Hay quienes todavía se resisten a leer las etiquetas, aun cuando tal costumbre les podría poner a salvo de llevarse a casa malos productos o que, directamente, les den gato por liebre. Uno de estos ejemplos más palmarios donde el consumidor tiene que estar al pie del cañón es el embutido de pavo. Un producto que tiene fama de ser más ligero y con menos grasas que el jamón de york, pero que puede convertirse en todo un repertorio de ingredientes insospechados.

Pero si queremos ser avispados más vale que empecemos a leer antes de comprar. En este artículo abordaremos las claves para elegir el mejor fiambre de embutido de pavo. “El pavo cocido se ha consagrado como una alternativa al jamón cocido. Es un alimento habitual cuando se quiere cuidar la dieta, bien para vigilar el peso, bien por problemas gastrointestinales… También tiene limitaciones”, explican al respecto en la misma web de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU).

Exceso de sal

A esto se añade que pueden ser una auténtica mina de sal. “Su exceso es un problema habitual en este producto. Ten en cuenta que un ración de pavo puede aportar más de la mitad de la sal que recomienda tomar la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un día (5 gramos)”, exponen en este organismo.

Sin embargo, y tal y como advierten en la OCU, si a las piezas de carne se les añaden féculas pasan a denominarse 'fiambre de pechuga'. Si nos topamos con este título, deben saltarnos todas las alertas pues es posible que haya muchos más ingredientes. Uno de ellos, el glutamato monosódico.

En Alimente hemos querido conversar acerca de este producto con Moisés Chacón, autor del blog 'No + Aditivos', que nos desgrana las razones que convierten este producto en una opción donde debemos extremar la vigilancia a la hora de comprar. “Es común que las marcas recurran al glutamato monosódico, E-621, para intentar disfrazar la baja calidad de su producto haciéndolo parecer al paladar más apetitoso de lo que realmente es. No es necesario recordar que este potenciador del sabor es poco recomendable para nuestra salud”, explica.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Chacón afirma que lejos de lo que podamos creer, no todo lo que se vende como pechuga, jamón o fiambre de pavo es 100% pavo. De hecho, según destaca, la mayoría de los productos de las diferentes marcas que podemos encontrar en las tiendas no supera el 70% de carne entre sus ingredientes: “El producto con más cantidad de pavo que yo he encontrado alcanza el 90%, mientras que en el extremo opuesto el porcentaje de carne más ridículo que he visto es de tan solo el 45%”.

Un poco de carne con agua

Dicho esto, surgen las inevitables preguntas: en un producto que solo contenga el 50% de pavo, ¿qué es el resto? Chacón nos aclara la duda: “Lo más habitual es añadir agua, azúcares, almidones, sal y proteínas más baratas (para que el contenido total en proteínas del producto resulte atractivo para el consumidor)”.

Es común que las marcas recurran al glutamato monosódico, E-621, para disfrazar la baja calidad

Para lograr que esa amalgama de ingredientes presente el aspecto de un embutido de pavo, hay que discurrir un poco y los fabricantes tienen sus trucos: “Le añaden colorantes y potenciadores del sabor para engañar a la vista y al paladar del comprador que, a fin de cuentas, está comprando agua a precio de carne”.

Además, cuanta más agua contiene, más emulsionantes necesita para que la mezcla sea homogénea. También una baja calidad de la materia prima obliga a emplear más conservantes. “Al final la lista de ingredientes se parece más a una procesión de aditivos. En algunos casos he contado hasta once aditivos distintos en un solo producto de este tipo”.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

¿Qué hacer entonces? Este experto nos aconseja, una vez más, que no perdamos de vista la lista de ingredientes: “Debemos comprar solo aquellos embutidos de pavo que contengan el mayor porcentaje de carne posible. Así, aunque este no sea un producto especialmente saludable, por lo menos que sea de cierta calidad”.

La advertencia de la OMS

Recuerda que el embutido de pavo es una carne procesada y la OMS alertó en 2015 de que este tipo de elaboraciones podían causar cáncer. En concreto, este producto se incluyó en el grupo 1, cancerígeno para los seres humanos. Según podemos leer en la propia web del organismo, "esta categoría se utiliza cuando hay suficiente evidencia de carcinogenicidad en humanos. En otras palabras, hay pruebas convincentes de que el agente causa cáncer. La evaluación se basa generalmente en estudios epidemiológicos que muestran el desarrollo de cáncer en humanos expuestos".

Por lo tanto, la carne procesada ha sido clasificada en el mismo grupo que el tabaco y el amianto (CIIC Grupo 1, carcinogénico para los humanos): "Esto no quiere decir que son igualmente peligrosos. Las clasificaciones del CIIC describen la fuerza de la evidencia científica sobre un agente de ser una causa de cáncer, más que de evaluar el nivel de riesgo", matizan al respecto desde la web oficial.