El mar todavía nos depara grandes sorpresas gastronómicas, como las medusas. Por extraño que parezca, según una investigación realizada por un grupo de científicos del Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (CSIC) y la Universidad de Cádiz, en breve podríamos degustar ejemplares de medusa gigante del Mediterráneo, pues al parecer es todo un portento nutricional.

El estudio, en el que también han participado investigadores de la Universidad de Messina, en Italia, ha puesto de manifiesto que esta especie de medusa puede ser la siguiente especie en debutar en las pescaderías gracias a sus propiedades antioxidantes y organolépticas. Así, los responsables del hallazgo han descubierto que la medusa gigante concentra un alto contenido en ácidos grasos poliinsaturados (PUFA), incluido el ácido graso esencial linoleico. También destacan las proteínas y los fenoles, unos compuestos que funcionan como antioxidantes naturales y que, en este tipo de medusa, se hallan en mayor proporción que en otras ya conocidas.

Una medusa de gran tamaño

Conviene precisar que no estamos ante una medusa común y corriente, de las que llevan unos años copando las playas en verano para disgusto de los bañistas, sino que hablamos de un género bastante peculiar. Los entendidos la conocen como Rhizostoma luteum y puede alcanzar dimensiones cercanas al medio metro de diámetro, y eso que en la cuenta no hemos incluido los tentáculos. En cuanto a su peso, fácilmente puede rebasar los 12 kilogramos. Afortunadamente, este escurridizo animal no pica. Al menos así lo creen los científicos, aunque no descartan que su picadura provoque una leve irritación de la piel.

Foto: iStock.
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Hasta 2012, sus avistamientos eran prácticamente raras casualidades. De hecho, la literatura científica apenas la citaba, pues toparse con ella en el océano era francamente imposible. Pero hace unos seis años, la tendencia cambió y este espécimen afloró a la superficie con una frecuencia inusitada. Es entonces cuando los científicos han aprovechado para hacer su estudio.

Ahora mismo su hábitat ha sido localizado en toda la costa este del océano Atlántico y el mar de Alborán. El estudio en cuestión no solo habla de las posibilidades de su pesca, sino incluso del desarrollo de una nueva rama de acuicultura. Lo cierto es que en los países asiáticos, donde la medusa está incorporada a la dieta, han puesto en funcionamiento granjas de medusas destinadas al consumo humano.

Ejemplares de una especie de la misma familia ya forman parte de la dieta de los asiáticos. Por lo tanto, esta particular medusa podría convertirse en un producto destinado a la exportación desde nuestras costas o viveros. De hecho, los autores del estudio le auguran un gran futuro en este mercado, que ya está habituado a su consumo. Los españoles quizás necesitemos hacer un esfuerzo extra, pero parece que merece la pena dejar atrás nuestros escrúpulos.

Un éxito en Japón y Corea

Foto: iStock.
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Sin embargo, no solo parece aguardarle un gran futuro en la nutrición humana, pues también el mundo de la cosmética podría sacar partido de este espécimen dada la abundancia de colágeno que incluye en su composición. También se le atribuye una capacidad fotoprotectora de la radiación ultravioleta que puede favorecer el buen funcionamiento de los melanocitos, responsables de la pigmentación de la piel.

Eso sí, el estudio desarrollado por el CSIC no ha ahondado en el sabor de las medusas, un aspecto que, sin duda alguna, no pasan por alto los comensales. A falta de información al respecto, podemos apoyarnos en el tremendo éxito del que goza este plato en Japón o Corea. Ambos son países a los que los españoles estamos copiando algunas de sus tradiciones culinarias más ancestrales, como el sushi o el kimchi. De modo que ¿por qué no imitarles también con las medusas?

La medusa gigante presenta un alto contenido en ácidos grasos poliinsaturados y colágeno

Conviene sacar a colación la recomendación de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), que nos insta a consumir medusas como una manera de atajar el rápido aumento del número de ejemplares en nuestros mares y océanos. De hecho, el crecimiento incontrolado de colonias es una de las hipótesis que podrían explicar el descenso de las poblaciones de peces que viven en el Mediterráneo; mientras que el número de sus depredadores naturales, como la tortuga marina o el atún, también va mermando debido a la sobrepesca. No obstante, como decíamos, hablamos de especies muy diferentes y la gigante, que ha sido objeto de estudio, difiere de los especímenes que atestan nuestras playas y mares.

Un animal inmortal

Al margen de que las medusas nos parezcan bastante molestas, sobre todo si nos pican, o poco apetecibles en el plato, hemos de saber que son objeto de admiración científica. No en vano, tal y como explica Antonio Figueras, profesor de Investigación del CSIC en Vigo, en un artículo en Madrid+D, el estudio de algunos ejemplares de la especie llamada Turritopsis nutricula ha dejado a la comunidad científica bastante sorprendida, ya que "han madurado y vuelto a la juventud decenas de veces, sin perder en esos cambios ni una sola de sus características o capacidades". En definitiva, los investigadores están bastante convencidos de que la inmortalidad no es un sueño inalcanzable para esta especie.