Hoy en día, cuando la obesidad alcanza las cotas más altas de la historia, y subiendo, los especialistas centran su mirada en la alimentación como fuente de salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay más de 1.900 millones de personas con sobrepeso en el mundo y más de 650 millones son obesas. Cifras tan apabullantes como las que se ofrecen al centrar la mirada en los niños: hay 124 millones de niños obesos en el mundo, según un estudio de la OMS y el Imperial College de Londres, publicado hace unos meses en 'The Lancet'. Tan malo como esta cifra es que supone que la obesidad infantil se ha multiplicado por diez en los últimos 40 años; y que si esta tendencia continúa como hasta ahora, en cuatro años habrá más niños y adolescentes con obesidad que con bajo peso moderado.

El índice de masa corporal resulta insuficiente si queremos (y queremos) saber cuánta grasa nos sobra


Tradicionalmente nos fijamos en el índice de masa corporal (que consiste en dividir el peso, en kilos, entre la talla, en metros, elevada al cuadrado) para averiguar si estamos en nuestro peso óptimo, si estamos bajos de peso o si el sobrepeso ha hecho su aparición. Sin embargo, a la hora de valorar el sobrepeso es importante tener en cuenta un valor de medición más, el del perímetro abdominal.

La grasa abdominal propicia enfermedades serias

¿Por qué? Existen varios motivos. El primero es que el índice de masa corporal puede resultar en algunos casos 'engañoso' por incompleto: no distingue el origen del peso y un deportista puede tener un peso elevado debido a su masa muscular, mientras que una persona sedentaria puede tener un peso excesivo debido a la grasa blanca acumulada. Mientras que el primero puede tener un índice de masa corporal elevado y estar perfectamente sano, la salud del segundo corre bastantes más riesgos.

Foto: iStock.
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Por otro lado, diversos estudios relacionan directamente la grasa abdominal con una mayor probabilidad de padecer distintas enfermedades, con lo que la ubicación de nuestra grasa es tan importante como la cantidad de la misma. Según una reciente investigación realizada por la Universidad de Harvard y el Hospital General de Massachusetts y publicada en 'JAMA', la acumulación de grasa abdominal está relacionada con un mayor riesgo de desarrollar diabetes de tipo 2 y enfermedades coronarias. La adiposidad abdominal excesiva afecta en mayor medida a los hombres que a las mujeres y, tal como confirmó un estudio del departamento de Urología de la Universidad de Cornell, afecta negativamente a la próstata y está directamente relacionada con la disfunción eréctil.

El poder antiobesidad del calcio

¿Cuál es entonces la medida idónea del perímetro abdominal que debemos perseguir? Según la Fundación Española del Corazón, 88 centímetros para las mujeres y 102 en los hombres. ¿Y qué alimentos nos ayudan a quemar grasa abdominal y a evitar los indeseables michelines, con los problemas que conllevan? Los que señalamos a continuación son perfectos para ese fin:

  • Salmón. Un pescado recomendable por ofrecer proteína de alto valor biológico y ser muy rico en vitamina D, cuya carencia suele estar presente en las personas obesas, como demostró un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Columbia.
  • Brécol. Ligero, lleno de vitaminas y rico en calcio, mineral que juega un papel importante en la pérdida de peso. Lo asegura una investigación conjunta de varios departamentos universitarios estadounidenses y publicada en el 'Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism': los suplementos de calcio durante una dieta baja en calorías favorecen la pérdida de peso y de grasa visceral.
  • Yogur natural. Por el mismo motivo anterior, el yogur entero (y sin azúcar) se recomienda en dietas de control de peso. Además, es rico en probióticos (bacterias 'buenas') y por ello favorece la salud intestinal; y con una microbiota sana, tal como muestra un estudio de la Universidad de Viena, perderemos la grasa abdominal más fácilmente. Si le añades al yogur unos frutos rojos, con alto poder diurético, el efecto será mayor.

Foto: iStock.
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  • Espárragos. Son diuréticos y ayudan a evitar la retención de líquidos. Del mismo modo, es importante mantenerse bien hidratado, por lo que hay que beber varios vasos de agua al día, más la que lleven otras bebidas como zumos, infusiones o leche, y las propias comidas. No hay una recomendación única en cuanto al consumo de líquidos, ya que variará mucho de una persona a otra en función, por ejemplo de su peso, edad, altura o actividad física.
  • Guayaba. Es una fruta que merece ser más conocida, ya que tiene muy pocas calorías, muchas vitaminas y un gran contenido en fibra. Esto último la convierte en una buena aliada, además de porque protege la salud intestinal, porque se ha comprobado que una dieta alta en fibra ayuda a perder peso.
  • Nueces. Como señala una investigación de la Universidad de Barcelona, su consumo habitual (y moderado) ayuda a perder grasa abdominal. El 'secreto' está en que su ingesta dispara la serotonina, hormona que además mejora el estado de ánimo y es saciante.

Además de aumentar el consumo de estos productos es conveniente ir eliminando de la dieta las grasas saturadas y los azúcares simples, según recomienda la Fundación Española del Corazón, que también aconseja mantenerse activo, practicando ejercicios aeróbicos y de fuerza, así como procurarse un buen descanso nocturno y alejar en la medida de lo posible el estrés para plantar cara, con éxito, a la grasa abdominal.