Estamos acostumbrados a leer estudios que relacionan ciertos tipos de alimentos con el estado de ánimo. Se debe a que contienen aminoácidos como el triptófano -presente por ejemplo en el cacao- que influyen en los niveles de serotonina y dopamina, por lo que predisponen a la felicidad o, si hay déficit, a la depresión. Menos habitual es el estudio de la relación inversa: ¿cómo nos comportamos ante la comida según nuestro humor o predisposición psicológica? O más concretamente: ¿qué decisiones tomamos en cuanto a nutrición se refiere basándonos en nuestro propio estado de ánimo?

Una nueva investigación dirigida por la Universidad de East Anglia (UEA) ha explorado este aspecto a través de un conocida herramienta de la rama de psicología denominada Teoría del Enfoque Regulatorio, formulada por el profesor Tory Higgins, de la Universidad de Columbia. Según Higgins, se pueden establecer dos tipos de comportamientos en la toma de decisiones: el primero está basado en lo que identifica como el enfoque de promoción, es decir, las personas que buscan por medio de sus acciones un estado ideal; y el segundo es el enfoque de prevención o las que persiguen lograr la seguridad.

Cada grupo se define bien por los deseos y aspiraciones, bien por sus deberes y obligaciones

Más concretamente, los individuos con un enfoque de promoción están preocupados por la presencia o ausencia de resultados positivos que conducen a los estados finales deseados, mientras que aquellos con un enfoque de prevención están preocupados por la ausencia o presencia de resultados negativos. El enfoque de la promoción se ocupa de los deseos y aspiraciones de la gente, mientras que el de la prevención se refiere a sus deberes y responsabilidades.

Tiempo y esfuerzo

Los investigadores de la UEA, liderados por Kishore Pillai, han aplicado este método a las decisiones sobre nutrición y la elección de comida más o menos saludable, con el fin de averiguar qué enfoque funciona mejor para evitar problemas de una mala alimentación, como son el sobrepeso o la obesidad. En el estudio participaron 1.125 consumidores de Taiwán, donde los hábitos alimenticios han estado cambiando y ha habido aumentos en la obesidad, presión arterial alta y diabetes. Se preguntó a los participantes respecto a su nivel de compromiso tanto en la elección como en la información de que disponían sobre aspectos nutricionales y el ajuste de su dieta.

Elección de tipos de comida. (iStock)
Elección de tipos de comida. (iStock)

Según sus hallazgos, los resultados sugieren que las personas con una actitud positiva tienen más probabilidades de comer de manera saludable, tras examinar el papel de la motivación del 'enfoque regulatorio' en el grado de implicación de los consumidores en la nutrición. Es decir, el tiempo y el esfuerzo que dedican a informarse sobre nutrición y a buscar alimentos con alto valor nutritivo para incluir en sus comidas. También examinaron el efecto de la participación de los consumidores y el comportamiento alimentario.

Aquellos que siguen el enfoque proactivo tienen más probabilidades de comer de manera saludable

Los hallazgos muestran que los que disponen de un enfoque de promoción participan más activamente en las decisiones sobre nutrición, lo que a su vez lleva a un mayor conocimiento sobre la materia y, por tanto, a un mejor ajuste de la dieta siguiendo consejos de los medios de comunicación, médicos, familiares o amigos. Los que empleaban, en cambio, un enfoque de tipo preventivo apenas tenían incidencia en su dieta.

Nivel adquisitivo

También encontraron que el comportamiento basado en la promoción fue más elevado entre los consumidores de altos ingresos y que es más acusada entre los hombres que las mujeres, aunque los autores advirtieron que se necesitaban más datos, ya que en investigaciones anteriores se había demostrado que las mujeres tienen una predisposición mayor a influir en su dieta, independientemente del tipo de comportamiento.

El autor principal, Kishore Pillai, profesor de comercio minorista y mercadotecnia en la Escuela de Negocios Norwich de la UEA, explicó que los hallazgos proporcionaron información sobre las actitudes y comportamientos de los consumidores relacionados con la nutrición y que fueron importantes dadas las crecientes tasas de obesidad y enfermedades como la diabetes.

Las decisiones respecto a los hábitos pueden tener consecuencias como enfermedades y obesidad

Los niveles más altos de aspiración de consumidores enfocados en la promoción conducirán a una mayor participación con la nutrición para mejorar su bienestar. Si bien las personas enfocadas en la promoción y la prevención estarán motivadas para mantener una buena salud, es más probable que los primeros empleen estrategias de abordaje como la implicación nutricional.

"Las decisiones de los consumidores con respecto a los hábitos alimenticios y la nutrición pueden tener consecuencias, como enfermedades y obesidad, que tienen implicaciones directas en las políticas de salud pública. La obesidad se puede prevenir y el aumento de la participación de los consumidores en la nutrición puede ayudar a lograrlo".

Entre las conclusiones del estudio cabe destacar que, dados los datos, los organismos públicos pueden fomentar el enfoque promocional y, a su vez, la participación en nutrición a través de una comunicación adecuada. Sin embargo, tal y como indican los resultados, la efectividad de esta intervención variará entre los grupos de ingresos altos y bajos y muy probablemente también entre hombres y mujeres.