Durante el verano, el sol luce y brilla con intensidad durante todo el día, proporcionando el (esperado) clima ideal para disfrutar de la playa, la piscina, el chiringuito, y también cambiar el blanco nuclear que luce nuestra piel por un tono bronceado mucho más lucido. Sin embargo, cada año los especialistas alertan de los peligros que comporta para la salud de la piel exponerse al sol de manera continuada. La razón estriba en que este astro emite un amplio abanico de radiaciones, entre las que destacan los rayos ultravioleta UVA, UVB, UVC y los infrarrojos, cada uno de los cuales provoca un efecto en la piel, siendo los más peligrosos los rayos UVA y los UVB.

La Asociación Española Contra el Cáncer explica que "el sol tiene una gran importancia para la salud del hombre. Dependiendo de las características de la persona y del tiempo de exposición a sus radiaciones, va a producir sobre el organismo una serie de repercusiones". La parte positiva es que favorece la producción de vitamina D, esencial para la prevención del raquitismo o la metabolización del calcio. Por contra, una exposición al sol inadecuada "produce trastornos que pueden manifestarse a corto o largo plazo, entre los que destacan las quemaduras, la hiperqueratosis -engrosamiento de la piel-, el envejecimiento prematuro de la piel, el cáncer cutáneo o las alteraciones de la pigmentación como pecas, lunares y melasmas. Hoy día se sabe que el número, la frecuencia y la intensidad de las exposiciones solares durante la infancia y la adolescencia es proporcional al riesgo de aparición de cáncer de piel".

No obstante, pese a todo el empeño que pongamos, la radiación solar siempre alcanza la piel y ocasiona daños, tal y como apunta la Academia Española de Dermatología y Venereología. Hay que tener en cuenta que es el órgano más grande de nuestro cuerpo, que además tiene como función ser su guardián, protegiéndolo para mantener en perfecto estado todas sus estructuras. Y tiene memoria, por lo que reclama cuidados especiales para mantenerse sano, como la aplicación de protectores solares o no estar expuesto a los rayos solares durante las horas centrales del día, momento en el que se proyectan con mayor intensidad, causando mayor daño.

Una exposición solar inadecuada provoca quemaduras, cáncer cutáneo y aparición de pecas o lunares

Pero hay un aspecto estrechamente relacionado con su salud que la mayoría pasa por alto: la alimentación. Es decir, si queremos que la piel esté sana y preparada para afrontar las consecuencias ocasionadas por los rayos solares, debemos incluir en nuestra dieta alimentos para que estar en forma internamente. Bajo esta premisa, ¿cuáles son los alimentos que ayudan a tener la piel a punto para exponerse al sol?

Vitamina C.
Vitamina C.

  • Vitamina C. Naranja, pomelo, mango, fresas, papaya, perejil o pimiento rojo son algunos alimentos ricos en este nutriente. Como hemos comentado en otras ocasiones, despunta por su acción antioxidante, previendo la acumulación de radicales libres y luchando contra ellos. Además, interviene en la formación de colágeno, la principal proteína que compone la piel, cuya función es asegurar su firmeza y salud frente a las agresiones externas como los rayos del sol. Sucede que el paso del tiempo y la acción de la radiación ultravioleta conllevan la reducción de la síntesis de este componente, por lo que es necesario estimular su producción, siendo la ingesta de los alimentos citados una de las opciones más naturales.
  • Frutas y vegetales rojos. Contienen un alto contenido en licopeno, un carotenoide con una gran acción antioxidante, el cual resguarda la piel de la agresión provocada por los radicales libres, las quemaduras solares y las manchas. El tomate, mejor maduro, es el que mayor contenido acopia de esta sustancia, pues constituye entre el 80 % y el 90 % de su composición. La sandía, las cerezas o el pomelo rojo también comportan cantidades de lo más interesantes.
  • Frutas y hortalizas naranjas. La papaya, la zanahoria, la calabaza, el mango o los albaricoques forman parte de este grupo alimenticio, sumamente eficaz para el fortalecimiento de la piel frente a la acción de los rayos solares. Atesoran un alto contenido en betacarotenos, que despuntan por su labor antioxidante, por lo que ralentizan el proceso de envejecimiento, mejorando la calidad de la piel, y ayudan a combatir los radicales libres proyectados por el sol. Además, estimulan la producción de melanina, una sustancia responsable de la coloración de la piel, por lo que ayuda a lograr un bronceado saludable y la protección natural frente a la acción del sol.
  • Verduras de hoja verde. Además de vitaminas y minerales, son un dechado de antioxidantes, los cuales cuidan de las células de la piel, evitando el envejecimiento de la mismas, y protegen y reparan la dermis de la acción de los rayos solares. Las espinacas, las endivias, la lechuga, los berros o las acelgas son algunos de los miembros que integran este grupo.
  • . Tanto el negro, como el blanco o el verde atesoran catequinas y polifenoles, sustancias coadyuvantes de la protección de la dermis frente a la acción de los rayos solares, así como de la minimización de los daños.

Té rojo.
Té rojo.

  • Uvas y moras. Estos pequeños frutos contienen resveratrol, un polifenol que, además de contribuir en la reducción del colesterol LDL o 'malo' y prevenir coágulos sanguíneos, impide la oxidación celular, protegiendo al organismo de la agresión de los radicales libres y, por lo tanto, de la aparición de manchas, arrugas o quemaduras.
  • Vitamina E. Tiene una enorme capacidad antioxidante, siendo sumamente relevante para la salud de la piel, lo que la lleva a acaparar un gran protagonismo en el terreno de la cosmética y medicina antiaging. Además, la protege de los efectos nocivos ocasionados por los rayos del sol. Las semillas de girasol, de sésamo o calabaza, los piñones y las hortalizas de hojas verde permiten disponer de dicha vitamina.