El ajo es uno de esos ingredientes fuertemente arraigado de nuestra dieta que, además, no cesa de sorprendernos con nuevos e insospechados beneficios en la salud. Si no te gusta el ajo, ¡qué mala suerte has tenido! No en vano, diversos estudios le otorgan efectos preventivos contra enfermedades tan graves como varios tipos de cáncer, además de favorecer el control arterial y tener gran poder antibiótico, entre otras hazañas. Tanto es así que diversos laboratorios comercializan cápsulas de concentrado de ajo.

Parece que también la cebolla, los puerros y los cebollinos gozan de unas propiedades medicinales muy semejantes, pues en ellos también encontramos la famosa alicina de la que hablaremos inmediatamente.

Su gran fama se pierde en la noche de los tiempos. No en vano, ya Herodoto (siglo V a. de C.) explicaba en su obra "Historiae" que las personas responsables de la construcción de las pirámides eran alimentados en parte con ajos, puesto que se creía que así adquirían vigor.

Su excelente reputación llegó hasta los atletas olímpicos de la Grecia clásica, los legionarios e incluso los gladiadores romanos pues todo ellos masticaban ajos cuando necesitan entonarse para las pruebas atléticas o la lucha.

¿Por qué el ajo es tan portentoso?

Pues parece ser que parte del mérito lo tiene un componente llamado alicina. Así, cuando machacamos un ajo, obtenemos este estimulante del sistema inmunológico, además de potente antioxidante.

(iStock)
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La alicina es uno de los compuestos más interesantes que hallamos en el ajo. Se obtiene cuando picamos el ajo o se tritura. Por ello, cada vez más encontramos empresas que explotan este filón para sus productos. La alicina aporta ese característico olor al ajo y es, al parecer, la responsable de los beneficios que encontramos en este prestigioso bulbo.

Sin embargo, recientemente un nueva evaluación de Nutrimedia, un proyecto del Observatorio de la Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra (OCC-UPF), realizado en colaboración con el Centro Cochrane Iberoamérica y la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), frenó en seco parte de este entusiasmo por el ajo. No en vano, en dicho documento se pone de manifiesto que "no se puede establecer ninguna relación entre la ingesta de ajo y la disminución del riesgo de cáncer".

"Esto se debe a que se derivan de estudios observacionales, lo cual no permite establecer una relación directa entre los beneficios del consumo de ajo y la reducción del riesgo de cáncer. El resultado “incierto” no significa que en un futuro no se pueda concluir que el ajo pueda tener algún efecto protector, lo que indica la evaluación es que faltan estudios rigurosos, que nos ofrezcan una mayor confianza en los hallazgos sobre esta cuestión no se puede establecer ninguna relación entre la ingesta de ajo y la disminución del riesgo de cáncer", podemos leer en la nota de prensa de la Universitat Pompeu Fabra.

Por lo tanto, estos posteriores estudios pueden confirmar el tremendo impacto en la salud del ajo o desmentir esta fama infundada. En cualquier caso, y mientras llegan esos resultados, podemos -por si acaso- incorporarlo a nuestra dieta, aunque no nos guste nada su sabor.

No se puede establecer una relación directa entre los beneficios del consumo de ajo y el riesgo de cáncer

En suma, aquellos que se están perdiendo el ajo porque no es de su agrado y prácticamente dejan de comer en cuanto sus papilas gustativas lo detectan, quizás debieran de hacer un esfuerzo extra. Sabemos que la tarea no es sencilla. Por este motivo, vamos a proporcionarte unas maneras de comerlo sin que nuestro quisquilloso paladar sufra por ello.

Prueba con los ajos tiernos o ajetes

Si no te gusta el ajo, pero no te quieres perder sus beneficios, es posible que puedas hacer al respecto. Así, apunta bien la opción de los ajetes pues resultan tan beneficiosos como los ajos y presentan un sabor más suave. No en vano, se consideran la planta joven del ajo, y nos ofrecen con un sinfín de propiedades y beneficios para nuestra salud. Lo cierto es que desde un punto de vista nutricional no difiere mucho al ajo, aunque dado que presenta más agua, resulta menos concentrado que el ajo. Por lo tanto, los ajos tiernos nos proporcionan pequeñas cantidades de hierro, silicio, azufre, yodo, manganeso selenio y vitaminas B1, B2, B6 y C.

Un gazpacho andaluz

Una manera muy eficaz de comer ajo sin apenas reparar en que lo estamos haciendo es el gazpacho. No en vano, en ese totum revolutum de ingredientes resulta muy fácil colar uno o dos ajos sin que nuestro paladar lo aprecie demasiado. Aprovecha la coyuntura veraniega para preparar gazpacho en abundancia. Te refrescamos la memoria:

(iStock)
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Ingredientes:

  • 1 kilo de tomates maduros
  • 1 pimiento verde
  • 1/2 cebolla.
  • 1 diente de ajo
  • 1pepino
  • 1 pimiento rojo
  • 2 cucharadas de vinagre
  • Agua
  • Aceite de oliva al gusto (unas 2 o 3 cucharadas).
  • Sal

Preparación:

Lo sabes de sobra. Lo trituras todo junto y a disfrutarlo bien fresquito con unos hielos.

Espaguetis con salsa suave de ajo

La pasta es otra de las opciones que tenemos para comer ajo sin enterarnos. Toma nota de todo lo que necesitas:

Ingredientes:

  • Perejil (te ayudará a agregar hierro al plato)
  • 320 gramos de espaguetis
  • Sal
  • 500 gramos de almejas grandes
  • 200 ml de leche entera
  • Aceite de oliva virgen extra
  • 4 dientes de ajo

Preparación:

Hervimos los espaguetis. En una cacerola aparte cocemos en la leche los ajos pelados durante unos minutos. Después los trituramos en una batidora con un poco de leche nueva y un chorro de aceite de oliva. Por otro lado, cocinamos en una sartén tapada las almejas y esperamos a que se abran. Una vez listas, las sacamos de sus conchas y las salteamos en una sartén con aceite y perejil picado. Luego emplatamos de manera muy sencilla. En concreto, hacemos un nido con los espaguetis, las almejas y la emulsión de ajo la vertemos alrededor. ¡A disfrutar de los efectos saludables del ajo sin advertirlo demasiado!