Parece que somos incapaces de conformarnos con lo que tenemos. Esto, por supuesto, es un reflejo del espíritu intrépido e inconformista del ser humano, que nos ha llevado de vivir en cuevas a conquistar el espacio. Está claro que algunos logros en la historia de la humanidad tienen mayor relevancia que otros, pues no es equiparable la invención de la rueda a la de las camisas 'antimanchas', pero ambos siguen siendo grandes avances del ser humano. En cuestión de alimentos, tampoco nos quedamos a la zaga.

Estos inventos son resultado, al menos en parte, de la capacidad que tenemos de aburrirnos rápidamente de algo. ¿La última víctima? La leche de soja. Y la de almendras, la de coco, quinoa, cáñamo, sésamo... Tiene que quedar muy claro que la legislación acutal prohíbe a estos productos usar la terminología 'leche', sustituyéndola por 'bebida'. Estas han sido un gran descubrimiento, permitiendo a aquellos a los que no les gustaba la tradicional o directamente no podían tomarla, acceder a un sustituto que, además, le añadía un extra de sabor.

El sabor dulce del plátano permite que no sea necesario edulcorarla como el resto de bebidas vegetales

Ahora, una vez ya nos hemos cansado de la de almendras y demás variedades, llega a nosotros la leche de banana, aunque como somos españoles y no queremos que los ciudadanos insulares se enfaden, la llamaremos leche de plátano (de Canarias, claro).

Sus ventajas son claras. Mientras que el resto de leches vegetales o no tienen un gusto dulce o, para conseguirlo, se le añade azúcar o algún otro tipo de edulcorante, el plátano lo es naturalmente. Además, la inmensa mayoría de sus conponentes nutricionales son solubles en agua, lo que significa que su leche es prácticamente igual de nutritiva que un plátano crudo. Esto supone un gran aporte de los siguientes nutrientes, según la Base Española de Datos de Composición de Alimentos, dependiente del Ministerio de Sanidad:

  • Potasio. El elemento por el que es más famoso el plátano. Su función biológica está directamente ligada a la capacidad de nuestros nervios de transmitir información y, por tanto, al movimiento muscular y a su mantenimiento.
  • Vitamina C. Se dedica a la creación y mantenimiento de diversos tejidos y estructuras de nuestro cuerpo, como los dientes, encías, huesos y cartílagos.

Foto: iStock.
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  • Proteínas. Aunque representa un porcentaje muy reducido del peso total de la fruta, es una de las que mayor cantidad de este macronutriente contiene.
  • Magnesio. De la misma forma que el potasio es importante para la contracción muscular, este elemento es fundamental para la relajación de nuestros músculos.

Cómo hacerla

El método de preparación es idéntico al de las leches de frutos secos o a la de soja. Solo hace falta plátano (claro está) y agua. El primer paso será, en una licuadora, hacer un 'batido' con estos dos ingredientes hasta que nos quede una pasta uniforme. Podemos variar la proporción para conseguir un producto final más ligero o mucho más intenso. Una vez tengamos esa amalgama uniforme, será el momento de filtrarla valiéndonos de una tela, con el objetivo de que pase a través de ella solo el líquido. Una vez realizado este proceso, ya tendremos lista para disfrutar la famosa leche de plátano.