En algun momento, la inmensa mayor parte de nosotros hemos estado preocupados por nuestra figura y, por tanto, por nuestra salud. Adelgazar es un esfuerzo absolutamente titánico en el que fuerza de voluntad, disciplina y ciencia se unen para crear la tortura perfecta. En un estudio publicado por el doctor en biología molecular Martjin Katan, miembro de la Real Academia Holandesa de las Ciencias y el doctor en medicina David Ludwig, del Boston Children's Hospital, los científicos se preguntaban: "¿Cuánto peso ganaría un individuo que comiese, cada día, una galleta de chocolate durante toda su vida?". La intuición nos dice que, bueno, aunque no ayuda a una dieta de adelgazamiento, una sola galleta diaria no nos provocará obesidad. Los investigadores explican que, usando el método tradicional (en el que un kilo de grasa humana contiene 7.000 kcal), una galleta que nos aporte un extra de 60 calorías, aumentará nuestro peso 8 gramos cada día, lo que en un mes supondrá 0,25 kilos, 3,08 kg en un año y 30,8 kg en una década, obesidad garantizada. "Esto, por supuesto, no ocurre", explican.

No se engorda indefinidamente...

"El peso corporal se mantiene constante siempre y cuando el número de calorías gastadas sea el mismo que el de las ingeridas (ya sea por el ejercicio físico o por los procesos metabólicos)". Nuestro cuerpo no es estúpido y si tiene combustible de más, lo utiliza para crear nuevos tejidos 'por si acaso'.

"Con una galleta al día engordaremos hasta pesar 2,7 kg de más. Mantener los tejidos nuevos no es gratis"

Pero... ¿qué tiene que ver esto con la galleta? Pues que, como explican los investigadores, "la ganancia de peso que produce en un principio la galleta no dura para siempre". Esto se debe a que "el consumo de calorías aumenta según los tejidos (que esas calorías producen) crecen, porque necesitan un 'mantenimiento metabólico'. Una persona que consume la galleta ganará peso, pero cuando alcance 2,7 kg más de su masa original, el aporte calórico de la galleta será igual al coste energético de mantener ese tejido nuevo, por lo que se alcanzará un nuevo nivel estable".

...ni se adelgaza

Lo peor es que esto también ocurre en sentido opuesto. Según perdemos peso (y por lo tanto tejido adiposo), hay menos células a las que suministrar oxígeno y energía. Dicho de otro modo: hay menos bocas que alimentar y, por lo tanto, más comida para el resto. De esta revelación podemos extrapolar que, para mantener un adelgazamiento constante, la reducción de la ingesta calórica debe aumentar proporcionalmente a la pérdida de tejido graso.

Esto también significa que si hacemos una dieta hipocalórica (en la que nunca consumimos menos calorías que las que nuestro cuerpo necesitaría en su peso ideal) y retomamos nuestra dieta original (de mantenimiento), "ganaremos peso rápidamente".

La energía que consume cada persona

Nuestro cuerpo es un motor de combustión. Bueno, sin cilindros, ni inyectores ni cigüeñales. Lo es en el sentido de que utiliza hidrocarburos (todo compuesto formado por átomos de carbono e hidrógeno es un hidrocarburo: el petróleo, la gasolina, la glucosa o las grasas) y oxígeno para producir una reacción química exotérmica. O dicho de otro modo, que libera energía (aunque hace falta una aclaración: las reacciones exotérmicas liberan energía en forma de luz o calor, en este caso lo hacen en forma de moléculas fosfatadas, por lo que para precisar, diremos que es una reacción con entalpía negativa). En un coche, este proceso libera mucho calor, que expande rápidamente un gas produciendo una explosión (que los mecánicos pueden utilizar para mover las ruedas). En el cuerpo humano, las explosiones no son recomendables, por lo que la reacción química se lleva a cabo en fases, cuyo conjunto es conocido como el ciclo de Krebs (el cual es complicadísimo, pero es eso, una oxidación que libera energía en forma de una molécula llamada GDP). Este proceso no es el único, pero sí uno de los más importantes.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

La parte buena es que, sabiendo esto, podemos calcular exactamente cuánta energía consume un determinado ser humano viendo cuánto oxígeno inhala y cuánto dióxido de carbono exhala. Con esos datos se pude saber el consumo calórico.

Ahora bien, no todos tenemos tiempo, ganas y energía para ir a un experto a que nos realice la prueba. Por ello existen estimaciones estadísticas que, presuponiendo que no tengamos ninguna condición física que altere nuestro metabolismo (como el hipotiroidismo o el hipertiroidismo), calculan en función de nuestros hábitos, peso altura y edad las calorías que gasta nuestro organismo. La mejor herramienta disponible para este objetivo es la que pone a nuestra disposición el Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos. Por ejemplo:

  • Para un hombre de 75 kg de peso, 180 cm de altura, 30 años de edad y una actividad física moderada, el consumo diario de energía es de 3.117 kcal.
  • Para un hombre de 110 kg de peso, 180 cm de altura, 45 años de edad y una actividad física casi inexistente, el consumo energético diario es de 2.832 kcal diarias.
  • Un hombre de 68 kg de peso, 180 cm de altura, 25 años de edad y una actividad física diaria muy elevada consumirá al día 3.879 kcal.
  • Una mujer de 55 kg de peso, 170 cm de altura, 25 años de edad y con una actividad física moderada consumirá al día 2.390 kcal.
  • Una mujer de 70 kg de peso, 160 cm de altura, 55 años de edad y con una actividad física muy baja consumirá al día 1.775 kcal.

Para estos casos hipotéticos, cualquier consumo energético diario superior a estas cifras aumentará irremediablemente su peso. La buena noticia es que no lo hará indefinidamente, solo hasta que engordemos lo suficiente como para gastar lo que ingerimos.