La tabla de salvación de la industria de los refrescos, las bebidas sin azúcar, tampoco se escapa al escrutinio de los científicos. Un consumo elevado de refrescos con edulcorantes tales como aspartamo eleva el riesgo de accidente cerebrovascular, infarto y enfermedades coronarias. Coca-Cola Zero, Coca-Cola Light -que se cita expresamente en el estudio-, Pepsi Max y el resto de bebidas que usan estos edulcorantes estarían en este grupo.

Después de una década de estudios en los que la diana eran los azúcares añadidos, la gran alternativa de la industria comienza a mostrar su otra cara: podrían no ser tan inocuos. Si resultara que para evitar el riesgo de sobrepeso, la obesidad, la diabetes tipo 2 y el riesgo de infarto, los consumidores aumentaran considerablemente, en cambio, sus probabilidades de sufrir un accidente cerebrovascular -cualquiera de los tipos de ictus-, además de infarto y la oclusión de las arterias, podría ser el estoque final a la industria.

Dos o más refrescos de 330 ml al día aumentan considerablemente los riesgos de infarto e ictus

El estudio 'Artificially Sweetened Beverages and Stroke, Coronary Heart Disease and All-Cause Mortality in the Women’s Health Initiative' se basa en una cohorte de más de 80.0000 mujeres con edades comprendidas entre los 50 y los 79 años, cuyos datos de consumo de bebidas y salud se han seguido durante tres años. La muestra y el tiempo de observación son apreciables; sin embargo, se trata de un grupo poblacional muy concreto, lo que limita el alcance de sus conclusiones. Las investigaciones del Departamento de Epidemiología de la Universidad Albert Einstein de Nueva York, publicadas en la revista científica 'Stroke', se basan en un estudio observacional, los que implica cierta cautela con los datos.

Consumo elevado

Durante tres años los investigadores recurrieron a las mujeres que se ofrecieron voluntariamente para el WHI Observational Study: una cohorte interesante ya que al participar durante 11 años con un seguimiento de su salud, se dispone de una información fiable de sus hábitos y de su historial médico. No obstante, la International Sweeteners Association ha enviado a Alimente la valoración sobre el nuevo estudio de Carlo La Vecchia, profesor de Epidemiología de la Universidad de Milán, Italia, quien apunta que existe "una disminución drástica en las ratios de peligrosidad después de estimar las covariables. Esto indica que un ajuste más preciso y válido de los factores de confusión probablemente implicaría una disminución aún más acusada de esta asociación. Además, no había tendencia de aumento de riesgo con la dosis”.

El director de la investigación, el Dr. Mossavar-Rahmani, ha declarado en medios de EEUU que no se ha podido determinar qué tipo de edulcorantes son los que podrían ser perjudiciales y cuáles no, y ha matizado que los datos revelan que las bebidas en sí no son peligrosas, pero la asociación de riesgo con un consumo elevado es clara en ese aspecto: "El principal problema es que, a pesar de la conciencia sobre la reducción de azúcar, seguimos educando el paladar con sabores dulces como son los edulcorantes y al final se consume en grandes cantidades. Estamos observando que a la larga puede provocar problemas también".

Depende de las respuestas y la observación de los participantes, es decir, una asociación estadística

Se consideró consumo elevado a partir de dos refrescos de tipo cero al día, el punto donde el riesgo de muerte por enfermedad comienza a aumentar significativamente. Hasta ahora, los datos más potentes sobre refrescos y el aumento de riesgo de enfermedades coronarias se basaba en el pionero y respetado 'Nurses's Health Study', un proyecto muy ambicioso que reunió en 1976 una cohorte muy numerosa y que ha marcado desde entonces la senda para el resto de médicos e investigadores científicos.

Mientras los datos de las enfermeras de la Universidad de Harvard -que ya está en la tercera generación- se han usado para las bebidas azucaradas, el nuevo trabajo lo hace con los edulcorantes, lo que le convierte en el pionero para los productos que están, paulatinamente, sustituyendo las bebidas con azúcar de las compañías tradicionales. Sin embargo, aún se trata de datos en los que no se puede relacionar ningún edulcorante concreto y cuya evidencia depende de las respuestas y la observación de la salud de las mujeres que participaron: es decir, una asociación estadística que es relevante, pero sobre la que hay que ser cautos hasta que no se profundice más.

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