La soja siempre ha sido un tema peliagudo. Todos recordamos bebidas de soja específicas para mujeres (al menos así estaban anunciadas). Esto se debe a que este alimento contiene unas sustancias llamadas isoflavonas. Las susodichas son unas moléculas que cumplen en nuestro organismo la misma función que los estrógenos (la hormona más importante para las mujeres). Estas bebidas están diseñadas para aliviar ciertos efectos incómodos de la menopausia en mujeres que pasan por ese momento de sus vidas. El problema llegó cuando ciertos estudios pusieron de manifiesto que las isoflavonas de la soja podían propiciar ciertos cánceres de mama hormonodependientes (en los que las hormonas juegan un papel fundamental desencadenándolos).

Se sigue, todavía hoy, discutiendo si esto es cierto y existen argumentos a favor y en contra del consumo de isoflavonas de soja. Los primeros se basan en la observación de las mujeres asiáticas, que tienen una menor incidencia de cáncer de mama a pesar de consumir mucha más soja que las mujeres occidentales. Lo que argumentan los estudios en contra de su consumo es que la población asiática lleva siglos consumiendo ingentes cantidades de este pseudocereal y están adaptados a él, mientras que en occidente es un alimento relativamente nuevo y que no ha entrado con anterioridad en nuestro organismo. Es lógico entender este punto de vista, pues lo más probable es que nuestros abuelos no hubiesen comido soja en su vida. Pero no es esto lo que nos ocupa hoy. Un masivo metaestudio llevado a cabo por la FDA (Food and Drug Administration, la mayor autoridad en medicamentos y alimentos de Estados Unidos) ha comparado los resultados y métodos de 46 estudios científicos con relación al efecto de la soja en los niveles de colesterol en adultos. Y los resultados son más que relevantes (y esta vez no hay nadie que lo discuta, al menos no todavía).

Foto: iStock.
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El estudio llevado a cabo por los investigadores Sonia Blanco Mejía, Mark Messina, Siying S. Li, Effie Viguilouk, Laura Chiavaroli, Tauseef A. Khan, Korbua Srichaikul, Arash Mirrahimi, John L. Sievenpiper, Penny Kris-Etherton y David J. A. Jenkins, de la Universidad de Toronto y de la Pennsylvania State University, estaba encargado por la FDA por una razón muy concreta: las propiedades nutricionales y para la salud que se le permitían utilizar a los productos con proteína de soja. En concreto, utilizar el reclamo publicitario 'Reduce los niveles de colesterol tanto totales como de LDL'. Hasta el momento estaba permitido, pero la organización gubernamental estadounidense necesitaba pruebas de que esto era así, porque en caso contrario tenía la intención de prohibirlo categóricamente.

Los resultados

De los 46 estudios, 43 eran lo suficientemente exhaustivos como para proporcionar datos relevantes al estudio. Los científicos ponen de manifiesto que "una dosis normal de 25 gramos al día de proteína de soja durante 6 semanas redujo el colesterol LDL (el malo) en 4.76 mg/dL -hay que tener en cuenta que los niveles normales de este triglicérido se sitúan por debajo de los 150 mg/dL-. El consumo de esta proteína también redujo los niveles totales de colesterol en 6,41 mg/dL". Además, los investigadores aclaran que "no había evidencias en los estudios que se tuvieron en cuenta de que los susodichos trabajos científicos estuvieran sesgados".

La siguiente pregunta es si todas las leguminosas comparten esta cualidad. (iStock)
La siguiente pregunta es si todas las leguminosas comparten esta cualidad. (iStock)

Es por esto por lo que la soja va a tener más popularidad (si cabe) de ahora en adelante. No es solo una proteína de origen 100% vegetal, sino que además sus efectos en nuestra salud cardiovascular la convierten en un alimento que debería entrar a formar parte de las recomendaciones dietéticas de aquellas personas con colesterolemia elevada o que tengan riesgo de padecerla. Según los propios investigadores: "La proteína de soja redujo significativamente los niveles de colesterol de los sujetos de estudio. En concreto, entre un 3% y un 4%. Nuestros datos apoyan la evidencia. Es adecuado recomendar al público internacional que aumente su ingesta de proteínas vegetales".

Y esto no acaba aquí, como explica el autor princpal del estudio y director del Centro de Nutrición Clínica y Modificación de los Factores de Riesgo, el doctor David Jenkins, "cuando alguien añada a los efectos de la proteína de soja en este estudio descritos el cese de la ingesta de grasas saturadas y contenidos altos en colesterol de la carne roja, la reducción de los niveles de colesterol podría ser todavía mayor".