Hay una serie de alimentos que han sido sometidos a un proceso de fermentación y que, como consecuencia, han desarrollado microorganismos y bacterias que son saludables para el cuerpo humano. Estos beneficios, sumados a sus posibilidades gastronómicas, los convierten en una opción a tener en cuenta a la hora de plantear unos hábitos alimenticios. En Alimente queremos explorar las propiedades que los fermentados comparten con el organismo y los diferentes tipos que podemos encontrar e introducir en nuestra dieta cotidiana.

Unos aliados para el intestino

Los efectos beneficiosos de estos alimentos se ven reflejados en una publicación del año 2017 en la revista de ciencia alimentaria 'Critical Reviews in Food Science and Nutrition'. Esta indica que los fermentados desarrollan una actividad como antioxidantes, antimicrobianos, anticancerígenos y antiinflamatorios, y contribuyen a combatir la diabetes y la esclerosis. Y es que los probióticos -como se conoce a los de este tipo- son indispensables para el sistema inmunitario, pues aumentan la diversidad bacteriana del intestino. Esto hace que una de las claves de una buena salud se encuentre precisamente en la flora intestinal, por lo que conviene mantenerla en buen estado y eso pasa por cuidar la alimentación.

Conocidas las cualidades que tienen los fermentados, encontramos diversos alimentos que se pueden introducir de manera sencilla y habitual en la dieta y que tienen efectos positivos sobre el organismo

Foto: iStock.
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Fermentados con beneficios sobre la salud

Kéfir

Este lácteo se parece mucho al yogur, pero se elabora fermentando levadura y bacterias con leche. Así se crea una pasta líquida que se ha convertido en uno de los alimentos más saludables por su capacidad para mejorar la digestión, luchar contra la inflamación y las enfermedades crónicas, y aumentar la salud de los huesos. Además, es adecuado para las personas con intolerancia a la lactosa; de hecho, ayuda a revertirla tal y como demostró un estudio del año 2003. El kéfir se puede utilizar para hacer bebidas como batidos o smoothies, además de para acompañar frutas o cereales como si de un yogur normal se tratara.

Yogures

Al fermentar la leche, aumenta la disponibilidad de los nutrientes de estos lácteos y los convierten en una opción muy saludable e interesante. Eso sí, cabe destacar que si incorporan azúcares añadidos o demasiados ingredientes, pasan a ser productos ultraprocesados que son precisamente los que los nutricionistas y expertos en la salud no recomiendan consumir. Por ello, cuanto más natural, mejor.

Vegetales y encurtidos

Los beneficios de las verduras se ven potenciados cuando estas están fermentadas y, afortunadamente, hay varias que cumplen con esta premisa. Una de ellas es el chucrut alemán, que no es más que col fermentada con un alto aporte de probióticos. Muy similar a este encontramos una elaboración clásica de Corea: el kimchi, que utiliza comúnmente la misma verdura, aunque admite otros ingredientes. Tiene un sabor mucho más intenso y picante, y, gracias a los componentes saludables que se usan para prepararlo como el jengibre, el ajo y el picante, sus aportes son muy positivos.

Foto: iStock.
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Además de este tipo de verduras, también se pueden encontrar vegetales fermentados encurtidos en salmuera, un proceso que estimula la formación de los probióticos que benefician al sistema inmunitario. Entre ellos destacan los clásicos pepinillos que se pueden comer como snack o añadirlos, por ejemplo, a las ensaladas.

Tempeh y natto

Estos dos nombres tan poco comunes son dos formas de preparar la soja mediante fermentación. El tempeh, un alimento muy típico de Indonesia, obtiene una consistencia dura pero tierna -similar a la carne- y se trata de una gran fuente de proteínas común entre poblaciones vegetarianas y veganas. El natto, por otro lado, es una elaboración tradicional de Japón que posee nattokinasa, un anticoagulante que le da una textura algo gelatinosa y mucosa, y un sabor intenso que no agrada a todos los paladares.

¿Vino?

Uno de los alimentos fermentados más conocidos es el vino, pero los efectos saludables que este podría tener se ven anulados por los sulfitos que contribuyen a su conservación y evitan la proliferación de bacterias. Sin olvidar el contenido en alcohol que también es nocivo para el organismo.