Cuando llega la Semana Santa, las calles de las principales ciudades españolas se inundan de feligreses y curiosos para contemplar las procesiones. Un espectáculo cultural de enorme colorido que combina emoción, arte, religión y fiesta. Desde unos meses antes, cuando se apagaron las luces de Navidad, las hermandades trabajan para que los pasos luzcan sus mejores galas y paseen con elegancia entre el gentío.

Esos imponentes pasos o tronos, que superan en muchos casos los mil kilos de peso, precisan de la fuerza humana para ser trasladados. De todo el cortejo procesal, los costaleros –las personas que van debajo de los pasos cargando el peso sobre el cuello– son los que tienen la mayor exigencia física, debido a la acumulación de kilos y al tiempo que pasan en la calle cargando. Es necesario, por tanto, una buena preparación física y mental. Ser costalero implica una devoción y un sacrificio que en ocasiones da prioridad a las emociones respecto a la salud.

Alimentación ajustada a unas franjas horarias

La devastadora mezcla de gran peso elevado durante mucho tiempo implica la ejecución de otro binomio, hidratación-nutrición, para que la estación de penitencia se desarrolle con absoluta normalidad y sin sobresaltos nocivos para la salud. El costalero desarrolla bajo la trabajadera un gran esfuerzo físico que se concentra en piernas, zona lumbar, torso y brazos. El ejercicio se asemeja al de un levantador de pesas que además caminara con ellas, lo que conlleva un importante gasto energético y pérdida de líquido en forma de sudor. Se puede llegar a perder hasta 3 litros de agua durante el recorrido.

Foto: Luis de Vega.
Foto: Luis de Vega.

La dieta del costalero, por tanto, debe ser ligera y equilibrada, tal y como aconseja Enrique Martínez Avecilla, dietista-nutricionista en el Centro La Habitación Saludable de Sevilla. Se recomienda ingerir alimentos hidrocarbonados junto con bebidas que aporten azúcares al organismo. Con esta combinación se evitarán las posibles bajadas de azúcar y la falta de nutrientes energéticos. También es importante una alimentación ordenada y ajustada a unas franjas horarias.

Muchos nutricionistas abogan por planes a largo plazo, pero no podemos olvidar que los costaleros no son deportistas de élite ni nada que se le parezca. El abanico de perfiles en una hermandad es variadísimo, y aunque en ninguno falta coraje, sentimiento y fe, la preparación física es otro asunto. Lo recomendable es preparar la alimentación tres o cuatro días antes de la estación de penitencia y que las comidas tengan una distribución adecuada.

La cena debe ser fuerte, al igual que la comida, pero evitando repetir platos


Pongamos un ejemplo. En el desayuno es conveniente incluir leche, cereales, jamón cocido, jamón serrano y frutas. En la comida, si se toman dos platos, en el primero deben predominar los carbohidratos -arroz, sopas, pastas y patatas-, mientras que en el segundo abundarán las proteínas, bien en la carne o en el pescado. De postre, frutas, queso o yogur. Todo regado con agua.

La merienda tiene que ser ligera, a base de algún producto lácteo, galletas y zumo de frutas. La cena tiene que ser fuerte, como la comida, pero evitando repetir platos. Y el agua otra vez por bandera, insiste Martínez Avecilla.

Foto: Luis de Vega.
Foto: Luis de Vega.

Además de seguir unas pautas de deportista por unos días, también es muy importante el apartado de las restricciones. Antes de ponerse bajo los faldones -donde, insistimos, se suda de lo lindo- es aconsejable no ingerir alimentos pesados (dulces, bollería industrial, chocolates, snacks salados…), grasos (mantequilla, embutidos, quesos grasos…) ni comidas hipercalóricas (fritos, asados, estofados, empanados, rebozados…).

También hay que evitar alimentos que produzcan sed como salazones, embutidos, conservas saladas o salsas picantes, y evitar bebidas gaseosas y alcohólicas, que hinchan el estómago y provocan gases. Hay que tomar fruta en abundancia y beber al menos 2 litros de agua ese día. La comida principal se hará al menos 4 o 5 horas antes de la salida y se recomienda tomar un plátano una hora antes de la estación de penitencia; su potasio y magnesio ayudarán a combatir la fatiga muscular.

El peligro de la deshidratación

Una vez bajo los faldones, aparecen los nervios y el cuerpo comienza a consumir ácido láctico de manera progresiva. Por tanto, es recomendable tomar barritas energéticas o frutos secos, así como bebidas isotónicas (ricas en azúcares y sales minerales), además de agua a pequeños sorbos, de manera frecuente y sin esperar a sentir sed para evitar la repentina aparición de la deshidratación.

Dicho esto, tampoco podemos olvidar la prevención para evitar cualquier tipo de lesión ya que muchas articulaciones están sometidas a un gran estrés a causa del peso y de la fuerza que genera cualquier tipo de desplazamiento del paso. El peso recae sobre el cuello, concretamente sobre la séptima vértebra cervical. La columna, la cintura pélvica, las caderas y las rodillas sufren mucho, de ahí que sea preciso llevar a cabo ejercicios de potenciación –abdominales, sentadillas, extensión de rodillas…- con el fin de evitar lesiones. ¡Buena estación de penitencia!