Provoca cáncer el café? ¿Es bueno el calamar o tiene demasiado colesterol? ¿Compensa beber vino (y su contenido alcohólico) a cambio de sus propiedades antioxidantes? Estas son solo una pequeña serie de preguntas que representan muy bien la calidad de la información que llega a nosotros, los ciudadanos, de los avances científicos que se llevan a cabo en laboratorios de todo el planeta. Por supuesto, existe cierta 'corrupción' en todos los pasos de la cadena que lleva desde la pipeta hasta aquí. Ahora, la Universidad del Este de Finlandia ha llevado a cabo un estudio, realizado por los investigadores Anna M. Abdollahi, Heli, E. K. Virtanen, Sari Voutilainen, Sudhir Kurl, Tomi-Pekka Tuomainen, Jukka T. Salonen y Jyrki K. Virtanen, que dice que "el colesterol de los huevos no aumenta el riesgo de infarto ni de enfermedad cardiovascular". Por supuesto, no parece nada fuera de lo normal: otro estudio defendiendo al huevo. No significaría nada si no fuera por el publicado el 15 de marzo de este mismo año por la Northwestern University y los National Institutes of Health (NIH) estadounidenses que decía exactamente lo opuesto. ¿A quién hacer caso?

En ciencia, llamar la atención se paga, y mucho. No se hacen estudios diciendo que "estar hidratado es bueno" porque ya lo sabemos y carecería totalmente de interés. En cambio, si pueden justificar decir que "el agua produce cáncer" es otra historia completamente diferente.

El trabajo publicado en 'JAMA' contaba con un grupo de estudio 29 veces mayor. Es mucho más fiable

Es aquí donde entran en juego los medios que publican estos trabajos. A más reputación, mayor exigencia con la calidad y la metodología de los estudios. Por ejemplo, algunas revistas como 'The Lancet', 'Nature', 'Science' o el 'The New England Journal of Medicine' gozan de una reputación envidiable. Por supuesto, publicar en ellas convierte al científico que lo logra en alguien a tener en cuenta dentro de su sector, pero conseguirlo no es nada fácil. Los artículos publicados deben, para empezar, tener una metodología incuestionable, un grupo de estudio grande (si se trata de uno observacional o estadístico), seguir el método científico al pie de la letra y, por último, llegar a conclusiones relevantes y 'sorprendentes'. Cumplir estos requisitos requiere mucho trabajo y, sobre todo, muchísimo dinero.

Este es el otro gran problema con los trabajos científicos. El dinero. La forma 'legítima' de conseguirlo es si están financiados por los estados, directamente. El segundo peldaño de la escala está ocupado por las universidades. Por supuesto, en este caso también depende de cuál lo ha llevado a cabo. No es lo mismo uno publicado por la Universidad de Harvard (o sus profesores) que uno realizado por una universidad de Budapest (teniendo en cuenta que las húngaras son las peor consideradas dentro de la Unión Europea). Por último, nos encontramos con los estudios financiados íntegramente por empresas privadas que tienen el único objetivo de justificar su actividad, ya sea desmintiendo sus efectos (como en el caso de las tabacaleras) o 'probando' sus cualidades. Esto provoca que, aunque estén perfectamente realizados, siguiendo todos los métodos considerados apropiados, se los califica como 'sesgados', debido a que los investigadores buscan una respuesta concreta y están más inclinados a conseguirla.

Foto: iStock.
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De la misma manera, los medios también hacemos más caso a unos artículos científicos que a otros. Por poner un ejemplo, nadie leería una pieza en la que se dijese que "científicos de Oxford consideran la adicción a la heroína como algo negativo", pero tal vez algunos puedan pasar por el aro de "comer 1 kg de helado al día previene la obesidad" (aunque este estudio lo hubiese realizado la mayor fábrica de helados de Canadá).

Diferencias entre Finlandia y los NIH

Si debemos comparar los dos estudios mencionados previamente sobre el huevo, habrá que escudriñar atentamente su metodología para saber cuál tiene más probabilidad (dado que ambos son estadísticos) de llegar a las conclusiones correctas.

Para empezar, el estudio realizado por los investigadores de la Universidad del Este de Finlandia observaron los datos de 1.950 varones que tenían una edad de entre 42 y 60 años en 1984. De ellos, finalmente utilizaron para el estudio a 1.015. Después, se evaluaron sus cuestionarios sobre la dieta que seguían y también el registro de ingresos hospitalarios en los últimos 30 años. A continuación, valoraron estadísticamente la relación entre el consumo de colesterol a través de la dieta y un mayor riesgo de infarto. Sus conclusiones fueron más que claras: "Ni la ingesta de huevos ni la de colesterol se ha relacionado con un mayor o menor riesgo de infarto". Además, ha sido publicado en la 'American Journal of Clinical Nutrition', que goza de cierta reputación.

Foto: iStock.
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Hasta aquí parece que todo está en orden, al fin y al cabo, 1.015 personas son un buen grupo de estudio. Sin embargo, antes de llegar a conclusiones de forma precipitada, comparemos sus resultados con los del trabajo de la Northwestern University y los NIH: los datos de 29.615 hombres y mujeres durante un periodo de 17,5 años, valores exactos de incrementos y decrecimientos de la cantidad de colesterol ingerido, e informes hospitalarios de todos y cada uno de ellos. Del mismo modo, los investigadores también llegan a ciertas conclusiones, aunque son menos tajantes: "Entre los adultos estadounidenses, un mayor consumo de colesterol o huevos en la dieta se asoció notablemente con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y muerte. Se observó que estos efectos respondían a los pequeños incrementos en el consumo de este alimento. Estos resultados deberían ser tenidos en cuenta en el desarrollo de las guías dietéticas para la población". Además, en este caso el texto fue publicado en el 'Journal of the American Medical Association' (JAMA), una de las revistas más reputadas en lo que a ciencia médica se refiere.

Sin darle muchas vueltas a la cabeza, podremos observar que el segundo trabajo contaba con un grupo de estudio 29,17 veces mayor que el primero, de ambos sexos, y especificaba la relación incremento-riesgo del colesterol (y el huevo) en la dieta. Este es el más fiable.

Es normal que los científicos, al igual que el resto de nosotros, quieran prosperar en su profesión todo lo posible, pero el precio a pagar nunca debería ser ciencia sesgada o peor, falsa ciencia.