Están robándole el terreno de la admiración a los padres. Los ‘influencers’ y los adolescentes cada día están más próximos. Y, a ciencia cierta, ya incluso les redirigen hacia el consumo de determinados productos y entre ellos, también, al tipo de alimentos. Nos remitimos a los datos: según el informe 'Radiografía del nuevo universo del lujo', elaborado por el EAE Business School, el primer punto para decidir una compra es la marca (46,1%) y la fama que esta tiene. Pero un dato significativo a tener en cuenta para llevarse un producto a casa es el consejo de un 'influencer' con cierta relevancia (26,9%), aunque sigue siendo relevante la opinión del entorno para la elección de un artículo.

Somos viejos conocedores de que la obesidad infantil es una pandemia a nivel mundial (solo en España el 40% de los menores padece sobrepeso u obesidad), por este motivo los datos de un nuevo estudio resultan más que reveladores. Científicos de la Universidad de Liverpool (Reino Unido) acaban de confirmar la influencia que tanto los 'instagramers' como los 'youtubers' pueden tener en la alimentación de los pequeños de la casa.

Una realidad a valorar si tenemos en cuenta que, según un informe reciente de Ofcom, aproximadamente el 93% de los niños de 8 a 11 años se conectan a internet, el 77% usa Youtube y el 18% tiene una cuenta de redes sociales. En los niños mayores (de 12 a 15 años de edad), el 99% se conecta, el 89% usa Youtube y el 69% tiene una cuenta de redes sociales.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Los autores del nuevo estudio, publicado en 'Pediatrics' y dirigido por Anna Coates, reconocen que “las marcas buscan relaciones promocionales con ’influencers’ debido a su alcance y la confianza que los seguidores tienen en ellos. De hecho, participan en actividades de marketing de alimentos en las redes sociales al presentar marcas y productos en su contenido, y aún no está claro si esto afecta a los comportamientos alimentarios en los jóvenes expuestos”.

Una duda que empieza a esclarecerse gracias a esta nueva investigación en la que han participado 176 menores de entre 9 y 11 años. Los expertos analizaron el efecto de la comercialización en las redes sociales de los bocadillos o snacks (saludables y no saludables), a través de las páginas de Instagram de ‘influencers’.

Se ha analizado el efecto de la comercialización en las redes sociales de snacks sanos e insanos

Ana Lucas, psicóloga sanitaria especializada en adultos y adolescentes y en EMDR, creadora de Psico-Salud, reconoce a Alimente: "Desde hace unos años ha surgido a nivel mundial el fenómeno social de los 'influencers', 'youtubers' o 'bloggers'. Llegan a millones de hogares y los niños pequeños pasan horas delante de la pantalla consumiendo vídeos relacionado con sus intereses. En principio, vídeos inofensivos y simpáticos, sobre juguetes, bailes, juegos en red e infinidad de temas. Hay para todos los gustos. Vemos niños pequeños que son youtubers, incluso niños de 3, 4 y 5 años. Así que, en general, damos por sentado que un niño pequeño que hace un vídeo sobre un juguete no puede tener nada de malo".

Desde los 7 años en adelante, insiste, "los menores empiezan a tener otras referencias, en el entorno escolar, en el entorno social de los amigos y ahora también en internet. Desde esa edad hasta los 11 años, empiezan a tener otros modelos, externos a la familia. Empiezan el colegio, los amigos, otros adultos, otros profesores y ahora también los influencers. En esta etapa, aprenden de forma automática hábitos cotidianos, de limpieza, de alimentación, de estudio o de relación y se inculca en el día a día. Los niños aprenden de lo que hacen y de lo que ven".

Aquí es donde "el fenómeno de los 'influencers' tiene importancia, los ven como iguales, incluso como nuevos modelos de referencia, y nadie les ha explicado qué diferencia hay entre esos referentes y los que realmente lo son, los que le rodean, padres, profesores y adultos de su entorno, a los que se les puede confiar esa función. Estos personajes digitales son molones por lo que sea y se convierten fácilmente en los superhéroes para los niños, con toda la carga de referencia que ello conlleva tanto positiva como negativamente", apostilla la especialista.

Antes "veíamos dibujos animados, ahora ven vídeos de 'youtubers'. No hay filtros, no hay regulación, no es un aprendizaje guiado en familia, sino construido en la soledad del niño frente a la pantalla y ante esta situación se necesita gestión por parte de los adultos", recalca.

La investigación

Los científicos dividieron a los participantes de forma aleatoria en tres grupos para ver los perfiles de Instagram simulados de dos influencers de Youtube. Uno siguió los perfiles que incluyeron imágenes de ellos con alimentos no saludables, como galletas o chocolate; un segundo observó los perfiles con alimentos sanos (frutas) y el tercero (grupo control) siguió las imágenes de productos no alimenticios (ropa y deporte).

Se seleccionaron dos influencers para las redes sociales: una 'blogger' de vídeo de Youtube de 26 años y uno masculino de 23 años. Ambos figuran entre los 10 más populares para los menores en Reino Unido, con 2,1 millones y 4,1 millones de suscriptores en Youtube, respectivamente, en el momento de la prueba y un número equivalente de seguidores en Instagram.

El impacto

Los resultados: los niños que visualizaron los alimentos no saludables consumieron un 32% más de calorías en snacks ‘insanos’ y un 26% más de calorías totales, en comparación con los niños que vieron las imágenes de no alimentos.

"Se necesitan restricciones más severas en torno al marketing digital de alimentos poco saludables"

Los autores determinan que el “estudio demuestra que la comercialización por parte de ‘influencers’ de alimentos poco saludables incrementó la ingesta inmediata de alimentos por parte de los niños, mientras que la promoción de alimentos saludables no tuvo tal efecto. Estos hallazgos son consistentes con la literatura científica sobre el impacto de los productos que cuentan con el respaldo de celebridades”, declaran los investigadores.

Recuerdan, además, que "la obesidad infantil sigue siendo un problema importante de salud en todo el mundo y el marketing digital ofrece a las compañías de alimentos nuevas formas de llegar a los niños, muchas de las cuales son difíciles de rastrear y controlar; y los efectos, difíciles de cuantificar. Los niños tienen derecho a participar en medios digitales y un derecho a la protección de la salud. Se necesitan restricciones más severas en torno al marketing digital de alimentos poco saludables y no se debe permitir que estas personas promuevan alimentos insanos para los jóvenes vulnerables en las redes sociales”, increpan.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Fijando hábitos

Es importante valorar, según la psicóloga Lucas, que "los hábitos alimenticios se aprenden fundamentalmente en la casa y en el colegio, que es donde hacemos las comidas principales. En la etapa de 7-11 años, se interioriza el estilo de alimentación de la familia y del colegio de forma natural. El niño va a tomar lo que haya en su plato, lo que le proporcionen los padres... independientemente de lo que pida. Los padres son los proveedores a estas edades. Así que la alimentación está más influenciada por lo que compren los padres que por lo que vean en los vídeos".

En la adolescencia, por el contrario, "es la etapa en la que se fijan los hábitos de alimentación adquiridos en la infancia. Aquí sí tenen más capacidad de variar la alimentación en el caso de que se compren su merienda o hagan la comida solos en casa. En esos momentos, la influencia de los 'youtubers' podría afectar más a sus hábitos alimenticios, de forma que sigan un modelo poco saludable. Que un menor llegue a esa edad con buenos hábitos es cuestión de lo bien que lo hayan hecho sus padres en el entorno familiar cuando era pequeño", explica.

El enemigo "es fuerte y tenemos que asentar bien esas inercias saludables en la infancia. La industria de la alimentación con su aplastante fuerza para presentar productos no muy sanos como algo atractivo, la publicidad o las malas influencias de sus referentes virtuales tienen una fuerza indiscutible ante nuestros hijos. Solo podemos intentar proponerles unos hábitos correctos en su alimentación haciéndoles ver la importancia de tratar su cuerpo como un santuario que deben respetar y cuidar para que cuando tomen ellos la decisión de cómo se alimentan, esta sea la adecuada", subraya la experta.

El mejor mensaje es el ejemplo. "Que los padres fomenten un dieta variada y saludable es la mejor herencia en términos nutricionales que les pueden dejar a sus hijos. Que los padres vean los vídeos que ven sus hijos y puedan ejercer una labor educativa sobre lo que están viendo ayudaría a los niños a tener una visión más objetiva y ajustada a la realidad sobre lo que ven la pantalla. Mientras que no haya una regulación de contenidos en la red, los padres pueden cumplir esa función de regulador", aconseja.