En 2008, el panga se presentaba como el pescado del futuro debido a sus grandes propiedades nutricionales y su bajo precio. Y en realidad, así fue durante un tiempo. Este pez procedente del Lejano Oriente se convirtió en uno de los más vendidos en España; durante la crisis, de hecho, se le llegó a conocer como la 'merluza de la crisis'. Sin embargo, en 2013 su reputación se vio empañada y su popularidad comenzó a descender fulgurantemente, pues se le acusaba de tener poco aporte nutricional y de estar criado en condiciones poco saludables.

Por lo que respecta a la primera incriminación, ciertamente es así, pues este pescado blanco de agua dulce es más escaso en ácidos grasos omega 3 y proteínas que otros parientes marinos. Sin olvidarnos que tiene un sabor sumamente suave, para muchos insípido, que no recuerda demasiado al pescado. Con relación a su proceso de cría, el tema es debatible. Sucede que el panga se cría en torno al río Mekong (Vietnam), de donde provienen la mayoría de ejemplares que consumimos en España, en modo intensivo y en aguas que están muy contaminadas. A lo que se añade que el sistema de cría daña otros espacios protegidos, como los manglares.

La OCU halló restos de mercurio y herbicidas en el panga, por eso aconseja comerlo una vez a la semana

La Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) afirma que este pescado es totalmente seguro, pues "la calidad sanitaria de dichos pescados no solamente está asegurada por control oficial en frontera, sino también por el de las comunidades autónomas, quienes, a través de sus Consejerías de Sanidad, también pueden realizar controles cuando el pescado está ya en los canales de comercialización en España". Por su parte, la OCU se muestra escéptica con la afirmación expuesta por la AECOSAN. Tras analizar 23 muestras de panga -17 congeladas y 6 frescas-, detectó que 4 de ellas contenían trifluoralina, un herbicida que ha sido prohibido en Europa, y mercurio, el cual no superaba el límite establecido -0.5 mg/kg-, al menos no en todos los casos.

Según este organismo, "ninguno de los dos contaminantes encontrados suponen aisladamente un riesgo inmediato para la salud, pero estos residuos deben ser tenidos en cuenta para realizar los controles y recomendaciones oportunos a la población. Por tanto, desde la Organización de Consumidores y Usuarios recomendamos que el panga no se consuma más de una vez por semana".

Los mejores sustitutos

Foto: iStock.
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Sea como fuere, esta polémica ha provocado la retirada del panga de los menús escolares y algunas cadenas de supermercados. Asimismo, entre los comensales se ha instalado un rechazo generalizado a este pescado, quienes prefieren decantarse por otros peces que ofrezcan más garantías. No negamos que el panga es una opción muy barata y sumamente cómoda, pues se comercializa eviscerada, fileteada, lista para consumir y, además, carece de espinas. Sin embargo, entre los habitantes del mar hay otras opciones suculentas y mucho más saludables que conviene tener en cuenta. ¿Cuáles son?

  • Abadejo (Pollachius pollachius). También conocido como serreta, se cría en el golfo de Vizcaya y el Atlántico. Es un pescado blanco con una textura similar al bacalao y un sabor que recuerda a la merluza. Apenas tiene escamas y espinas, y es rico en proteínas de alto valor biológico, omega 3, vitaminas del grupo B, minerales -como el magnesio, el fósforo, el potasio y el yodo- y ácido fólico. Es ideal para consumir a la plancha, marinado o al horno, y conviene combinarlo con ingredientes de sabor suave para no enmascarar su sabor.
  • Rosada (Genypterus blacodes). Habita en los fondos marinos de Nueva Zelanda, Chile, Brasil y Australia, y es un pescado blanco que cada vez se deja ver más en nuestras pescaderías. Entre el resto de especies, destaca por su sabor a medio camino entre el congrio y el abadejo. Tiene muy poca grasa y un alto contenido en potasio, proteínas y omega 3. Funciona muy bien en guisos, al horno, rebozado e incluso en hamburguesas, aunque en solitario y a la plancha también está muy rico.

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  • Bacaladilla (Micromesistius poutassou). Pertenece a la familia de los gádidos, la misma que el bacalao, y también se le conoce como perlita, lirio o abril. Vive en las aguas del Mediterráneo y el Atlántico, y dicen que es muy agresivo. Sin embargo, en la mesa ofrece un sabor muy suave y delicado, ideal para los más escépticos. A nivel nutricional, regala la mismas propiedades que el resto de los pescados blancos, si bien es cierto que contiene cantidades más generosas de magnesio. Posiblemente, la forma más habitual de prepararlo es rebozado y frito con una pizca de limón.
  • Filetes de gallo (Lepidorhombus whiffiagonis). En Cantabria se le denomina ojito; en Cataluña, bruixa; y en Galicia, rapante de manchas. Aporta propiedades similares al resto de los pescados blancos, sin embargo, proporciona más vitaminas B6 y B9 y sodio. La cabeza y las espinas son idóneas para elaborar caldos y fumets; mientras que su carne delicada y jugosa funciona muy bien rebozada en huevo y harina o a la plancha, perfecta para los más pequeños de la casa.
  • Caballa (Scomber scombrus). Es un pescado azul que habita en los fondos marinos del Mediterráneo y el Atlántico, y está presente en las pescaderías durante todo el año, aunque sabe mucho mejor en verano, pues es su época de máximo esplendor. Luce un aspecto similar al verdel, con el que muchos consumidores lo confunden. Sin embargo, este es un poco más oscuro y las rayas negras que recorren su lomo son más regulares. Además de económico, aporta importantes cantidades de vitaminas, sobre todo B12, incluso más que los huevos; proteínas de alto valor biológico y minerales. Proporciona una carne jugosa que admite múltiples preparaciones como al horno, en escabeche, guisada e incluso encebollada.