Si hay un sector entre la población especialmente preocupado por seguir una alimentación saludable, ese es, sin duda, el que integran las embarazadas. Así, a ellas les están vetadas una importante cantidad de alimentos como las carnes crudas, los quesos elaborados a partir de leche cruda e incluso el jamón serrano si dan negativo en toxoplasmosis. Aunque respecto a este último es cierto que las últimas recomendaciones se han actualizado y aseguran que las gestantes pueden deleitarse con el jamón serrano a partir de unos determinados meses de curación y sin necesidad de congelar previamente las piezas.

No obstante, quizás no estén muy informadas de los peligros del mercurio y de los metales pesados como el cadmio que abundan en ciertas especies de peces como el pez espada o el atún, cuya ingesta puede poner en riesgo el propio desarrollo del embrión. Los posibles efectos del mercurio no son para tomarlos a la ligera.

¿Cómo tomamos mercurio?

"El mercurio lo encontramos principalmente en dos formas químicas, como mercurio inorgánico y como metilmercurio, siendo esta la forma que presenta mayor toxicidad", apuntan en un artículo de la web Cultura Científica, cuya autora es la divulgadora Deborah García. Así, existen casos documentados de intoxicaciones por metilmercurio en el embarazo humano que sucedieron hace años en Japón (1956) e Irak (1971). En concreto, se informó del nacimiento de niños con malformaciones congénitas cuyas madres consumieron comida contaminada con este metal durante la gestación.

Es cierto que fueron casos muy extremos pues también murieron algunos adultos pues en ambos países el envenenamiento se debió a importantes vertidos de mercurio. En el caso de Irak, la población comió por error cereal no destinado al consumo humano que había sido tratado con un fungicida que contenía metilmercurio. El letal despiste ocasionó 650 fallecimientos.

Foto: iStock.
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Por lo tanto, está más que comprobado que el metilmercurio puede causar a los niños de corta edad y a los fetos importantes anomalías en el desarrollo de su sistema nervioso. Así, de su exposición pueden derivar problemas de salud y discapacidad intelectual. Por ello, desde el año 2011 la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) recomienda a las mujeres embarazadas (o con intenciones de estarlo en un breve periodo de tiempo), además de madres que estén dando el pecho y niños menores de tres años, evitar el consumo de ciertas especies de pescado pues concentran una elevada cantidad de este perjudicial metal. Los pescados en el punto de mira son el pez espada (también conocido como emperador), tiburón, atún rojo y lucio.

“En el caso de niños de edades comprendidas entre los 3 y 12 años, la recomendación es limitar su consumo a 50 gramos a la semana o 100 gramos cada dos semanas, de estas especies de pescado”, nos advierten desde AECOSAN.

Cuanto más pequeño, mejor

Debemos tener presente que cuanto más grande sea el pez, mayor acumulación de este metal presentará. Además, una de las características del metilmercurio es que es soluble en la grasa y se acumula principalmente en los peces más grasos como es el pescado azul. "La mayor concentración la encontraremos en las vísceras, las partes más grasas de estos pescados", aclaran en el artículo de Cultura Científica anteriormente citado. Por lo tanto, lo más recomendable es optar por especies más pequeñas como la sardina y el boquerón que suponen todo un filón del preciado omega 3 para las gestantes.

Pero ¿cómo llega este nocivo metal al medio ambiente? Pues son los propios procesos naturales como la actividad volcánica o la erosión de las rocas los responsables de su liberación en la naturaleza. También es cierto que la acción del hombre no está libre de culpa pues una buena parte de estos metales pesados derivan del sector de la industria, la minería o la quema de combustibles fósiles, entre otros.

Foto: iStock.
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No hay que olvidar que el mercurio está presente en infinidad de elementos de nuestra vida cotidiana, como bombillas, baterías y aparatos electrónicos. Incluso hasta hace muy poco también lo encontrábamos en los tradicionales termómetros hasta la entrada en vigor en 2014 de un reglamento de la Comisión Europea que prohibió la venta de estos termómetros. Lo cierto es que al final de su vida útil muchos acababan incorrectamente desechados y ese contaminante desenlace es lo que ha tratado de solventar el organismo europeo.

Cabe destacar que el mercurio es uno de los diez principales productos químicos de mayor preocupación para la salud pública. No en vano, estamos ante una sustancia que se dispersa con facilidad y es capaz de permanecer en los ecosistemas durante décadas afectando a varias generaciones.

¿Y qué pasa con el atún en lata?

Sin duda, el atún de lata es uno de los pescados más fáciles de consumir y es habitual consumirlo en bocadillos o ensaladas. Sin embargo, respecto a esta clase de productos no deben saltarnos las alarmas. En este sentido, en la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) realizaron hace unos años un exhaustivo análisis del atún claro en aceite vegetal en conserva de distintas marcas. La conclusión es tranquilizadora pues los valores de mercurio que se detectaron se sitúan muy por debajo del máximo legal establecido en la Unión Europea, que es de 1 ppm (una parte por millón).

"No hay que olvidar que el mercurio está presente en infinidad de elementos de nuestra vida cotidiana"

"El contenido máximo de mercurio que hemos hallado es de 0,46 de mercurio ppm = 0,00046 mg de mercurio/gramos de atún. Por lo tanto, en una lata de 52 gramos de atún encontramos 0,02392 mg de mercurio = 23,92 µg de mercurio. Con estos resultados, tendríamos que exceder las 10 latas semanales para sobrepasar el máximo recomendado por la Autoridad Europea para la Seguridad de los Alimentos (EFSA)", explican al respecto en la web del citado organismo.

Además, según nos aclaran en la web Cultura Científica, "el bonito del norte y el atún claro, al no ser tan grandes como el atún rojo, entrañan menos riesgo. Ambos son los más frecuentes en las conservas. No hay razón para preocuparse por ellos".

El cadmio, otro metal pesado en el plato

Tampoco deberíamos perder de vista el cadmio. Así, ni las embarazadas ni el resto de mortales deberíamos perseverar en esa costumbre tan española de chupar las cabezas de marisco, pues es ahí donde se concentra este metal pesado. "Aunque su absorción en el aparato digestivo es baja, tiende a acumularse en el organismo, principalmente en el hígado y riñón, durante un tiempo estimado de 10-30 años. El cadmio es tóxico para el riñón, acumulándose principalmente en los túbulos proximales, pudiendo causar disfunción renal. También puede causar desmineralización de los huesos, bien de forma directa o indirectamente como resultado de la disfunción renal", detallan en la web de AECOSAN.

No debemos pasar por alto que el cadmio es un metal pesado que se encuentra en el medioambiente de forma natural en minerales como el cobre o el plomo. De este modo, se puede considerar un subproducto inevitable en las actividades mineras vinculadas a la extracción de estos metales.