Comemos mal. O por lo menos comemos peor que antes. Así lo afirma Antonia González, embrióloga y directora de la clínica PsicoFertilidad Natural. “Antes comíamos verduras, frutas, carnes, pescados, huevos… Ahora comemos productos que contienen estos alimentos, pero ya procesados. Esa es una de las grandes diferencias”, afirma.

Y según González, comemos tan mal porque “nos hemos dejado llevar por las modas. Es muy difícil tener una vida social y a la vez saludable, se puede, pero se complica mucho, porque lo que más abunda son restaurantes de comida rápida. Pero, además, en las grandes superficies (supermercados) la mayoría de la comida que existe es en forma de producto. Lo que implica que llevan aditivos, azúcares. Y debo añadir que si buscas productos saludables, son bastantes más caros. En realidad si comiéramos carnes de calidad, pescados de calidad, verduras y frutas de temporada y de calidad, y huevo sin hormonas, nuestra salud nos lo agradecería. Y si a esto le añades que en el día a día nunca tenemos tiempo para dedicar a la cocina, tenemos el cóctel perfecto para comer mal”, puntualiza.

"La industria del adelgazamiento es el único negocio rentable del mundo con una tasa de fracaso del 98%"

La directora de PsicoFertilidad Natural asegura que no cree en la palabra 'dieta' sino en 'hábitos saludables'. Y opina que la dieta “no tiene sentido ni futuro”. Además, añade, “cada persona debería conocer su perfil metabólico e inmunológico para poder saber qué alimentos son más o menos adecuados en su caso y en cada momento”. En cuanto a la eficacia de la dieta, cree que “funcionan momentáneamente, pero no a largo plazo”. Y añade que “lo importante es detectar el desequilibrio y según este dar unos consejos alimenticios u otros. Y a esto implementarle un tratamiento integral”. Por otro lado, explica que los resultados de una misma dieta en el cuerpo del hombre o en el de una mujer son diferentes: “Hormonalmente el hombre y la mujer son distintos. La mujer tiene más estrógenos que el hombre y ya solo por eso no le afectan igual ciertos alimentos como a él”.

González no recomienda hacer dietas, sino “un estudio personalizado: síntomas, análisis clínicos... Valorar cómo está la persona emocionalmente y sus hábitos de vida y, en base a eso, hacer unas recomendaciones alimenticias adecuadas a cada persona”. Otro de los puntos que destaca es la importancia del etiquetado porque “nos informa de lo que contiene lo que vamos a comer y lo que nuestro intestino va a absorber”. Y explica: “Lo mejor, que no contenga ningún aditivo E, ya que podrían ser proinflamatorios. Nuestro cuerpo no está diseñado para sacar nutrientes de conservantes, saborizantes… y lo único que haremos dando esos químicos a nuestro cuerpo es hacer trabajar más al hígado”. Para González, el alimento ideal es el que no tiene etiqueta: “Que sea alimento, no un producto procesado”. Y añade: “De nuestra buena o mala alimentación dependerá nuestro equilibrio psiconeuroendocrinoinmunológico”.

Foto: iStock.
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Lo que debe saber una persona antes de ponerse a hacer dieta es “por qué se pone a dieta, qué objetivo tiene y sobre todo que esté asesorado por un profesional”. Y aconseja que “ese profesional sea integral, es decir, no solo tenga conocimientos de nutrición, sino también de bioquímica, hormonales, sistema inmune…”. Ya que, apunta, “somos seres integrales y debemos ser vistos así, para que, hagamos lo que hagamos, funcione. En los últimos años, los estudios sobre nutrición se han disparado y todo lo que he comentado está demostrado científicamente”. De hecho, es cierto que últimamente numerosos estudios hablan sobre la necesidad de poner el foco en los patrones dietéticos en vez de en los productos. De esta forma, una buena alimentación sería aquella que siguiera una forma de comer que toma en cuenta todos los aspectos de la dieta.

Adelgazar, ¿estética o salud?

Según las últimas estadísticas del Instituto Nacional de Estadística (INE), con fecha de publicación de noviembre de 2018, en España la obesidad afecta a un 17,4% de la población adulta y a un 10,3% de la población infantil. En los adultos, un 18,2% son hombres y un 16,7%, mujeres. Una de las características más destacables es la edad. La franja de edad más alta de obesidad en hombres es la de los 55 a los 64 años y en mujeres, de los 75 a los 84 años. Aun así, estamos en un momento en el que no solo hacen dieta los que tienen obesidad.

Adelgazar se ha convertido “en una obsesión”, así lo aseguran desde la Fundación Española de la Nutrición (FEN): “La obsesión por adelgazar es una realidad en la sociedad actual, estamos invadidos por imágenes de cuerpos perfectos que invitan continuamente a reducir peso y emular el modelo. Esta presión social puede motivar en muchos casos el que se sienta una especie de obligación de adelgazar. Así, perder peso ha dejado de ser un problema exclusivo de los obesos. Esta preocupación extendida y generalizada incluso a aquellas personas que por su índice de masa corporal (IMC) pudieran considerarse con peso normal o bajo puede tener repercusiones para la salud”.

Foto: iStock.
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La FEN junto con la Comunidad de Madrid publicó un estudio sobre el 'Índice de masa corporal y deseo de perder peso (C.Núñez y cols.)' que llegaba a la siguiente conclusión: “Del total de mujeres estudiadas, solo un 42% estaban satisfechas con su peso. De aquellas con bajo peso, un 35% manifestaron descontento y de estas, un 69% querían perder peso y solo un 19% habían intentado aumentarlo. Entre las mujeres con IMC adecuado, un 71% indicó no estar conforme con su peso deseando reducirlo un 95%. En el grupo de mujeres con sobrepeso, solo un 13% se mostraron satisfechas y todas las restantes mostraron deseos de adelgazar. El tamaño y volumen de los muslos (28%), caderas (22%), nalgas (20%) y abdomen (19%) eran los que producían mayor descontento. Los métodos más habituales para reducir peso fueron: no comer entre horas (54%), realizar ejercicio físico (53%) y consumir dietas bajas en calorías (33%). Solo un 19% afirmó acudir al especialista. El uso de laxantes (1,5%) y de otros productos de adelgazamiento (3,5%) fue minoritario”.

Efectividad, ¿dietas milagro?

La obsesión por adelgazar de la que hemos hablado antes ha hecho que proliferen las llamadas 'dietas milagro'. Un estudio comparativo sobre las dietas milagro y sus efectos negativos sobre la salud realizado por la doctora María del Carmen Lozano Estevan y el nutricionista Fernando Zaragoza Arnáez y publicado por la Universidad Alfonso X el Sabio de Madrid en el año 2018 concluye que “la única manera posible para conseguir una adecuada nutrición es mediante una dieta equilibrada” y asegura que “no existen atajos y todas las promesas de este tipo de dietas solo llevarán a una inadecuada nutrición”.

Según este estudio, las dietas milagro tienen algunos factores en común: “No existe ningún estudio que demuestre su efectividad, porque aunque la pérdida de peso sí que es evidente, esta no es segura para la salud del individuo. Además, todas ellas, sin excepción, presentan déficit nutricional y muchas de ellas son verdaderamente peligrosas si las mantenemos en el tiempo. El aspecto psicológico y la presión social a la que la población en general se ve sometida condiciona de forma importante la realización de estas dietas. Por otro lado, en España, el desconocimiento nutricional es muy importante. A este aspecto hay que añadir, además, que a la palabra de cualquier personaje público expresada en un medio de comunicación se le da muchísimo más valor que a la de cualquier científico. Solo hay que observar la cantidad de 'expertos en nutrición' que están apareciendo en esta última época”.

"En España la obesidad afecta a un 17,4% de la población adulta y a un 10,3% de la población infantil"

Algunas de las dietas milagro que se ponen de ejemplo en este estudio son, por ejemplo, la 'dieta de la luna' que defiende que las diferentes fases de la luna afectan “al ritmo corporal interno”. Según sus defensores, “uno de los factores que más influye en la pérdida de peso es la capacidad de nuestro organismo de absorber agua y esto está ligado a la fuerza de atracción que ejerce la luna sobre los líquidos y en mayor medida cuando la luna cambia de fase. Es decir, que los líquidos del cuerpo tienden a seguir los ritmos de las mareas, que son provocadas por la influencia de la luna”. Otra dieta es la del calendario, que defiende que “cada día solo se pueden comer alimentos cuyo nombre empieza por una determinada letra”.

A las conclusiones a las que llega este estudio son, en primer lugar, el peligro del desconocimiento que se tiene sobre la nutrición y las dietas; en segundo, la necesidad de contar con la experiencia de un verdadero profesional; y en tercero, la idea de minimizar el uso de productos dietéticos y desconfiar de empresas cuya finalidad es la de vender productos 'nutricionales'.