Han saltado de la infancia a la juventud en un periodo corto de tiempo y la comunidad científica atisba una madurez prometedora apoyada en la investigación y la biotecnología. Hablamos de alimentos funcionales, integrados ya con fuerza en el vocabulario dietético de la población y cuya evolución ha sido vertiginosa. Ahora, los profesionales de la salud están de acuerdo en que estos productos deberían estar indicados en su mayor parte desde las consultas de atención primara, la oficina de farmacia o los especialistas en dietética y nutrición.

Clare M. Hasler, del Departamento de Ciencia de los Alimentos, Nutrición Humana y Programa de Salud de los Alimentos Funcionales de la la Universidad de Illinois, en un artículo de opinión publicado en 'The Journal of Nutrition', recuerda que “las reclamaciones sobre los beneficios potenciales para la salud de los alimentos funcionales o los ingredientes alimentarios deben comunicarse de manera efectiva a los consumidores”.

"Se investiga cómo los alimentos funcionales pueden optimizar la salud de los consumidores"


Insiste el experto en que no hay que perder de vista que, actualmente, “la investigación en vivo se orienta a aumentar nuestra comprensión de los alimentos funcionales. Los institutos de investigación académicos, gubernamentales y privados de todo el mundo están dedicando esfuerzos sustanciales a identificar cómo los alimentos funcionales y los ingredientes de los alimentos pueden ayudar a prevenir enfermedades crónicas u optimizar la salud, lo que reduce los costos de atención médica, y mejorar la calidad de vida de muchos consumidores".

Foto: iStock.
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Javier Aranceta, presidente del comité científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SNEC), recuerda que nunca hay que tener presente que “el espejo donde se miran los alimentos funcionales es la dieta mediterránea, que es una dieta funcional de excelencia. Por este motivo se debe tener siempre en cuenta que las necesidades nutricionales varían de una edad a otra y de un sexo a otro, de ahí que se requiera de los profesionales de la salud para asesorar adecuadamente a los ciudadanos sobre sus necesidades nutricionales. También en función de su ocupación, estado de salud, consumo de medicamentos, etc”.

El origen

El conocimiento de su existencia “llega desde Japón a principios de los años 80. Tras la Segunda Guerra Mundial, y como resultado del incremento en las condiciones económicas del país, la expectativa de vida de la población mejoró, lo que se tradujo en un aumento considerable del gasto sanitario, algo que posteriormente empezó a suceder en España y toda Europa”, recuerda el doctor Aranceta.

Por este motivo, el Gobierno nipón “decidió emprender un proyecto destinado a conocer qué alimentos tenían un efecto positivo en la salud por motivo de su consumo”, insiste el experto.

Así nacieron los "alimentos para usos específicos de salud", identificados como FOSHU, abreviatura de Food for Specified Health Uses. Se trata de una nueva categorización de algunos de ellos que han demostrado a través de estudios clínicos y epidemiológicos un efecto positivo en la prevención de algunas enfermedades específicas. Estos productos deben pasar por una estricta selección y son sometidos constantemente a una evaluación de sus efectos. Los productos que obtienen esta categoría llevan un logo característico en su envase que es ampliamente reconocido y valorado por el consumidor. Esta revisión analiza el concepto y el origen de los FOSHU, la reglamentación que estos deben cumplir y su importancia e impacto en la salud de la población japonesa.

Foto: iStock.
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En Europa, no fue hasta mediados de la década de los ochenta cuando tuvo lugar la creación de un proyecto relativo a los alimentos funcionales por un grupo de expertos coordinado por el ILSI (International Life Sciences Institute).

¿Pero son para todo el mundo?

Las personas que la siguen de forma regular, sin ‘saltarse las bases fundamentales de la dieta mediterránea’, obtienen hasta un 97% de los nutrientes que necesitan. Sin embargo, “el 25% de la población posee déficit de ingesta de alguno de ellos”, insiste el experto.

"De funcionales y de medicina personalizada se hablará mucho más en los próximos años"

Comidas ‘basura’, comer fuera de casa, en la oficina, el estrés, la ingesta de alimentos ultraprocesados son los motivos de estas carencias. “Igualmente las personas de riesgo por problemas crónicos de salud, como los enfermos cardiovasculares que tienen niveles altos de colesterol, pues su médico puede recomendarle leches desnatadas enriquecidas con ácidos omega 3 o productos enriquecidos con fitoesteroles”, añade.

Según la Guía de Alimentos Funcionales de la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD), “estos pueden formar parte de la dieta de cualquier persona. Pero, además, están especialmente indicados en aquellos grupos de población con necesidades nutricionales especiales (embarazadas y niños), estados carenciales, intolerancias a determinados alimentos, colectivos con riesgos de determinadas enfermedades (cardiovasculares, gastrointestinales, osteoporosis, diabetes, etc.) y personas mayores”.

Foto: iStock.
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Sus ventajas “son reales en estos casos, no son un reclamo para vender más, porque son alimentos que han demostrado su eficacia en humanos y pasan por protocolos parecidos a los de los fármacos”, apostilla el doctor Aranceta.

Pero, atención, no hay que caer en el error de sucumbir a la tentación de acudir por sistema a estos alimentos en lugar de ser fiel, en primer lugar, a la dieta mediterránea o a la recomendación alimentaria específica formulada por un profesional de la salud. “Este uno de los problemas, de ahí que insistamos en el consejo profesional”, reitera.

De los funcionales y de la alimentación personalizada se hablará y mucho en los próximos años, porque están evolucionando de forma vertiginosa en paralelo a todos los canales de investigación, como los llamados ‘nutracéuticos’ o ‘alicamentos’, tal y como los define el doctor Aranceta, que defiende que "nacerán para ser utilizados de forma asistencial o preventiva como elementos colaborativos junto con otras estrategias de la medicina y ciencias afines".