Cuatro cámaras que se contraen repetidamente (y en orden) para bombear fluido, uno de los mecanismos más simples de la ingeniería. ¿Parece sencillo, no? Pues también es la descripción de nuestro corazón. Una 'máquina' que se contrae completamente, de media en España (según datos de la Fundación Española del Corazón) 3.049.568.676 veces a lo largo de nuestra vida. Capaz de todo, sí, pero también delicada y frágil. Minúsculos errores de coordinación son tratados como enfermedades muy serias por los especialistas médicos dedicados a este órgano y su mal funcionamiento puede comprometer el funcionamiento normal de otras partes fundamentales de nuestro cuerpo, como el cerebro. Quién iba a decir que la dieta Keto o la Dukan lo pondrían en riesgo.

Muchas cosas afectan a cómo funciona nuestro corazón, desde el ejercicio que llevamos a cabo cada día hasta cómo son nuestros genes (algo contra lo que es extraordinariamente difícil luchar). De todos modos, siempre hemos tenido muy claro que la salud cardiovascular en general (que no atañe exclusivamente al corazón sino a todo el sistema circulatorio) dependía en gran medida de nuestra alimentación. Además, desde un punto de vista completamente intuitivo: ¿qué crees que nos pasaría si comiésemos 3 veces al día, todos los días durante 10 años, huevos fritos con chorizo? Muy fácil respuesta: no llegaríamos a los 10 años. La lógica detrás de todo esto es más complicada de lo que parece. Lo que en realidad está relacionado con los accidentes y enfermedades cardiovasculares es la obesidad. Las comidas que nos hacen estar más gordos son las que nos ponen en mayor riesgo de padecerlas.

"Como cardióloga le dije que se equivocaba y hasta llegué a esconderle verduras en la comida"

Es por eso que el hallazgo que ha publicado la American College of Cardiology es tan reseñable. El doctor Xiaodong Zhuang y su equipo de la Sun Yat-Sen University en Guangzhou, China, descubrieron, gracias a los registros de los 14.000 participantes del estudio entre los años 1985 y 2016, que las dietas bajas en hidratos de carbono estaban relacionadas con una mayor prevalencia de fibrilación auricular (el tipo más común de arritmia).

Este descubrimiento se podría achacar a diversas cosas. ¿Son los carbohidratos, de por sí, necesarios para nuestro corazón? ¿Son las proteínas y las grasas con las que se sustituyen los hidratos de carbono perjudiciales? ¿Hay un tercer mecanismo que provoca ambas cosas? La respuesta, según el investigador principal, Xiaodong Zhuang, excluye la segunda posibilidad: "Las dietas bajas en carbohidratos se asociaron a un mayor riesgo de fibrilación auricular independientemente del tipo de proteína o grasa utilizadas para sustituirlos".

Pero más allá de esta afirmación, el equipo de investigadores hace lo que un buen científico: ser cauto. "Aunque el estudio muestra una asociación entre la reducción del consumo calórico proveniente de los hidratos de carbono y una mayor incidencia de fibrilación auricular, no se puede establecer ningún tipo de relación causa-efecto", explica Zhuang. Por eso, los autores recomiendan que se realicen multitud de trabajos científicos cuyo objetivo sea establecer los mecanismos por los que esto tiene lugar.

Un electrocardiograma anormal. (iStock)
Un electrocardiograma anormal. (iStock)

En este aspecto coincide la doctora en cardiología Martha Gulati, editora jefe de Cardiosmart.org. En declaraciones a Alimente, la doctora Gulati explica que "este estudio era completamente observacional, basado en datos que ya existían con anterioridad". Y sentencia: "Hace falta un estudio de intervención, para saber cómo es la salud cardiovascular del mismo individuo con dietas diferentes".

La fibrilación auricular

Según el estudio OFRECE publicado en el año 2014 por multitud de cardiólogos españoles, un 4,4% de los adultos mayores de 40 años padece esta afección cardiaca. Por ponerlo en perspectiva, cuatro veces y media más personas padecen fibrilación auricular que celiaquía (enfermedad que tiene un 1% de prevalencia entre la población española).

"En España tenéis mucha suerte. La dieta mediterránea es la que recomiendo a mis pacientes"

Y sus síntomas son más que relevantes: palpitaciones, dolor de pecho, disnea, fatiga, mareos, complicaciones embólicas y la exacerbación de la insuficiencia cardiaca. Su tratamiento, además, requiere una terapia muy costosa para el contribuyente. Es por esto que limitar su prevalencia es un beneficio tanto para los posibles pacientes como para el bolsillo de todos.

¿Y qué hacer?

Estar gordo es peligroso para el corazón, intentar adelgazar (con la dieta que mejores resultados da) resulta que también. La doctora Martha Gulati tiene la solución a este complicado problema: "La gente está usando estas dietas bajas en carbohidratos para perder peso y esta revelación de que la cura podría ser una enfermedad ha levantado muchas cejas". La experiencia de los peligros de la pérdida de peso llegó a vivirlos en sus propias carnes: "La gente interpreta mal lo que significan las dietas bajas en carbohidratos. Sin ir más lejos, mi marido hizo un tipo de estas dietas y no comía verduras porque 'tenían carbohidratos'. Por supuesto, como cardióloga le dije que se equivocaba y hasta llegué a esconderle verduras en la comida". Eso sí, la doctora Gulati tiene más que claro lo que debemos hacer: "Tenéis mucha suerte. España tiene una excelente dieta. La mediterránea es la que recomiendo a mis pacientes. Y tiene carbohidratos". Cuándo aprenderemos que las cosas radicales no dan resultados, pero lo que sí los da es llevar un estilo de vida moderado y saludable.

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