Como hemos visto en un sinfín de ocasiones, la combinación adecuada de los alimentos es un factor de suma importancia a la hora de hacer bien la digestión y evitar los molestos síntomas que surgen en el caso contrario: gases, acidez estomacal, vómitos, distensión abdominal, cansancio, estreñimiento… La mayoría de personas hacen frente a este problema mediante el uso de medicamentos o remedios caseros como el té o los zumos de frutas. Sin embargo, la respuesta más favorable se debe poner en práctica mucho antes de la comida. ¿Habéis oído hablar alguna vez de la teoría de la combinación de alimentos?

Las grasas combinan muy bien con las proteínas y los almidones, siempre que sea con moderación

Creada por el doctor estadounidense William Howard y precedida por el movimiento higienista -una corriente desarrollada por médicos que relaciona nuestro entorno y nuestra salud física y emocional- que surgió durante el siglo XX, la teoría de la combinación de alimentos defiende que cada grupo de ingredientes requiere unos tiempos diferentes para su digestión, ambientes más o menos ácidos y la participación de enzimas distintas en el estómago y en los intestinos. Motivo por el que, si los combinamos erróneamente, pueden perjudicar y diferir el proceso digestivo.

¿El objetivo? Una buena digestión

Siguiendo con lo expuesto anteriormente, cuando comemos ciertos alimentos al mismo tiempo “se crea un ambiente neutro que lo único que hace es inhibir y retrasar el proceso digestivo. Eso puede originar fermentación de azúcares y putrefacción de proteínas en el estómago, y provocar gases, inflamación y otros síntomas de indigestión. Un proceso de fermentación en el intestino ocasiona un exceso de polialcoholes, que son fuente de alimento de bacterias y levaduras. La putrefacción de las proteínas genera residuos tóxicos”, expone la dietista y nutricionista Carla Zaplana en su blog personal.

Foto: iStock
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Así, esta teoría, que alcanzó la fama gracias a la difusión del doctor y neurópata Herbert M. Shelton, propone combinar correctamente los alimentos no solo para evitar la aparición de los signos propios de una indigestión, también para asimilar mejor los nutrientes y proporcionar al cuerpo humano la energía necesaria para realizar otras funciones como la reparación de las células o la depuración del organismo. Sin olvidar la mejora del aspecto físico, el fortalecimiento del sistema inmunológico, la pérdida paulatina de peso o el incremento de la jovialidad y la lucidez mental que tambien van unidos. Bajo esta premisa, ¿qué pautas debemos seguir para combinar los distintos alimentos que componen nuestra dieta?

¿Cómo llevarlo a la práctica?

  • Para empezar, los expertos recomiendan comer solo cuando se tiene hambre, de hecho, debemos prestar atención al cuerpo humano, pues él mismo nos hará saber sus necesidades. Si obviamos las señales y comemos sin recuperar el apetito, podría significar que la digestión de la comida anterior todavía no ha finalizado, corriendo el riesgo de congestionar el sistema digestivo.
  • Aunque estemos acostumbrados a comer acompañados de un vaso de agua, lo mejor es recurrir a ella fuera de las comidas. ¿El motivo? Los líquidos diluyen los jugos gástricos y las enzimas digestivas, dificultando la digestión. Por ello, hay que beber al menos media hora antes de la ingesta de alimentos, o unas horas después.
  • Entrando en materia sobre la combinación de alimentos, nunca debemos mezclar proteínas y almidones. “Las proteínas necesitan un ambiente ácido formado por ácido clorhídrico y las enzimas llamadas proteasas. Por otro lado, los almidones se digieren en un ambiente alcalino y con la presencia de enzimas amilasas. Si tomamos estos dos alimentos al mismo tiempo, los jugos ácidos y los jugos alcalinos liberados se neutralizarán entre sí y eso hará que el cuerpo deba invertir horas y horas y mucha energía para digerir”, añade Carla Zaplana. Por lo tanto, se acabó comer todos los días un plato de pollo con patatas, salmón con arroz o unas tostadas integrales con pavo.

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  • Por otro lado, los vegetales con almidón se pueden mezclar con todo, a excepción de la fruta; al igual que los distintos tipos de almidones entre sí.
  • En cambio, consumir al mismo tiempo proteínas diferentes es inadecuado, pues se trata del grupo más difícil de digerir por su compleja diversidad de aminoácidos. Por ello, no debemos mezclar nunca la carne con el pescado.
  • “No mezclar cereales -avena, cebada, centeno, kamut, arroz, mijo, trigo, pan, pasta- ni pseudocereales -quinoa, trigo sarraceno, amaranto, teff- con fruta, ni cruda ni cocinada, sólo si es seca y muy poca”, alerta Nuria Roura, experta en nutrición y un estilo de vida saludable y energético.
  • Otro hábito que debemos cambiar drásticamente es el hecho de cerrar la comida con una pieza de fruta. Al ser un alimento que se digiere muy rápido -entre 20 y 30 minutos-, se aconseja esperar a que el resto de ingredientes superen el proceso para disfrutar así de su sabor. Con una hora será más que suficiente. Además, esta solo hace buenas migas con los vegetales de hoja verde y nunca hay que unir en el mismo plato las frutas dulces con las ácidas.
  • Las grasas combinan muy bien con las proteínas y los almidones, eso sí, siempre con moderación. “Las grasas combinan bien con todos los grupos, salvo las frutas. De todos modos, si ya cuesta digerir la proteína, sobre todo de origen animal, mejor no mezclarla con grasas. Si hacemos una ensalada con muchos frutos secos y semillas y la aliñamos con aceite de oliva, podemos tener una digestión más pesada; es más prudente aliñarla con zumo de limón o vinagre de manzana”, afirman desde la escuela de cocina y pastelería Bellart.