Todo el mundo, en algún momento de la vida, se ha hecho alguna herida, ya sea pequeña o más grande, resultado de accidentes fortuitos o como consecuencia de una operación quirúrgica. Independientemente del origen, nos vemos obligados a convivir con ella y sus molestos síntomas hasta que finalmente sana, pues lleva su tiempo. Y es que cada vez que nuestra piel se rompe comienza en el organismo una auténtica labor de ingeniería para reparar el daño y volver a la normalidad. Se trata de complejas reacciones bioquímicas insertas en varias fases -inflamatoria, proliferativa y maduración-, en las cuales se producen reacciones diferentes cuyo objetivo es, como hemos mencionado, la reparación del tejido dañado.

En líneas generales, el proceso de cicatrización de las heridas no supone un problema para nuestra salud. No obstante, el tiempo que cursa dicho proceso depende del tamaño de la herida y sus características, de la localización o de factores genéticos. Sin embargo, también puede verse entorpecido por la aparición de infecciones, una mala higiene, el tabaco, el alcohol, patologías cardiovasculares, diabetes, alergias y también una dieta inadecuada o deficitaria.

Y es que la alimentación juega un papel fundamental en el proceso de cicatrización de las heridas, por leves que estas sean. De hecho, una mala nutrición conlleva la prolongación de la fase inflamatoria, afecta a la producción de fibroblastos -célula conectiva encargada de la síntesis de las fibras e imprescindible para mantener la integridad del tejido conjuntivo-, colágeno y angiogénesis -la formación de vasos sanguíneos nuevos a partir de los vasos existentes- y, por tanto, dificulta que la herida se cierre. Incluso, puede comprometer nuestro sistema inmune.

El tiempo de cicatrización depende del tamaño de la herida, la localización, factores genéticos o la alimentación

Teniendo en cuenta el importante papel que desempeña la alimentación en el proceso de cicatrización de las heridas, conviene procurar niveles óptimos de las reservas nutricionales -cuantas más calorías y nutrientes ingiramos, más rápido se curará la lesión- con el objetivo de ayudar a los 'peones' de nuestro organismo a realizar su labor de reparación de los tejidos. Pero ¿cuáles son los alimentos que ayudan a acelerar la cicatrización de las heridas?

Proteínas

Son esenciales por estar involucradas de manera directa en todas las fases que componen la cicatrización. Además, intervienen en la formación del tejido preciso para que la herida se cierre, proporcionan glutamina y arginina -esenciales para la correcta reparación de la piel y los músculos-, y contribuyen al fortalecimiento del sistema inmunológico. Por tanto, si consumimos una cantidad insuficiente de este macronutriente, la respuesta inflamatoria será inadecuada y la síntesis de colágeno se verá afectada. ¿Cuál es la proporción? Aunque varía en función de la edad, lo ideal son tres o cuatro raciones al día. La carne de ternera, pavo y pollo, los lácteos, los huevos y el pescado son una excelente fuente.

Las proteínas son esenciales para la cicatrización de las heridas.
Las proteínas son esenciales para la cicatrización de las heridas.

Hidratos de carbono

Este macronutriente ayuda a suministrar la energía que nuestro cuerpo necesita para llevar a cabo el proceso de cicatrización. Por tanto, es conveniente crear un reservorio de energía suficiente para ayudar al organismo en la reparación de los tejidos y, al mismo tiempo, mantener el índice glucémico alto. El pan y los cereales integrales, las patatas, la pasta o el arroz son los principales proveedores.

Omega 3

Estos ácidos grasos desarrollan una labor sumamente importante, en tanto que reducen la inflamación, producen una mejora de la función inmune de nuestro organismo e incluso disminuyen la tasa de infección. ¿Cuáles son los alimentos más ricos en omega 3? Los pescados, como el salmón, la trucha, las sardinas, las anchoas, el besugo o el rodaballo; las nueces, el brócoli, las semillas de chía o las de calabaza.

Vitamina K

Es coadyuvante de la coagulación de la sangre, de la prevención de hemorragias y, por tanto, de la correcta cicatrización. Además, evita la aparición de infecciones. Entre los alimentos ricos en vitamina K destacan las verduras de hoja verde, como las espinacas, la lechuga, la col rizada, el brócoli, los espárragos o las endivias; los aceites vegetales, en particular el de soja, colza y oliva; frutas, siendo las mayores proveedoras el kiwi, el higo y las uvas; y los frutos secos, especialmente las ciruelas secas, los anacardos, los piñones y los pistachos.

Las veduras de hoja verde son ricas en vitamina K.
Las veduras de hoja verde son ricas en vitamina K.

Vitamina A

La tarea de esta vitamina es especialmente importante en la fase inflamatoria, en la que se produce el proceso de coagulación y se inicia la cicatrización. Además, previene la inflamación de la piel, facilitando el proceso. Los tomates, el mango, la remolacha, la col, las espinacas, la leche, el pollo o el pavo son algunos alimentos con interesante niveles vitamínicos.

Hierro

Este mineral es vital para la formación de hemoglobina, el mantenimiento de la salud de las células sanguíneas y el transporte de los nutrientes a la herida. Así, en el hígado, las lentejas, los guisantes, la yema de huevo y los garbanzos son excelentes aliados para el mantenimiento de los niveles vitamínicos.

Zinc

Interviene en, al menos, setenta reacciones enzimáticas implicadas en el proceso de la cicatrización de las heridas, acelerando el proceso. Está presente en mariscos, como mejillones, cangrejos o almejas; carnes, sobre todo las aves de corral, el cerdo o la vaca; en los lácteos y la yema del huevo.

Mejillones.
Mejillones.

Agua

Ingerir abundante agua es primordial para mantener nuestros niveles de hidratación a punto, la oxigenación y también para evitar que la herida se torne crónica, pues la piel es más frágil y propensa a roturas.