Hay una serie de ingredientes que se han ganado el calificativo de superalimentos por sus propiedades y supuestos aportes beneficiosos para el organismo. Las semillas de chía forman parte de este grupo y en los últimos tiempos se han puesto de moda convirtiéndose en un producto cada vez más extendido en restaurantes y supermercados. Ante esta tesitura, habrá quien se pregunte cuánto de buenas y positivas son. Para indagar en ello y ofrecer una respuesta, en Alimente queremos repasar lo que la ciencia ha demostrado sobre ellas para así saber cómo incorporarlas, o no, a nuestra alimentación.

Un alimento con múltiples beneficios probados

Estos granos ya eran utilizados desde la antigüedad, no es que se hayan descubierto en los últimos años. Y es que las semillas de chía tienen una serie de beneficios para el organismo que las convierte en una opción a tener en cuenta para incorporar en los hábitos alimenticios saludables. Su principal baza es que son una fuente natural y vegetal de ácidos grasos omega 3, esenciales para el cuerpo humano porque este no puede generarlos y están relacionados con muchas funciones fisiológicas. Ácido clorogénico, cafeico, miricetina, quercetina y kamepferol son algunos de los antioxidantes que estas semillas también pueden aportar, los cuales están asociados a una protección cardíaca y hepática, así como a unas características anticancerígenas y antiedad. También son altas en proteínas, fibra, vitaminas, minerales y compuestos fenólicos; y no tienen gluten.

Una cucharada de semillas de chía.
Una cucharada de semillas de chía.

En base a todas estas propiedades, un estudio publicado en 2016 en el 'Journal of Food Science and Technology' demostró científicamente que la chía tiene efectos terapéuticos en el control de la diabetes, la dislipidemia y la hipertensión. También posee un fuerte poder como antiinflamatorio, antioxidante, laxante, antidepresivo, antiansiedad y analgésico; además de favorecer la coagulación sanguínea, la visión y mejorar el sistema inmunológico. Estas cualidades han llevado a que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria recomiende un consumo de 15 gramos de chía al día -dos cucharadas soperas- como una forma de contar con un aporte óptimo de omega 3. Además, se trata de un alimento altamente calórico, por lo que abusar de él puede hacernos aumentar nuestra ingesta energética.

Una vez conocidos los beneficios probados y las recomendaciones realizadas por las instituciones pertinentes, habrá quien quiera saber cómo incorporar dicho alimento a su dieta diaria. Las semillas de chía son muy versátiles y son varias las elaboraciones en las que estas pueden aportar un toque interesante a nivel gastronómico.

Elaboraciones para incorporarlas

Foto: iStock.
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  • Con leche. Cuando las semillas de chía se hidratan con algún líquido, liberan una sustancia que hace que se forme una especie de gelatina. Así, al mezclarlas con leche se crea algo parecido a un pudding que se puede comer con cuchara. Esta elaboración se ha puesto de moda a la hora del desayuno y es que basta con añadirle algo de fruta para que tenga un gusto dulce y sea un plato rico en proteína, fibra y energía -además de otros micronutrientes-, que resulta ideal para saciarse y comenzar la jornada.
  • Con yogur. Igual que ocurre con la leche, las semillas se pueden añadir a un yogur con frutos secos. De esta forma, mejoramos el aporte nutricional de dicha comida, a la vez que aportamos un matiz diferente en la textura de cada bocado. Basta con echar una cucharada para cumplir con la media ración diaria.
  • En ensaladas. Las semillas se pueden combinar con verduras, frutas y cereales como la quinoa, por ejemplo, para crear unas ensaladas con una amplia variedad de ingredientes, sabores y texturas, muy completas a nivel nutricional. Solo hay que añadirlas como un alimento más, mezclarlo todo y disfrutar de ellas.
  • En hamburguesas. El vegetarianismo y el veganismo han llevado a ingeniar nuevas maneras de comer las recetas de siempre pero con productos que no procedan de animales. Las hamburguesas son un ejemplo. Estas se pueden elaborar con legumbres como la soja, las lentejas o los garbanzos, los cuales se apelmazan al añadir pan rallado o harina. Para que ganen sabor, más propiedades y contrastes, se pueden incorporar otros elementos como son, en este caso, las semillas de chía. Estas contribuyen a que resulten más sólidas al absorber parte del líquido y a que tengan un toque crujiente al morderlas.