Después del agua, el té es la bebida más consumida en el mundo (no en España, donde la cerveza, los refrescos y el café le sacan ventaja) y proviene de las hojas de la Camellia sinensis, una planta especialmente común en el sur de China. Sabemos de sus bondades, ya que diferentes estudios confirman sus numerosas propiedades. Así, un trabajo de científicos japoneses e hindúes especializados en Bioquímica y publicado en 'Chinese Medicine' confirma que tiene efectos beneficiosos frente al síndrome metabólico, la obesidad, la diabetes tipo 2, los factores de riesgo cardiovasculares y diferentes tipos de cáncer.

Tiene propiedades antiinflamatorias y protege la salud de las células por su acción antioxidante. Por todo ello, y por su sabor, somos muchos quienes rendimos pleitesía a este bebida. Pero ¿cómo deberíamos prepararla, con agua del grifo o de botella?

"Si bebes té verde por sus propiedades para la salud, utiliza agua de botella", profesor Robin Dando

Pudiera parecer una cuestión baladí, pero no lo es en absoluto. De hecho, en el Departamento de Ciencias de la Alimentación de la Universidad de Cornell, en Nueva York, se han hecho esta pregunta y después de investigar sobre el té verde y el negro acaban de ofrecernos la respuesta en un estudio que ha publicado 'Nutrients'. Según señala el profesor Robin Dando, uno de los autores, "cuando se infusiona en agua embotellada, el té verde contiene el doble del polifenoles 'epigallocatechin gallate' (EGCG), lo que hace que sepa más amargo que el té hecho con agua del grifo". El EGCG, con gran poder antioxidante, tiene también un efecto protector importante frente al cáncer de colon, como mostró un estudio​ elaborado por expertos de diferentes departamentos científicos de la Universidad de Chicago en 2012.

Foto: iStock.
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Conclusión de este nuevo trabajo, como el profesor Dando indica: "Si bebes té verde por sus propiedades para la salud, deberías utilizar agua de botella; y si lo bebes por su sabor, es mejor que uses agua del grifo".

En cuanto al té negro, la cosa es ligeramente distinta, ya que según el análisis realizado por los científicos, muchos de los participantes no hallaron diferencias de sabor entre el elaborado con un tipo de agua u otra, ya que estas son realmente muy sutiles.

Formas de arruinar un buen té

Como señalan los científicos, "un té de la más alta calidad que ha pasado por unos procesos de cuidado delicados y precisos puede verse arruinado en un instante por una preparación inadecuada por parte del consumidor". Los factores que pueden alterar su sabor están tanto en el tiempo de infusionado, como el recipiente, la proporción de té y agua, y la temperatura (recordemos además que tomarlo habitualmente muy caliente aumenta el riesgo de padecer cáncer de esófago)...

Para llevar a cabo esta investigación, utilizaron té verde Zhejiang y té negro Mao Feng, ambos de gran calidad, y los combinaron con agua del grifo y agua embotellada en la misma proporción; el verde infusionó en agua a 80ºC durante tres minutos y el negro en agua a 100ºC durante cinco minutos. Los expertos midieron el EGCG en cada infusión. Así comprobaron que su presencia en el té negro es menor que en el verde (y no mostraba grandes diferencias si el agua era embotellada o del grifo) y que sí hay una gran diferencia entre tomar el té verde con un tipo de agua u otro, ya que la de botella tiene alrededor del doble de EGCG que la del grifo.

Foto: iStock.
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Respecto al sabor, se contó con 103 participantes bebedores habituales de las dos variedades de té sin azúcar ni leche añadida. Rellenaron cuestionarios y tuvieron que evaluar las bebidas, que, si bien en cuanto al té negro no supuso grandes variaciones entre los realizados con un tipo u otro de agua, sí determinaron que el sabor del té verde elaborado con agua embotellada es más amargo y, por tanto, menos agradable al paladar.

El motivo parece estar en los minerales del agua. Según indican los expertos, los minerales presentes en el agua del grifo (como el calcio, el hierro, el magnesio, el sodio y el cobre) son los que hacen que el té verde tenga menor cantidad de EGCG. Como señala Robin Dando, "el agua embotellada, donde se filtra el calcio y el magnesio y donde la concentración de hierro se reduce, es capaz de extraer este polifenol de forma más eficiente. Así, con agua más pura obtenemos el té más beneficioso para nuestra salud".

Una infusión que triunfó desde su origen

Esta bebida llegó hace décadas al mundo occidental para quedarse. De hecho, hoy día en España tomamos casi 9 litros de infusiones por persona al año y entre ellas el té reina. Su aceptación en todas sus preparaciones es tal que cada 10 de junio, es decir, hoy, se celebra el Día Internacional del Té Helado, un refresco natural perfecto para los días de calor que ya tenemos encima.

Foto: iStock.
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Su origen (al menos el que está confirmado) se encuentra en el estado norteamericano de Misuri, más concretamente en la ciudad de Saint Louis, donde se celebró en 1904 una famosísima Exposición Mundial. En ella, el comerciante de té inglés Richard Blechynden presentó su receta de té helado y tuvo un éxito inmediato entre los asistentes, que en nada se extendió por toda la ciudad y de ahí al mundo entero.

"Si se toma con hielo, hay que bajar la temperatura del té cuanto antes para mantener su sabor", David Monzón

El té helado mantiene sus propiedades, es refrescante y ligero (ojo, no le añadamos azúcar). ¿Cómo prepararlo? David Monzón, de Bendita Locura Coffee&Dreams, nos da algunas claves: "Lo más recomendable es calentar el agua y apagar el fuego justo antes de que empiece a hervir; en ese momento se echa la mezcla de plantas, se remueve bien, se tapa y se deja reposar unos minutos (cada producto tiene un periodo específico). Una vez reposada, ya está lista para consumirse".

¿Qué hay del enfriado? Según Monzón, "el té para tomar con hielo se debe bajar de temperatura cuanto antes para mantener su sabor. Por eso, las que elaboramos se preparan al momento, un pelín más fuertes de las que se hacen para consumir calientes porque al añadir hielo pierden parte de su sabor". También es buena idea combinar los tés helados con frutas u hortalizas. Melocotón y limón son clásicos, pero por qué no innovar con coco, piña, arándanos o ruibarbo.