Al venerado presidente de EEUU, Abraham Lincoln, se le atribuyen las sabias palabras: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”. La primera demostración de su falsedad es que no existe documento que avale la autoría de Lincoln, mientras que hay constancia de que las usó antes una sastrería de Los Ángeles, J. M. Hale & Co, como eslogan publicitario.

Literalmente, palabra por palabra, se publicó en 'Los Angeles Times' el 13 de mayo de 1888, dos años y medio antes de que el hombre que abolió la esclavitud supuestamente las pronunciara en un acto del que no hay registro. La segunda evidencia se la debemos al Dr. Linus Pauling (1901-1994), científico que ejecutó el mayor truco de ilusionismo de la historia moderna.

Linus Pauling, premio Nobel de Química y de la Paz, popularizó el remedio. ¿La evidencia? Inexistente

Convenció a todo el planeta de que la vitamina C cura y previene el catarro. Sí, cada vez que alguien estornuda en un rincón del mundo se escuchan las consabidas palabras: “Tienes que tomar más naranjas”. ¿La evidencia científica? Más que débil, inexistente. El eslogan de la sastrería J. M. Hale & Co de Los Ángeles era tan bueno que en realidad demostró lo contrario: se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo, solo que no está al alcance de cualquiera.

Éxitos y best sellers

Linus Pauling no era un vendedor de crecepelo, sino una de las mentes más brillantes de la ciencia del siglo XX, un privilegiado de la química cuántica, la biología molecular y el estudio de las proteínas. Recibió el Premio Nobel de Química en 1954 y el de la Paz en 1962, casi nada. Sus campos de investigación abarcaron una gran rama de disciplinas, hasta que en la década de los 70 su deriva errática le enfrentó a la comunidad científica.

El mayor engaño de la historia de la nutrición y la salud se culminó con la publicación en 1970 de su libro 'Vitamin C and the Common Cold'. Uno de esos best sellers inmediatos que captó la atención del público de forma instantánea mientras la comunidad científica se afanaba por desentrañar las fantásticas afirmaciones de Pauling sobre las altas dosis de vitamina C que servían para prevenir y curar el catarro.

La gran mentira

La comunidad científica, como explicó el psiquiatra Stephen Barret, ahora octogenario, que sigue denunciando los fraudes más obvios de la ciencia, requirió a Pauling pruebas, estudios y evidencias, mientras el público general se bebía litros de zumo de naranja o se compraban los suplementos vitamínicos. La cuestión acabó en franca batalla campal ya en los años 80, cuando se publicó la segunda parte, 'How to Live Longer and Feel Better' (1986), en el que no solo no se retractó, sino que elevó la dosis diaria y le concedió propiedades curativas también para el cáncer.

En 2017 la Universidad de Harvard revisó el caso Pauling y constató que la vitamina C no tenía incidencia

¿La vitamina C cura o previene en algo el resfriado? En 2017 la Universidad de Harvard revisó las afirmaciones del caso Pauling y constató lo que era evidente para los científicos de la época: la relación entre la ingesta de vitamina C, en diferentes dosis, y la resistencia a los rinovirus era tan débil que resultaba ridícula. En un estudio se concluyeron que solo los deportistas que ingieren durante todo el año una dosis constante de la vitamina que contienen en gran cantidad los cítricos tenían un probabilidad de un 8% menos de contraer catarro o resfriado común.

Una edición del best seller de Pauling 'Vitamin C, the Common Cold and the Flu'
Una edición del best seller de Pauling 'Vitamin C, the Common Cold and the Flu'

Un 8%, en un consumo constante durante los 365 días al año. No hace falta explicar la incidencia que tiene, a la luz de esos datos, el que dupliquemos de repente en enero nuestra ingesta de naranjas, limones o pomelos. Mucho menos si lo tomamos cuando ya hemos contraído el virus. Sin embargo, el problema fundamental es que el hombre detrás de las naranjas y las dosis de vitamina C no era ni mucho menos un cantamañanas, lo que ayudó definitivamente a perpetuar el concepto. Pauling era una de las más mentes más brillantes y preclaras de su generación en la química cuántica, la biología molecular y otros campos en los que se fue disipando con la edad, hasta su definitiva y errática deriva con la vitamina C, que llevó a extremos insospechados para un científico de su prestigio.

Una cascada de estudios epidemiólogicos con grupo de control y placebo demostraron que era falso

Todos los estudios epidemiológicos llevados a cabo entre 1972 y 1984, entre los que se encontraban los del Dr. John L. Colehan, el Dr. Terence Anderson -que lo repitió en tres ocasiones-, el Dr. X. H. Briggs, Miller, Karlowski y otros, obtuvieron básicamente el mismo resultado: la vitamina C no suponía ninguna diferencia relevante fuera cual fuera sus dosis. ¿Cómo probaron estas afirmaciones? Con lo que no hizo el laureado Linus Pauling: estudios de doble ciego, es decir, aquellos en los que se inoculó directamente los virus a los participantes divididos en dos grupos, de los cuales a uno se les proporcionó una suplementación con vitamina C, cada vez en dosis más altas, y al resto un placebo, es decir, nada. Todos arrojaron que no hubo diferencia entre los dos grupos; es decir, la incidencia de la vitamina C era en el mejor caso residual.

Cura para el cáncer

El Premio Nobel y brillante químico se enfrentó en sus últimos años, ya en la década de los 80 y 90, a la mayoría de sus colegas que tiraban una a una sus aseveraciones sobre incrementar las dosis de vitamina C, que Pauling llegó a asociar incluso con la prevención del cáncer. Lo más sorprendente fue, sin embargo, que nada de lo que se rebatió pudo desterrar la idea. Incluso hoy en día se sigue pensando que de alguna forma una buena ingesta de vitamina C nos vendría muy bien ahora que es invierno y cunden los catarros. No lo hace, pero es una buena fuente de vitamina C, que en cualquier caso es buena para nuestro organismo. El resfriado lo sufrirás igual.