Las aguas de la Costa Tropical de Granada y, más concretamente las de Motril, cuentan con un invitado de pequeño tamaño pero gran sabor. Su precio va en consonancia con sus dimensiones y es uno de los alimentos más utilizados en la gastronomía de esta región, a pesar de que, culturamente, el inicio de su consumo data de la época de los romanos. Se la suele conocer como la quisquilla de Motril. Una denominación de origen para un ingrediente que nos vuelve a enamorar cada verano.

Lo cierto es que la quisquilla es un crustáceo bastante atemporal. Se puede pescar en cualquier momento del año, pero en invierno es su temporada alta. Se suele pescar con nasas o con redes de arrastre. Necesita aguas marinas con fondo rocoso para desarrollarse y su vida es bastante corta, aproximadamente un año y medio.

Como curiosidad, tal es la importancia de este crustáceo en la gastronomía de Motril, que da nombre a un festival de artistas emergentes de rock de la ciudad: el Quisquilla Rock.

Propiedades organolépticas de la quisquilla

La quisquilla tiene un tamaño pequeño, habitualmente de unos 5 cm. Morfológicamente es idéntica a los camarones, pero tiene diferencias, por lo que no debemos confundirlos. Las distinciones principales incluyen el tamaño (los camarones suelen ser un poco más grandes) y el color que toman al ser cocinados. Mientras que la quisquilla se mantiene blanca o rosada, el camarón evoluciona hacia un color rojizo.

(iStock)
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Las aguas del Mediterráneo dan a sus pescados y mariscos un sabor suave. Su cáscara es blanda, por lo que es habitual que se consuma frita, apartando únicamente la cabeza y la cola. La escasa carne de su interior tiene una textura algo gelatinosa; maximiza su sabor con la sal gorda que se suele utilizar para cocerlas. En crudo no se come la cáscara y, aunque la piel sale fácil, las reducidas dimensiones hacen que pelarla en ocasiones sea complicado.Su olor es el propio de este tipo de producto. Huele a gamba, a mar, a sal y a costa.

Cómo consumir la quisquilla de Motril

La podemos encontrar en los bares y restaurantes con esta denominación de origen o simplemente con el nombre de quisquilla. Es habitual que nos sirvan tapas con ellas. Tendremos en el plato una montañita de quisquillas fritas, aderezadas habitualmente con un poco de col o unas aceitunas, que contrastan bastante en sabor y punto de acidez. También podemos pedirlas como ración, en el modo en el que más nos gusten. Crudas, cocidas con sal o, de nuevo, fritas.

Al contrario de lo que ocurre con los camarones, no es habitual utilizarlas en tortillas o similares, sino que se comen solas o como acompañamiento de otros ingredientes, pero sin cocinarlas junto a ellos.

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Debido a su sabor, la mejor manera de maridar la quisquilla es consumiéndola junto con una bebida suave si queremos potenciar el protagonismo de este ingrediente. No es una buena idea consumirla con vino tinto, refrescos o cerveza. La mejor combinación en la mesa es la de agua o un vino suave tipo manzanilla. Al ser consumida principalmente como entrante o aperitivo, para el plato principal que seguirá a las quisquillas recomendamos continuar con algún producto de mar o con alguna receta típica de la tierra, como las migas con pescado, o una buena ensalada con aguacate, palmito y tomate cherry.

Valor nutricional de la quisquilla

¿Son saludables estos pequeños crustáceos? Mucho, aunque debemos tomar una precaución. Si tenemos colesterol no podemos abusar de ellos, ya que podría subir nuestros niveles. Contiene 130 mg de colesterol. Si las tomamos esporádicamente no ocurrirá nada, pero no conviene introducirlas de forma habitual en nuestra dieta si tenemos este problema. Cuidado con eso.

La quisquilla es rica minerales como el yodo y calcio y además nos proporciona proteínas

Por lo demás, es un alimento muy saludable, para el que tendremos que consumir un buen puñado de quisquillas si queremos aprovechar sus propiedades. Es ideal en caso de que queramos comer rico durante nuestras vacaciones sin comprometer la dieta. La quisquilla es el ejemplo de que se puede comer sano, barato y sin sumar grasas o calorías de más al plato. Su aporte energético es de apenas 75 kcal por cada 100 gramos. Además, contiene una gran cantidad de agua (81 gramos).

Es un alimento rico en proteínas (16.5 gramos) y gracias a él consumiremos minerales como yodo, calcio y fósforo. Sus efectos son muy conocidos: estos micronutrientes tienen beneficios sobre nuestra salud ósea, nuestras capacidades cognitivas y la regulación hormonal. Por ejemplo, en el caso del yodo, su carencia puede provocarnos problemas de tiroides, mientras que la falta de calcio puede acelerar la osteoporosis.

En cuanto a su aporte vitamínico, es bastante anecdótica. La más presente es la vitamina B12 y en una cantidad muy reducida (3 ug). Sí que contiene algo más de folato (14 ug), que nos ayuda a producir ADN y material genético.