Dice la Organización Mundial de la Salud (OMS) que el sobrepeso y la obesidad son en gran medida prevenibles y afirma que las políticas, los entornos, las escuelas y las comunidades son fundamentales, “pues condicionan las decisiones de los padres y los niños, y pueden hacer que los alimentos más saludables y la actividad física regular sean la opción más sencilla (accesible, disponible y asequible) para combatir una pandemia, que afecta en todo el mundo a más de 41 millones de niños menores de cinco años”.

Un problema al que nuestro país no es ajeno y sobre el que da la voz de alarma un estudio, elaborado por la Iniciativa Europea de Vigilancia de la Obesidad Infantil de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que apunta que Italia, Chipre, España, Grecia, Malta y San Marino se sitúan a la cabeza del continente europeo con un porcentaje de obesidad entre los niños de entre un 18% y un 21% y entre un 9% y un 19% en el caso de las niñas.

"El marco educativo tiene una gran responsabilidad en la educación alimentaria", Javier Aranceta

Para combatir esta pandemia, y conscientes de que la escuela es un agente fundamental y necesario que puede dar respuestas y soluciones a un problema tan extendido entre la población infantil y juvenil española, la Fundación Trilema ha desarrollado un programa piloto que se pondrá en práctica en 15 centros educativos españoles para el curso 2019-2020. Un proyecto educativo que forma parte de Alimentado el Cambio, una iniciativa que quiere impactar de manera positiva en la alimentación, la salud y el bienestar de las nuevas generaciones, en la que participan la Fundación Ashoka, Danone y la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO).

Foto: iStock.
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Carmen Pellicer, pedagoga, escritora y presidenta de la Fundación Trilema, explica que “existe una laguna en el currículo ordinario que descuida el cuidado del cuerpo, el cuidado personal, cómo me cuido a mí mismo”. En este sentido, la presidenta de la Fundación afirma que “llevamos tiempo investigando cómo podríamos diseñar una competencia personal que tuviera que ver con cómo me cuido a mí mismo y cómo ese cuidado incluye la dimensión de felicidad. Cuáles son los componentes que hacen que un niño se sienta feliz. Lo que la OCDE, la Unesco y las grandes organizaciones internacionales definen actualmente como el índice de bienestar subjetivo; no solo las condiciones que hacen que un niño esté bien, sino que además sienta que su vida es valiosa y le hace feliz, y cómo aprendemos juntos ese concepto de salud integral”.

Javier Aranceta junto a Carmen Pérez-Rodrigo señalan en un artículo, recogido en la 'Revista Española de Cardiología' en 2018, que “el marco educativo tiene una gran responsabilidad en la programación de contenidos de educación alimentaria y nutricional dentro del currículo escolar y también como actividad extraescolar en formato de talleres de cocina, talleres del gusto, prácticas de cesta de la compra, visión crítica de la oferta de productos en las máquinas de vending, etc. Una de las asignaturas pendientes que destacar se refiere al papel del comedor escolar y universitario. Se trata de una oferta alimentaria en un marco institucional a una población vulnerable y en la mayoría de los casos sin posibilidad de elección”.

Cómo fomentar la salud en el centro educativo

Una apuesta, la de la escuela como elemento a través del cual se fomentan hábitos saludables de los más jóvenes, llevada a cabo por Fundación Trilema, que coincide con la idea anunciada por Aranceta y Pérez-Rodrigo de que la escuela es un agente importante en la consecución del fomento de la salud en el centro educativo. Según Pellicer, “este trabajo que llevamos años investigando y desarrollando nos ha llevado a participar en el proyecto Alimentando el Cambio, dada la relación que tiene el concepto de salud integral con hábitos de vida saludable, entre los cuales está la alimentación, la hidratación, el ejercicio físico, el adecuado descanso, la respiración o la higiene y la seguridad. Dentro de este entorno estamos trabajando en un modelo pedagógico que desarrolle esta competencia de autocuidado, salud integral y cuidado, y educación de la felicidad”.

Foto: iStock.
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Este programa aplicado a la escuela está enfocado a niños de 2 a 12 años (niveles de Infantil y Primaria). Con él, se busca generar cambios de conocimiento y de comportamiento medibles sobre los hábitos de alimentación e hidratación a través de proyectos integrales a trabajar en el aula, con actuaciones presenciales formativas dirigidas a alumnos, docentes y familias.

La fase piloto del programa se llevará a cabo, inicialmente, en 15 colegios a nivel nacional, con más de 7.500 alumnos implicados, 225 profesores y 100 monitores de comedor. “Hemos elegido una muestra que sea representativa de la diversidad de las escuelas que hay en España, escuela grande, escuela pequeña, escuela rural, escuela urbana, pública, concertada, de un nivel socioeconómico medio y escuela con una desventaja social alta. Hemos intentado conformar la diversidad del panorama educativo español para que nos ayude a valorar el impacto que tiene todo nuestro trabajo”, declara una de las responsables, junto al filósofo José Antonio Marina, de la elaboración del Libro Blanco de la Educación.

Se creará una red de colegios saludables y un Libro Blanco sobre buenos hábitos de alimentación

El impacto de este modelo de intervención pedagógiga en los 15 centros en los que se pondrá en marcha para el próximo curso será evaluado por la Universidad Autónoma de Madrid, el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona y el Grupo Genud (Growth, Exercise, Nutrition and Develompment) de la Universidad de Zaragoza. Posteriormente, el proyecto se universalizará para el curso 2020-2021 al resto de colegios.

Foto: iStock.
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Estas acciones se completarán con otras, como la elaboración y publicación de un Libro Blanco sobre los hábitos de alimentación saludable e hidratación; la creación de una red de colegios saludables; el desarrollo de una formación presencial para todos los agentes involucrados con los comedores infantiles y una app de comunicación entre colegio y familias para un adecuado seguimiento de las actuaciones. Carmen Pellicer añade que “este proyecto tiene un componente importante de formación, de los monitores de ocio y de comedor. Aquellas personas que no tienen una cualificación necesariamente pedagógica, una titulación, pero que están con los alumnos durante muchas horas, durante los momentos de patio y de comedor, que son horas con un alto valor educativo”.

En esa fase final se prevé que el programa llegue a casi 2,3 millones de niños. Un proyecto con el que mejorar la alimentación desde la escuela y cuyo objetivo es lograr que los menores sean sujetos activos de sus propios hábitos alimenticios.