Paquetes de floema, así se llaman esas molestas hebras que recorren de punta a punta todos los plátanos. La mayoría las retiramos antes de degustar esta pieza de fruta, aunque es cierto que cada vez son más los que no malgastan su tiempo en realizar una tarea que, para colmo, podría restar nutrientes a dicho bocado. Al parecer, quitar las hebras también provoca que nos perdamos las vitaminas que ellas se condensan. Y es que el desarrollo del plátano únicamente es posible gracias a esos tubos conductores por los que circulan los nutrientes orgánicos. Los vasos liberianos o tubos, como también se conocen, transportan los nutrientes que la planta extrae del suelo. En definitiva, ejercen de 'venas' o 'arterias' de la fruta.

“No es asqueroso ni repugnante, solo ayuda a que el plátano crezca y se vuelva delicioso", explica la doctora Elizabeth Trattner, experta en medicina china e integral, en 'Reader´s Digest'. "Está bien para comer, aunque su estructura es un poco diferente a la que se puede consumir por dentro". Esta misma doctora asegura que los paquetes de floema también nos ayudan a determinar si el plátano está listo para su consumo. “Si los nutrientes aún no se han distribuido uniformemente a lo largo de la fruta, los paquetes de floema permanecen más apretados y, por lo tanto, el plátano está inmaduro. En cambio, con las piezas maduras o demasiado maduras, ya se pueden quitar más fácilmente".

Foto: iStock.
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Según Nicholas D. Gillit, estas hebras tienen más cantidad de fibra, por lo que podrían ser incluso beneficiosas para nuestro organismo. Este experto, que se encuentra al frente del Dole Nutrition Institut, ha pasado los últimos 20 años investigando los compuestos que existen en frutas y verduras, y cómo estos afectan a nuestra salud. En cualquier caso, ya se teoriza con la posibilidad de crear unos plátanos libres de hebras para aquellas personas que profesan auténtica aversión hacia ellas. No obstante, parece una opción poco plausible ya que su presencia es básica para su desarrollo.

Comernos un plátano con su piel

Puestos a comernos todos los extras del plátano, también podríamos incluir la monda en nuestra alimentación pues, en contra de la creencia popular, esta no es perjudicial. De hecho, según un estudio de 2011 publicado en el 'Journal of Applied Biochemistry and Biotechnology', la piel del plátano contiene polifenoles y carotenoides, que resultan muy beneficiosos gracias a su poder antioxidante; además de vitaminas B6 y B12, minerales como el magnesio y el potasio; fibra y proteínas. Lamentablemente, su posible consumo está marcado por el rechazo inicial de algunos comensales, que puede superarse facilmente si la incluimos junto a otros ingredientes en zumos, batidos e incluso cocida.

Foto: iStock.
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Eso sí, los más atrevidos están de suerte, pues ya se pueden adquirir en algunos mercados nipones plátanos 100% comestibles, donde incluso la piel forma parte de esta ecuación. Se llaman Mongee Banana y ya avanzamos que no son transgénicos y que se venden en la prefectura de Okayama. Este curioso ejemplar presenta una piel muy fina que se puede comer a mordiscos sin necesidad de retirarla, aunque el lavado es imprescindible. Tal y como explica Tetsuya Tanaka, portavoz de D&T Farm -la empresa responsable de su obtención- a medios estadounidenses, el objetivo “era crear un delicioso plátano sin el uso de pesticidas". Tanaka invirtió cuatro décadas de su vida trabajando con frutas tropicales hasta que nació este producto revolucionario.

La piel del plátano contiene polifenoles, carotenoides, vitaminas B6 y B12 y multitud de proteínas

Hoy en día, la mayoría de los plátanos derivan de la variedad llamada cavendish. Sin embargo, en la década de 1950, la gros michel copaba los mercados. Una especie que fue pasto de la enfermedad de Panamá, provocada por el hongo Fusarium oxysporum, que prácticamente la liquidó años más tarde. En cambio, la cavendish no padeció este problema, lo que animó a los agricultores a replantar las zonas afectadas con esta variedad.

La intención de Tanaka era recuperar el rico y dulce sabor de los plátanos gros michel y, además, sin recurrir a pesticidas. El Mongee Banana es lo que desarrolló en el camino. Lo cierto es que la empresa, que por ahora solo vende en Japón, ha rentabilizado el hallazgo, pues vende a 5 euros la pieza.