Como bien es sabido, consumir verduras es esencial para gozar de salud; de hecho, es una de las recomendaciones nutricionales en la que más insisten los especialistas. Aunque en el mercado habitan un sinfín de variedades durante todo el año, lo cierto es que cada poco tiempo hacen su aparición estelar otras nuevas que, además de dar salud, aportan innovación a la dieta, permitiéndonos ampliar la paleta de sabores y texturas. Buen ejemplo de ello es el colirrábano –Brassica oleracea var. gongylodes, también conocido como col rábano o colinabo.

Como su nombre indica, es fruto del cruce entre la col y el rábano, por lo que pertenece a la familia de las crucíferas, la misma que integra otras verduras muy populares como el kale, la coliflor o las coles de Bruselas, siendo sumamente recurrente en los países del norte y centro de Europa, donde la denominan 'kohlrabi' y la usan en un largo etcétera de recetas desde hace siglos.

Asimismo, esta crucífera, que crece en la superficie de la tierra, destaca por el inusitado aspecto que luce, pues tiene un cuerpo abultato y esférico, de color verde pálido o púrpura, del que emanan largos troncos rematados con hojas verdes. La carne de su interior es color crema, tiene una textura crujiente y proporciona un sabor dulce, a medio camino entre el nabo y la castaña, y retrogusto especiado.

Un valioso perfil nutricional

Foto: iStock.
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Como todas las crucíferas, el colirrábano nos agasaja con un largo etcétera de beneficios nutricionales. Sobresale por su alto contenido en vitamina C, proporcionando 62 mg por cada 100 gramos de producto, lo que equivale al 102% de la cantidad diaria recomendada. Dicho nutriente despunta por su acción antioxidante y por el papel que desempeña en la absorción del hierro, el fortalecimiento del sistema inmune y, por lo tanto, la prevención de infecciones.

La deficiencia de ese nutriente se relaciona con mayor riesgo de sufrir insuficiencia cardiaca, como así lo indica un estudio que recoge Fundación Española del Corazón en su web. Concluye que "quienes tienen niveles bajos de ingesta de vitamina C son 2,4 veces más propensos a tener niveles más altos de la proteína C reactiva, un marcador de inflamación y un factor de riesgo de enfermedad cardiovascular". También proporciona copiosas cantidades de vitamina A, especialmente las hojas, que es importante para la salud visual; y K, que tiene un papel fundamental en la coagulación de la sangre, evitando hemorragias.

Contiene glucosinolatos y fitoquímicos, que tienen poder antioxidante o antiinflamatorio

En el terreno de los minerales no anda escaso. Es rico en potasio, cuya labor se centra en la salud muscular o la regulación del equilibrio hídrico del organismo; calcio, fundamental para tener unos huesos fuertes; hierro, necesario para la creación de hemoglobina, el tejido conectivo y las hormonas; y magnesio, importante para la función de los músculos, la presión sanguínea, el mantenimiento de los niveles de azúcar en sangre o la formación de la masa ósea.

También atesora mucha fibra dietética, que ejerce una labor fundamental en la salud digestiva, previniendo el estreñimiento y mejorando la digestión. Además, tiene poder saciante, que, unido a su escaso poder calórico (no comporta más de 30 kcal por cada 100 gramos), lo convierten en uno de los mejores aliados de quienes están a dieta o simplemente quieren mantener una dieta saludable.

En la composición de esta crucífera también se encuentran los glucosinolatos o compuestos de azufre y fitoquímicos, especialmente isotiocianatos y sulforafano, que tienen acción antioxidante, desarrollando un papel fundamental en la prevención del cáncer, la inflamación y la diabetes. Así queda reflejado en un estudio publicado en la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, el cual concluye que "podría ser útil como un potente agente antidiabético, antioxidante y antiinflamatorio". Además, "los productos de hidrólisis con glucosinolatos alteran el metabolismo o la actividad de las hormonas sexuales, de manera que podrían inhibir el desarrollo de cánceres sensibles a las hormonas".

Versátil en la cocina

Foto: iStock.
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Aunque esta crucífera está disponible durante todo el año, su época de máximo esplendor y, por tanto, cuando mejor sabe, se extiende desde el mes de julio hasta noviembre. Es posible que a la hora de escoger un ejemplar nos asalten las dudas acerca de cuál es el de mejor calidad, dado que aún no se prodiga demasiado en nuestro mercado. Para lograr dicho cometido, lo aconsejable es optar por el que tenga un tamaño medio, pese más de lo que aparenta y luzca hojas verdes, desechando los que presenten zonas blandas y hojas amarillas o mustias.

Tal y como hemos anticipado, regala un sabor dulce con retrogusto especiado y una textura crujiente que le da un toque de lo más interesante a un sinfín de elaboraciones. Por ejemplo, en Ecuador se ralla y se usa como ingrediente de los buñuelos y los panqueques; en India se mezcla con cúrcuma, mostaza seca, sal, aceite y vinagre y se sirve untado en pan o acompañado de yogur; mientras que en Alemania o Suiza se emplea como ingrediente de purés y sopas.

No obstante, también funciona a las mil maravillas en ensalada, a las que aporta un toque dulce, e incluso se puede cocinar al vapor o la plancha, asar o saltear. Las hojas que la decoran también son comestibles y, además de aportar buenas cantidades de vitamina A, admiten tantas posibilidades como las espinacas o el repollo.