Lo que comemos de jóvenes nos afecta de adultos mucho más de lo que se creía. Un nuevo estudio de la American Academy of Neurology y publicado en la revista científica 'Neurology', la más reputada en el campo de la neurología, ha desvelado una relación entre las dietas sanas para el corazón en los adultos jóvenes y la función cerebral de esos mismos sujetos más de 30 años después, con los 55 años ya cumplidos.

Una de las autoras principales del estudio, la doctora Claire T. McEvoy, de la Queen's University de Belfast, en Irlanda del Norte, explica los resultados de su trabajo: "Una dieta sana para el corazón podría ser una manera relativamente fácil y efectiva de reducir el riesgo de desarrollar problemas de cognición, lógica y memoria durante el envejecimiento".

"Nuestros descubrimientos indican que una dieta sana puede ayudar a preservar la salud cerebral"

¿Significa esto que si comemos sano podríamos 'olvidarnos' de olvidar dónde hemos dejado las llaves? No, de momento. Los investigadores hacen hincapié en que existe cierta relación entre la alimentación que lleva una persona en sus primeros años de edad adulta y las capacidades mentales que mantiene intactas a lo largo de los años. Por supuesto, como hemos explicado inmumerables veces a lo largo de este año de existencia de Alimente, la correlación no implica causalidad. Dicho de otro modo, que dos factores estén relacionados entre sí no es prueba determinante de que uno provoque directamente el otro. Podría ser al contrario (que las malas capacidades mentales de determinados individuos hagan que estos coman peor) o que ambos hechos estén provocados por un tercer factor.

Las dietas

Los científicos ni siquiera apostaron por una meta sencilla, que en este caso sería estudiar las diferencias en el nivel mental de personas que por un lado seguían una dieta sana y por otro una de comida rápida. Sus aspiraciones han sido mucho más elevadas.

Observaron a un grupo de estudio de 2.621 personas que, en el momento del inicio, tenían una edad media de 25 años y estudiaron sus dietas y niveles de concentración, resolución de problemas y memoria durante 30 años. Los sujetos de estudio fueron seleccionados en función de si su alimentación se podía englobar, de menor o mayor manera, en tres tipos diferentes de dietas cardiosaludables: la mediterránea, la DASH y la llamada APDQS.

"La dieta DASH no incluye entre sus recomendaciones el bajo consumo de alcohol, las otras dos sí"

La primera, la nuestra, la mejor (al menos en lo que a nosotros respecta), se caracteriza por un alto consumo de cereales integrales, frutas, verduras, grasas insaturadas (como nuestro maravilloso aceite de oliva virgen extra), frutos secos, legumbres y pescados; con un consumo moderado y limitado de carne roja y lácteos grasos.

La segunda, la DASH, se caracteriza por un consumo alto de cereales, verduras, lácteos bajos en grasa, legumbres y frutos secos, limitando por el otro lado la carne, el pescado, el pollo, las grasas en general, los dulces y el sodio.

Por último, la tercera, conocida como APDQS (su nombre completo en inglés es 'A priori diet quality score'), basa sus alimentos recomendados en las frutas y verduras, las legumbres, el pescado y los lácteos bajos en grasas. Además, recomienda moderar el consumo de alcohol (al igual que la mediterránea) y limita los fritos, los snacks salados, los dulces y los refrescos.

Los resultados

Las malas noticias primero: aquellos que sigan la dieta DASH pueden esperar tener un corazón sanísimo, pero no una preservación de sus capacidades mentales. Como explica la propia Claire T. McEvoy, "una posibilidad es que la dieta DASH no incluya entre sus recomendaciones el consumo de alcohol, mientras que las otras dos sí".

Ahora, por suerte, entramos en el terreno de las buenas noticias:

Foto: iStock.
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La dieta mediterránea. Aquellos sujetos de estudio que seguían nuestro 'régimen alimentario nacional' tenían un 46% menos de probabilidades de ver sus capacidades mentales alteradas de forma negativa. Tan solo un 9% de los que la seguían al pie de la letra tenían malas capacidades mentales, comparados con el 29% de los que la seguían permitiéndose más caprichos.

Dieta APDQS. Fue la que mejor puntuación sacó, dado que era un 52% menos probable que sus seguidores perdiesen capacidades cognitivas a lo largo de los años. Tan solo un 6% de aquellos que seguían de forma literal las recomendaciones alimentarias de este régimen adquirieron un "nivel mental bajo", comparados con el 32% de los que la seguían 'de aquella manera'.

La propia doctora McEvoy resume los resultados del estudio que pueden, en los próximos meses o años, cambiar las recomendaciones nutricionales de los organismos gubernamentales: "Nuestros descubrimientos indican que mantener buenas costumbres alimentarias a lo largo de la edad adulta puede ayudar a preservar la salud cerebral, tanto en la mediana como en la tercera edad".