La cantidad de patatas fritas más habitual que dan como ración individual en un restaurante de un fast food ronda las 55. En el caso de los menús más grandes es aún mayor: siempre que se publicite como doble, gigante o algo similar, son muchas más. Eric Rimm, científico y nutricionista de la Universidad de Harvard, ha sostenido recientemente en EEUU que son tan perjudiciales que no deberíamos tomar más de seis de una sola vez para evitar las consecuencias negativas de su consumo.

Rimm ha desatado un debate y hasta una crítica reacción en redes sociales como Twitter, donde muchos usuarios han ridiculizado la cantidad tan exigua. Además, generalmente estás raciones son consideradas como un acompañamiento, por lo que su impacto en nuestro organismo es todavía peor, ya que estamos ingiriendo más calorías. Por ejemplo, una porción grande de patatas fritas de McDonalds contiene 510 calorías, solo 30 menos que un Big Mac.

Elevan el nivel de glucosa en sangre y debido a su cocinado acumulan además una gran cantidad de grasas

El menú básico de estas cadenas de restaurantes arroja una cifra aproximada muy preocupante: unas 1.300-1.400 calorías, de las cuales las patatas fritas se llevan el segundo puesto detrás de las hamburguesas. Teniendo en cuenta que necesitamos unas 2.200 calorías al día, una sola comida de este tipo ya cubre el 60% de todo el día: el acompañamiento preferido es una bomba de almidón, como explicó Rimm.

La cifra del nutricionista es muy baja, pero incluso aunque se siguieran otras recomendaciones de expertos más generosas, que establecen unas 15 -algo más del doble de la cantidad máxima propuesta por Rimm-, sería muy inferior a las raciones más normales que solemos encontrar, es decir unas 50-60.

Menos años de vida

El gran problema nutricional reside en que se suman dos factores: los hidratos de carbono del tubérculo procesado, ya que se trata generalmente de patatas ya cortadas y tratadas, que elevan considerablemente el nivel de glucosa en la sangre. A esto se le suma que al estar fritas a altas temperaturas, añaden grasas que dañan las arterias. La mayoría de las veces la cantidad supera ampliamente las 15 patatas, pero además crea un hábito alimentario difícil de erradicar.

La alerta sobre el consumo desproporcionado de las raciones de patatas fritas ha sido tratado ya ampliamente por los nutricionistas. El Departamento de Epidemiología y Nutrición de la Universidad de Harvard que dirige T. H. Chan ha sido especialmente beligerante contra su consumo.

Las afirmaciones de Rimm son, según el criterio del epidemiólogo español Miguel Angel Martín González, que trabajó muchos años con Chan, correctas, aunque prácticamente imposibles de seguir. Lo expresó claramente es su reciente libro 'Salud a ciencia cierta':

Los expertos afirman que es muy difícil comer tan poca cantidad, por lo que recomiendan eliminarlas de la dieta

"Es difícil abrir una bolsa de patatas fritas y comerse solo cuatro, no digamos ya el ser capaz de parar después de haber engullido una (...). Estos productos tienen mucha sal y están fritos con mucha grasa de baja calidad. Son lo peor. Almidón que rápidamente se transforma en azúcar, cargado de sal y de calorías extra. Las patatas fitas encabezan la lista que debería darse a cualquier persona, tenga o no sobrepeso, con los alimentos que tienen una mayor relación con la ganancia de kilos superfluos".

La otra fuente principal que se ha esgrimido estos días en los medios anglosajones es un macroestudio publicado el año pasado en el 'American Journal of Clinical Nutrition', en el que se monitorizó el consumo de patatas fritas de 4.440 individuos entre 45 y 79 durante ocho años. Las conclusiones se enfocaban más en la frecuencia y el hábito de consumo asociados a un mayor riesgo de muerte prematura.