Si nos planetamos el escenario en el que alguien tiene peso única y exclusivamente por la cantidad de comida que ingiere, y no por una predisposición especial, por sus genes o por la composición de su microbiota intestinal, tal vez nos resulte extraño pensar que sea capaz de disfrutar más de la comida. Esta teoría se basa en que, cuanta mayor cantidad de algo 'bueno' experimentamos, menos disfrutamos de ello. Es de ahí de donde sale esa corriente de pensamiento que dice que, para poder disfrutar d elos buenos tiempos, hay que pasarlo mal de vez en cuando. Pero, al menos en lo que respecta a la comida, esto no es así.

Esto han descubierto los investigadores Linnea A. Polgreen, Elena M. Segre, Philip M. Polgreen y Aaron C. Miller, de la Universidad de Iowa en Estados Unidos. Como explica la investigadora principal del estudio, la Doctora Linnea A. Polgreen: "La obesidad es un preblema importante de salud pública. Un treinta por ciento de la población estadounidense es obesa, y los problemas de salud vinculados a esta condición aumentan por momentos. Sus causas son variadas, pero las decisiones en el consumo de alimentos juegan un papel importante, sobre todo las relacionadas con el tipo y la cantidad. Los gustos del consumidor pueden provocar el consumo excesivo. Si la gente con obesidad percibe la comida de forma diferente a que los que no sufren esta condición médica, podría ser la clave para entender el sobrepeso y la posibilidad para diseñar nuevas estrategias para prevenir la obesidad".

"Podría explicar por qué la gente obesa consume más comida que aquellos que están en su peso"

Para tratar de determinar si esta hipótesis era correcta, los investigadores realizaron un estudio aleatorizado sobre 290 adultos, de los cuales 161 tenían un índice de masa corporal (IMC) normal, 78 tenían sobrepeso y los restantes 51 sufrían obesidad. El objetivo era medir las percepciones inmediatas del sabor de los alimentos. A los participantes se les ofrecía chocolate en un entorno controlado, y podían comer tanto como quisieran sin que se sintieran incómodos. Consumían entre 2 y 51 onzas de dulce. La mitad de los participantes recibieron información nutricional sobre lo que estaban comiendo antes de realizar la prueba.

Algunas disfrutan más de la comida que otras. (iStock)
Algunas disfrutan más de la comida que otras. (iStock)

Los resultados fueron de los más sorprendentes. Se identificó una fuerte relación entre el sabor de la comida, especialmente el chocolate, y el IMC del sujeto de estudio gracias a los cambios que tenía la percepción del sabor durante la prueba. Los investigadores explican que el placer que nos proporciona la comida disminuye según la vamos comiendo. "El primer bocado sabe mejor que le décimo", explican. Esto se cuempía, en efecto, pero la diferencia está en que las personas obesas y con sobrepeso disfrutaban mucho más del sabor del primer bocado, por lo que, de igual manera, disfrutaban más del décimo, y podían seguir comiendo durante más tiempo. Por poner un ejemplo, las mujeres obesas del estudio necesitaban comer, de media, 12,5 onzas de chocolate para alcanzar los niveles de percepción del sabor de las mujeres con un IMC normal que comían solo 10 onzas.

Esto es de gran relevancia, porque a primera vista podemos suponer que es un incremento bastante bajo y que, por tanto, no tepercutirá de forma significativa en el pero de la persona. Pero no es así, esas minúsculas dos onzas y media de chocolate suponen un incremento en la ingesta energética de 67,5 calorías. "Esta podría ser una de las explicaciones de por qué la gente obesa consume más comida que aquellos que están en su peso", explica el doctor Aaron C. Miller, otro de los autores del estudio.