El yogur griego destaca por su cremosidad. El paladar queda extasiado ante su suave textura y ese toque ácido que a algunos les evoca el sabor del queso. Nos sacia mucho más que un yogur normal debido a su alto contenido en proteínas y, además, se digiere mejor dado que incluye menos lactosa. Lo cierto es que los yogures griegos suelen tener el doble o el triple de proteínas que los convencionales, aunque existen diferencias importantes entre las múltiples marcas que encontramos en el mercado. Es aquí donde el consumidor debe hacer un alto para leer las preciadas etiquetas, que le permitirán comparar y elegir en consecuencia.

¿Y qué decir acerca de su origen? “Se cree que el yogur llegó al Mediterráneo durante la Edad Antigua de mano de los turcos. Fue en Grecia donde el consumo de yogur se extendió desarrollando una variedad local que, con el tiempo, logró tener estas características que lo hacen único”, explica Danone en su portal oficial.

El yogur con menos azúcar del mercado

Foto: iStock.
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A día de hoy su consumo convence por su sabor y porque, como hemos explicado, puede incluso considerarse una opción más saludable, ya que aporta muchos nutrientes y estos, además, se pueden absorber mejor. Se estima que una ración de 170 gramos nos proporciona entre 15 y 20 gramos de proteínas, pocos carbohidratos y grandes cantidades de potasio, calcio, vitamina B12, vitamina B6 y magnesio.

Lo cierto es que el yogur griego es de los pocos que aprueban el duro escrutinio de los niveles de azúcar que poseen estos lácteos. Así se desprende de una investigación publicada en la revista 'British Medical Journal', que analizó 921 yogures disponibles en grandes supermercados británicos. Al parecer, solo el yogur griego presentó niveles aceptables de azúcar, mientras que el resto se situaban muy por encima de los cinco gramos por porción requeridos por la Unión Europea para ser considerado un producto bajo en calorías.

El coste medioambiental del yogur griego

Pero también hay contrapartidas a tantas bondades. Quizás no imaginéis el coste medioambiental de este producto, que se ha convertido en un lácteo imprescindible para muchos comensales. La explicación se halla en su proceso de fabricación, pues una vez que el yogur ha cuajado se elimina el suero, por eso queda tan concentrado y cremoso. Aunque parezca poco plausible que el yogur griego pueda contaminar las vías fluviales, lo cierto es que es un problema real, aunque casi inexistente en el presente. No en vano, a medida que se descompone en el agua, el suero ácido elimina el oxígeno y causa estragos en los peces, que mueren asfixiados. Tanto es así que en 2008, la fábrica de quesos Minerva Dairy liberó suero ácido en un arroyo de Ohio (Estados Unidos), una imprudencia que causó la muerte de más de 5.400 peces a lo largo de un tramo de 1,5 millas. Por supuesto, esto les valió una considerable multa.

Al parecer, solo el yogur griego presentaba niveles aceptables de azúcar, según un estudio

Dada la creciente popularidad del yogur griego en los últimos años, es obvio que urge encontrar una salida sostenible a la ingente cantidad de suero ácido que produce esta industria, muy preocupada en encontrar soluciones. Mientras tanto, sería una buena idea optar por su preparación en casa. De hecho, muchos consumidores ya elaboran sus propios yogures, ya sea con yogurteras o sin ellas. Definitivamente, el yogur griego no es una receta complicada, pero requiere unos pasos extra. Eso sí, no desechéis el suero restante por el desagüe del grifo. Podéis consumirlo o usarlo para otras recetas, el medio ambiente os lo agradecerá.

Cómo preparar yogur griego en casa

Foto: iStock.
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Ingredientes:

  • 900 ml de leche entera fresca
  • 100 ml de nata líquida fresca
  • 1 yogur natural

Primeramente, mezclamos en una olla honda todos los ingredientes y la ponemos a fuego medio. No estaría mal que, con un termómetro, controlaramos la temperatura, que en este caso debe rondar los 85ºC. Una vez alcanzada la temperatura adecuada, vertemos el contenido en tarros y los cerramos con la tapa, donde deben fermentar durante unas 8 horas, aproximadamente. También debemos colocarlos en un lugar cálido. Pasado ese tiempo, solo falta filtrarlo. Para ello, cogemos una gasa o un paño de algodón para colar el yogur, un proceso que puede llevar horas. Por lo tanto, debemos refrigerar el yogur mientras se lleva a cabo. Una vez concluido este laborioso proceso, tendremos en el paño el yogur griego listo para servir. Podemos degustarlo con fruta recién cortada, muesli o granola. Sea como fuere, estará delicioso.