Son muchos los trastornos del apetito que ponen en peligro la salud de la población, siendo la anorexia y la bulimia nerviosas los más conocidos y frecuentes. Sin embargo, existen otros diagnósticos parecidos que son desconocidos por la inmensa mayoría. Es el caso de la hiperfagia o aumento del hambre, es decir, el consumo desmedido y descontrolado de alimentos sin que el organismo tenga la necesidad de ingerir más nutrientes. Tal y como explican desde el portal médico Webconsultas, “las personas que sufren este trastorno alimentario ingieren enormes platos de alimentos, incluso justo después de haber realizado una comida considerada normal. Y esto sucede de forma continuada, no es un proceso puntual sino mantenido en el tiempo y de manera repetida”.

Esta ansiedad exagerada por la comida provoca que el sujeto no mastique los alimentos adecuadamente, una práctica relacionada con problemas digestivos, el aumento de peso, la disminución del gasto calórico o la formación de atascos en el colon, entre otros. Además, las personas que padecen hiperfagia no muestran una preferencia por un grupo de alimentos concreto, aunque los más grasos y azucarados suelen tener mucho protagonismo en su dieta diaria. “Las personas con hiperfagia, además, tienen la sensación de no controlar este proceso y sentirse a merced de su trastorno, ya que no consiguen saciarse por más que coman”, añaden desde el portal. Bajo esta premisa, ¿cuáles son las causas principales de la hiperfagia?

Consecuencia de otra patología

Según plantean los expertos, la hiperfagia no puede ser considerada una enfermedad en sí misma, pues se trata de una alteración provocada por otra patología que desencadena ese deseo irrefrenable por la comida. Las enfermedades hormonales y psicológicas son las más probables como, por ejemplo, la diabetes mellitus, el hipertiroidismo, el síndrome premenstrual, la hipoglucemia o el consumo de ciertos medicamentos como antialérgicos, corticoides o antidepresivos.

Foto: iStock.
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No obstante, la auténtica responsable de dicho trastorno es la leptina, también conocida como proteína PN, una hormona que se encarga de regular el apetito y la saciedad, y cuya inactividad motiva la ingesta desmesurada de alimentos.

Por otro lado, y como hemos visto anteriormente, la sintomatología es de lo más evidente. Una alimentación excesiva repercute en el aumento de peso y en el desajuste del balance energético, pues la mayoría de productos a los que recurre el individuo son ricos en calorías. Lamentablemente, coger unos kilos de más no es el único indicio vinculado a la hiperfagia.

Síntomas principales

  • Uno de los signos que nos permite identificar un caso claro de hiperfagia es el sentimiento de vergüenza o nerviosismo exagerado por la conducta que se está llevando a cabo, pues el paciente es incapaz de controlar ese apetito voraz. Este desemboca en un aislamiento a la hora de comer y una inseguridad patente.

  • Dicha inseguridad provoca en muchas ocasiones un descenso de la autoestima, pudiendo derivar también en una profunda depresión.

  • Las personas que sufren este trastorno recurren más de lo normal a los picoteos entre horas, especialmente entrada la madrugada, pues el hambre no cesa en ningún momento.

  • A nivel físico, la hiperfagia está relacionada con una digestión más pesada y lenta que ocasiona síntomas de sobra conocidos como el ardor de estómago, la diarrea, el malestar gástrico, los vómitos y la malabsorción de ciertos nutrientes.

Uno de los signos que nos permite identificar un caso claro es el sentimiento de vergüenza

  • Además, el aumento de peso puede motivar la aparición de otras enfermedades como la diabetes, el colesterol, el síndrome metabólico, la hipertensión o patologías cardiovasculares.

  • Y por último, y no menos importante, el consumo continuado de alimentos produce una sensación de somnolencia más intensa de lo habitual, que puede hacer mella en el rendimiento laboral y académico del individuo, así como en otras áreas personales del mismo.

Eso sí, antes de revelar el tratamiento más adecuado, es importante aclarar que algunas personas conviven a la perfección con este trastorno, que pasa a ser inofensivo y temporal. Es el caso de los adolescentes, las mujeres embarazadas o los deportistas. Todos ellos atraviesan una fase que requiere unos aportes nutricionales adicionales, por lo que esta conducta alimentaria no debe suponer un problema. Aunque los expertos recomiendan mantenerse alerta.

Es esencial estudiarlo de manera concienzuda para determinar el procedimiento más adecuado

La hiperfagia puede seguir un tratamiento similar al resto de trastornos de la alimentación. Sin embargo, es esencial estudiar todos los síntomas de manera concienzuda para determinar el procedimiento más adecuado. Por ejemplo, hay que tener en cuenta si el paciente está tomando medicamentos, si presenta un cuadro de depresión o ansiedad o si existen causas psicológicas detrás del diagnóstico.

Las medidas de prevención para no empeorar la situación también pueden ser de gran ayuda. Realizar otras actividades para desviar la atención de la comida, recurrir a ejercicios de relajación en momentos de gran nerviosismo, llenar la nevera de productos saludables para evitar los síntomas antes expuestos o intentar estar acompañado durante los episodios son solo algunas de las medidas recomendadas por los expertos.