En lo que a vitamina C se refiere, la naranja parece ser una simple aficionada al lado de la aventajada acerola. Eso sí, esta última es mucho menos conocida ya que se prodiga poco por estos lares. De hecho, los orígenes de la acerola viajan hasta el sur de México, una zona bañada por el mar de las Antillas. De ahí que también se la conozca como cereza de las Antillas. Asimismo, hallamos su rastro en América Central, en la zona septentrional de Sudamérica e incluso en Texas (EEUU), dando lugar a múltiples denominaciones atendiendo a la zona donde se cultive: cereza de las Indias Occidentales, cereza de Barbados, cereza colorada, manche o semeruco, entre otras.

Actualmente el mayor productor de acerolas es Brasil y, por lo tanto, es ahí donde debéis peregrinar para ver crecer el arbusto de la acerola, que alcanza unos 2 o 3 metros de altura. Su fruta, la Malpighia emarginata, presenta un diámetro de 1 a 4 centímetros y su peso oscila entre los 2 y los 15 gramos. Curiosamente estamos ante una fruta cuyos niveles de vitamina C descienden al ir madurando. Por lo tanto, los frutos verdes presentan mayor contenido que los de color rojo. Una vez madura, guarda cierto parecido con las cerezas, con las que suelen confundirse a primera vista. Sin embargo, un examen más exhaustivo revelaría que poco tiene que ver con ellas.

Una fruta de gran reputación

Foto: iStock.
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Desafortunadamente, la acerola es una fruta bastante sensible, pues incluso las técnicas de procesado y almacenamiento pueden afectar al contenido de vitamina C. De hecho, después de ser recolectadas, sufren una merma de agua que también se traduce en la pérdida de un 25,2% de su contenido de ácido ascórbico. Por lo tanto, los productores deben esmerarse en ambos procesos. Todo ello encarece el producto y dificulta, de alguna manera, la explotación comercial. No en vano, es difícil consumir la acerola como fruta fresca fuera de los países de cultivo. Así, suele destinarse a la elaboración de zumos y conservas o la preparación de suplementos vitamínicos.

Pero es cierto que su versatilidad puede sorprendernos bastante, como confirma el hecho de que la Universidad Federal de Ceará (Brasil) haya elaborado un kétchup, al que han bautizado como natchup, que reemplaza los tomates por acerola, remolacha y calabaza. Una interesante propuesta para que dicha fruta pueda desembarcar en todos los puntos del globo.

Los frutos verdes de la acerola presentan mucho mayor contenido en vitamina C que los maduros

Lo que es indudable es que, en los últimos años, se ha desatado un auténtico interés por esta fruta cuya excelente reputación nutricional ha llegado hasta Japón, que es el principal consumidor de la acerola producida en Brasil. Seguidamente encontramos a Estados Unidos y Europa. Esta expansión demuestra que la industria ya está al tanto de las conclusiones que arrojan diversos estudios sobre su impacto en la salud. Así, puede combatir enfermedades como la hipertensión, distintos tipos de cáncer, arteriosclerosis e infartos de miocardio. Ante semejante presentación, seguramente a más de uno le acometen las ganas de incluir la acerola en su lista de indispensables.

Aunque el rasgo principal que la define es la elevada presencia de vitamina C, también nos obsequia con vitamina A, vitaminas B1, B2, B3, B5 y B6, y vitamina E. Los minerales también son su fuerte, pues encontramos calcio, fósforo, magnesio, hierro, potasio, sodio y zinc. Tampoco hay que perder de vista los carotenoides, los bioflavonoides, los taninos y los polifenoles. Incluso parece aguardarle un porvenir dentro del mundo de la cosmética, pues los extractos de acerola presentan propiedades antioxidantes y protectoras de la piel.

Acerola silvestre en España

Sin embargo, para las personas que no renuncian a consumirla fresca -sin tener que viajar a otro continente-, existe un rayo de esperanza. En España es posible verla crecer de forma silvestre e incluso a la venta. Sin embargo, su temporada dura únicamente un mes. Así, se cultivan en las huertas de Tudela de Duero, el Bierzo, Andalucía Oriental y Palma de Mallorca, entre otros puntos de España, donde no es raro encontrarla de forma accidental y asilvestrada.

Foto: iStock.
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En el mercado de Chamartín, encontramos un puesto llamado Frutas Charito, donde nos cuentan que la acerola española forma parte de su repertorio durante los meses de octubre y noviembre: “La verdad es que entran muy poquitas a lo largo de todo el año, incluso algún año ni las encontramos. Es un producto que se consume mucho en zumos. Generalmente se pide a nivel decorativo (nos lo han pedido para adornar mesas en bodas o eventos especiales)”. Desde esta frutería, nos aconsejan decantarnos por la acerola liofilizada si queremos que forme parte de nuestros zumos. “Es la manera más fácil de encontrarla durante todo el año y para los zumos sirve perfectamente”, explican a Alimente.

Por último, para dejar más que sentado que esta fruta forma parte de nuestra historia, podemos echar un vistazo al óleo ‘Bodegón con plato de acerolas, frutas, queso, melero y otros recipientes’. Sí, así se titula un lienzo que podemos admirar en el Museo del Prado, obra de Luis Egidio Meléndez (Nápoles, 1716 - Madrid, 1780). Sin duda alguna, su contemplación nos servirá para comprobar que esta fruta no es tan ajena a nuestras tradiciones gastronómicas como creíamos.